Visitas por países (actualizando)

Flag Counter

Bienvenida

Agradecemos su visita

Este blog ha sido creado para brindar un espacio donde queremos compartir el mensaje de la Palabra de Dios mediante diversas herramientas: texto, audio, video, entre otras.

La Iglesia Cristiana Sión tiene como misión el predicar el evangelio a toda criatura y en todas las naciones. Además, la tarea es hacer discípulos auténticos que sigan a Cristo y reflejen su carácter.

Le invitamos a participar con sus comentarios y opiniones

Mayor informes:

Barrio Robledo Parque - Medellín, Colombia

Alejandro Ocampo -2646825 - 3122958775

Barrio El Playón - Medellín, Colombia

Juan Carlos Sánchez -4619040 - 3136619531

miércoles, 5 de agosto de 2015

El sostenimiento financiero de la iglesia local Parte IX


- El propósito de este estudio no es que el creyente cierre su corazón para servir a otros con sus finanzas o que no apoye el cumplimiento de la Gran Comisión, contribuyendo en una iglesia local y en un ministerio cristiano de buen testimonio. Antes bien, en este material se busca concientizar al pueblo de Dios y a los nuevos creyentes en Cristo para que todos nos unamos a trabajar en la salvación de muchas vidas y en el discipulado integral en la Iglesia del Señor; sin embargo, se debe insistir en que no existe ninguna referencia bíblica que enseñe a un cristiano que debe dar el diezmo de sus ingresos.

El dar en sí mismo es algo maravilloso; especialmente cuando se hace de corazón, voluntariamente y con alegría; no por presión, amenazas o miedo. No estoy contra el principio del dar en absoluto, pero este estudio bíblico se hizo precisamente para derribar los argumentos errados de los que piden y enseñan el diezmo “obligatorio” o “voluntario”, el cual se predica con tanta frecuencia en muchas iglesias.

La palabra “diezmo” significa literalmente “la décima parte” y hoy se utiliza como una ley en muchas iglesias para exigir a los cristianos que den la décima parte de sus ingresos a la iglesia respectiva.

¿Pero es el diezmo una práctica del N.T.? ¿Es realmente algo para cristianos, o es parte del Antiguo Pacto? ¿Realmente hay una ley vigente que declara que todos los cristianos tienen que dar el diez por ciento de sus ingresos? ¿No se supone que seamos “dadores alegres”, simplemente dando lo que Dios pone en nuestros corazones?

Si usted lee todo el N.T. (a conciencia y de forma sistemática) estará sorprendido al enterarse de cuán pocas veces se menciona la palabra diezmo o diezmar en el N.T. De hecho, no existe ninguna referencia bíblica que enseñe a un cristiano que debe dar el diezmo.

En todo el N.T. no se afirma que el diezmo sea aplicable a los cristianos. Es más, en el libro entero de Hechos (una historia de los primeros 30 años de la iglesia cristiana del N.T.), no se menciona el diezmo NI UNA SOLA VEZ. En resumen, tenemos una multitud de ejemplos de personas que dieron dinero “de corazón” pero NO SE MENCIONA el diezmo de un solo cristiano convertido. Además, ni siquiera se menciona que Jesús o los apóstoles lo dieran, lo enseñaran o lo pidieran. ¿No es esto suficiente para concluir que el diezmo ya no está vigente en el N.T. ni en la Iglesia de Cristo?

- En Hch. 15 encontramos a la iglesia de Jerusalén discutiendo acerca de cómo la Ley se relacionaba con los nuevos creyentes gentiles. Esto fue cerca de 20 años después de la resurrección de Cristo y los creyentes judíos en Jerusalén aún estaban profundamente arraigados con la mentalidad del Antiguo Pacto. Después de mucha deliberación, Santiago concluyó y dijo que a los gentiles no se les debía exigir todos los aspectos de la Ley que los creyentes judíos aún guardaban. El Espíritu Santo dio testimonio de la necesidad de ponerse de acuerdo y los líderes de la iglesia en Jerusalén concluyeron que ellos darían a los creyentes gentiles solo cuatro instrucciones: abstenerse de comida ofrecida a los ídolos, no beber sangre, no comer nada que haya sido ahogado (estrangulado), y no practicar fornicación. Esta fue la suma total de sus instrucciones a los gentiles en ese momento; sin embargo, después Pablo aclara en 1 Cor. 6, 8 y 10 que consumir comida sacrificada a los ídolos no es un problema en sí mismo pero da unas recomendaciones para no afectar la conciencia de los débiles en la fe.

Si diezmar hubiese sido un principio divino vigente en el Nuevo Pacto, los líderes de la iglesia de Jerusalén (y las cartas del N.T.) ciertamente lo hubieran mencionado. Esta era una oportunidad perfecta para comunicar las más grandes verdades del Nuevo Pacto a los creyentes gentiles. Si bien la iglesia en Jerusalén aún estaba elaborando el cambio de Antiguo Pacto al Nuevo Pacto y le costaba entender algunos aspectos de la vida cristiana, con todo, el concepto de diezmar no fue parte de sus instrucciones a los nuevos creyentes gentiles. En este contexto, Dios levanta a un hombre llamado Pablo para dar revelación por el Espíritu Santo en sus escritos, acerca de muchos temas que eran motivo de conflicto en la iglesia del primer siglo pero ni siquiera Pablo menciona la palabra diezmos.

Recordemos lo que dijo Jesús: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:26).

Si el diezmo era un principio vigente para el Nuevo Pacto es muy extraño que el Espíritu Santo no hubiese utilizado a ningún escritor del N.T. para ratificar este punto; antes bien, hay un silencio significativo y contundente al respecto porque no hay instrucciones precisas de parte de Dios en el N.T. Exceptuando los evangelios y la cita de Heb. 7 (que será estudiada más adelante), ninguno de los escritores de las N.T. menciona los diezmos… ni como enseñanza para cristianos ni como práctica en las iglesias.

Notemos que la iglesia en Jerusalén (compuesta por una mayoría de judíos) eximió a los gentiles de guardar la Ley, pero fallaron en darse cuenta que ellos tampoco la tenían que guardar. Su fe en Jesús estaba mezclada con una mentalidad equivocada acerca de la Ley; por esta razón, fueron inspiradas por el Espíritu Santo las cartas del N.T. a las iglesias.

La mente carnal no puede comprender el Nuevo Pacto. Solo el Espíritu Santo puede renovar la mente y eso fue lo que Dios quiso hacer a través de las cartas de Pablo pero aún hoy, muchos siguen con una mentalidad de Antiguo Pacto y malinterpretan las Escrituras ya que no toman el tiempo necesario para investigar, analizar y evaluar todas las referencias bíblicas sobre el diezmo y lo peor es que la mayoría de cristianos (y sobre todo, muchos pastores y predicadores) se conforman con repetir lo que otro dijo o toman literalmente muchas citas bíblicas sobre el diezmo (sin hacer una exégesis correcta del texto) y así enseñan en sus iglesias.

- Otra cita que se usa de forma equivocada para tratar de enseñar la práctica del diezmo es la siguiente:

“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22:21).

En Mt. 22:15-22, Jesús se enfrenta a una “pregunta engañosa” de los fariseos respecto al pago de impuestos de parte de los discípulos. Él responde diciéndoles que es necesario dar al César lo que es del César y dar a Dios lo que es de Dios. Lo de César eran impuestos (dinero), por lo que los cristianos deben pagar sus impuestos, pero algunos toman esta cita para decir que a Dios hay que darle los diezmos (en dinero) porque le pertenecen. Sin embargo, ¿la frase “lo que es de Dios” se refiere al diezmo?

En este pasaje, el contexto deja claro que se trata de la prioridad de Dios: la obediencia a su perfecta voluntad; éste fue el mensaje que el Padre le dio al Hijo; por ende, darle a Dios lo que es Dios no aplica a diezmos, dinero, ofrendas o cuestiones materiales.

En síntesis, el punto principal que Jesús expone es el siguiente: los creyentes fieles al Señor respetan las leyes humanas de un gobierno y se someten a las autoridades, pagando los impuestos correspondientes al lugar en donde viven pero las leyes de Dios están por encima de todo y debemos respetar siempre a la máxima autoridad del universo que es Dios.

Muchos dicen: el diezmo es de Dios y si no lo pagas eres un ladrón porque no puedes tomar lo que no te pertenece; quédate con el 90% y dale a Dios el 10% porque no es tuyo; sin embargo, recordemos que el diezmo que Dios exigió al pueblo de Israel era de Dios porque era el diezmo de los productos de la tierra y el ganado en la tierra prometida que él les concedió (Lv. 27:30) y esto se ha explicado ampliamente, pero en el N.T. Dios no pide ni exige diezmos a los cristianos porque no existe ninguna evidencia de ello; por tanto, decir que los diezmos de los cristianos le pertenecen a Dios es anti bíblico y es falso. Mas bien, lo que el N.T. manifiesta es que el 100% de lo que Dios nos da le pertenece a él y nosotros somos simplemente administradores de lo que tenemos; por eso, nuestra vida es de él, nuestro dinero es de él y solo él debe guiarnos por su palabra para hacer su voluntad; nadie tiene la autoridad para decirnos cuánto dar, cada cuánto debemos dar o a quién darlo; además, en el N.T., como cristianos somos llamados a ofrendar con alegría y generosidad, y no a diezmar. Quien enseñe lo contrario, tendrá que demostrarlo con las Escrituras y no con argumentos humanos. Además, no hay levitas ni sacerdotes judíos que reciban el diezmo ni estamos en Israel para cumplir con las exigencias bíblicas del diezmo en la Ley.

- Otro pasaje del N.T. que menciona el diezmo está en el libro de Hebreos pero es una cita del diezmo de Abraham a Melquisedec y no ofrece ninguna aplicación para la Iglesia de Cristo; aunque este punto ya fue tratado con detalle cuando se habló del diezmo antes de la Ley, debemos revisar lo que el N.T. tiene que decir al respecto.

Según Hebreos capítulo 7, Melquisedec es una representación de Cristo pero se cree erróneamente que los cristianos tenemos que seguir el ejemplo de Abraham y dar los diezmos para Cristo.

Es importante tener en cuenta el argumento literario de Hebreos en su conjunto, y este pasaje en particular. Toda la carta a los Hebreos está, básicamente, argumentando que el sacrificio de Jesús es superior a los sacrificios del Antiguo Pacto; por lo tanto, con esta carta se alentó a los judíos a no dar marcha atrás a sus antiguas formas y a honrar a Cristo por encima de la ley mosaica.

El autor de Hebreos está probando que Jesús es un sumo sacerdote superior y que Jesús estaba en el orden de Melquisedec, y no en el de Aarón o el de los levitas; además, señala muchos aspectos del A.T. para demostrar la grandeza del sacrificio de Jesús y la superioridad del sumo sacerdocio de Jesús sobre el sacerdocio de Aarón. Luego, el autor señala que el sacerdocio de Melquisedec era superior al sacerdocio levítico y esto lo encontramos en el segmento donde se habla de los diezmos de Abraham (Heb. 7:1-10). Las pruebas de esta afirmación son las siguientes:
a) Melquisedec es mayor que Abraham porque recibió los diezmos de él; puesto que Leví y Aarón fueron descendientes de Abraham, se ha demostrado la superioridad de Melquisedec sobre ellos.
b) Melquisedec bendijo a Abraham, y el mayor siempre bendice al menor.
c) Los sacerdotes levitas comenzaban su servicio en el Templo a cierta edad y entonces dejarían de servir porque cumplirían un periodo estipulado por la Ley y luego, finalmente morirían. Israel pagó diezmos a los sacerdotes que iban a morir, pero Abraham pagó sus diezmos a un sacerdote que se dice que vive: Melquisedec (v. 8). Aquí es cuando algunos consideran que Melquisedec es una manifestación de Cristo antes de la Ley.

Ahora bien, ¿debemos seguir el ejemplo de Abraham en cuanto a los diezmos? En primer lugar, el diezmo de Abraham era voluntario, no obligatorio ni según la Ley de Moisés. La Escritura nunca declara que a él se le ordenó darlo. En segundo lugar, el diezmo se da como un acto de gratitud a Dios por su victoria en la guerra. Esto es muy diferente del concepto del diezmo en la ley mosaica. Por último, el autor de Hebreos no estaba tratando de argumentar a favor de la continuación de la práctica del diezmo en este pasaje. El tema de la continuidad o cese del diezmo es totalmente irrelevante para los propósitos teológicos del autor en Hebreos. La referencia al diezmo en Hebreos 7 es ilustrativa y no prescriptiva; es decir, es una mención a un hecho histórico narrado en el libro de Génesis pero no es un mandamiento que podamos aplicar a los creyentes del Nuevo Pacto. Además, está muy claro en el v. 5 que los llamados a diezmar eran los creyentes del Antiguo Pacto (los judíos) y que los llamados a recibir el diezmo del pueblo judío eran los levitas (el diezmo levítico). Como ya se estudió antes, éste es el primer tipo de diezmo pero existían otros 3 tipos de diezmos que Dios constituyó en la ley mosaica pero que el libro de Hebreos no los menciona para este caso.

“Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham” (Heb. 7:5).

En resumen, este pasaje de la Escritura no tiene nada que ver con diezmar en el Nuevo Pacto. Además, el libro de Hebreos proclama la superioridad del Nuevo Pacto. Dice que tenemos una mejor esperanza, un mejor pacto, una mejor promesa, un mejor sacrificio, una mejor patria, una mejor resurrección y un mejor resultado de la fe. Igualmente, en este libro se demuestra que Jesús tiene mejor nombre y mejor sangre, y que ahora tenemos una mejor purificación de los pecados, una mejor conciencia, y una mejor relación con Dios, entrando al Lugar Santísimo a través de Cristo.

Cuando el escritor de Hebreos expone el caso de Melquisedec y lo pone por encima de Abraham, su argumento se basa en el hecho de que Abraham le dio los diezmos a Melquisedec. ¿Cómo hace ese diezmo a Melquisedec más grande que cualquier otro sacerdote del Antiguo Pacto?

* Cuando Abraham da el diezmo a Melquisedec, todos los descendientes no nacidos de Abraham se encontraban en sus lomos; lo que significa que la tribu de Leví del Antiguo Pacto estaba en sus lomos; entonces, todos los levitas del Antiguo Pacto estaban allí, pagando el diezmo a Melquisedec, de forma figurativa.
* Cuando Abraham recibió las bendiciones de Melquisedec, los levitas del Antiguo Pacto también estaban recibiendo las bendiciones de Melquisedec; por eso, debido a que el que recibió los diezmos y dio las bendiciones es mayor que el que dio el diezmo y recibió las bendiciones, Melquisedec es mayor que los levitas del Antiguo Pacto.
* Debido a que se demuestra que Melquisedec es mayor que los levitas del Antiguo Pacto, eso prueba que Jesús es también mayor porque es Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos (Heb. 8:1). Este versículo aclara el propósito del escritor de traer a la memoria el asunto del diezmo de Abraham a Melquisedec pero su objetivo era demostrar que tenemos un mayor Sumo Sacerdote; él no estaba enseñando ni ratificando el diezmo a la Iglesia, ya sea directa o indirectamente.

Es cierto que Jesús es un mejor Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec y Melquisedec recibió los diezmos de Abraham. De todos modos, tenemos una relación completamente diferente y mucho mejor con Jesucristo que la que Abraham tuvo con Melquisedec. Este punto nos muestra una forma de vida totalmente diferente que la que fue apropiada para Abraham.

* El diezmo que Abraham dio a Melquisedec es también diferente al diezmo que se enseña de forma errónea en muchas iglesias hoy en día porque fue único y no hay un registro bíblico de que hubo 2 o más diezmos, mientras que en muchos lugares se enseña que la gente debe diezmar de forma periódica y durante toda su vida en una iglesia, pero esta enseñanza es errónea.
* El diezmo de Abraham no fue la base de su bendición financiera; éste fue dado después que Abraham ya fuera inmensamente rico.
* El diezmo de Abraham no fue la base para obtener respuestas a sus oraciones.
* El diezmo de Abraham no fue un requisito o sugerencia como parte de su pacto con Dios.
* El diezmo de Abraham no fue algo que él tuvo que hacer para evitar la maldición o para probar la fidelidad de Dios para dar bendición material.
* El diezmo de Abraham provino de algo que él ni siquiera iba a guardar porque el botín de guerra se lo pensaba entregar al rey de Sodoma y así lo hizo luego.

El dar del Nuevo Pacto está basado en un modelo espiritual diferente al de Abraham. Considere la relación de Abraham con Dios y compárela con nuestra relación con Dios a través de Cristo:

* Abraham no fue redimido por la sangre de Cristo. Los pecados de Abraham no fueron remitidos (totalmente perdonados y limpiados); ellos solo fueron temporalmente cubiertos y pasados por alto.
* La vieja naturaleza de Abraham no fue crucificada con Cristo y él no nació de nuevo, no fue regenerado espiritualmente, recibiendo la naturaleza de Dios en él.
* Abraham no tenía al Espíritu Santo morando en él como guía.
* Abraham no fue librado del poder de las tinieblas y trasladado al reino del Hijo de Dios.
* Abraham no fue vivificado con Cristo, resucitado con él, y sentado con él a la diestra del Padre.
* Abraham no fue bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.
* Abraham no fue coheredero de todas las cosas a través de la unión espiritual con el Cristo resucitado.
* Abraham no pudo crecer en la estatura en Cristo.

Los cristianos que insisten en seguir el modelo del diezmo de Abraham no han visto la realidad de vivir en Cristo como hijos de Dios en cuanto a las finanzas. Podemos aprender algunas cosas de la fe de Abraham, pero el resucitado Señor Jesucristo es el único y verdadero modelo de vida y de relación con Dios para todo cristiano nacido de nuevo. Pablo dijo en 1 Cor. 11:1: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. Pablo seguía al Cristo resucitado, y si Cristo no enseñó ni pidió ni pagó diezmos ni estableció una norma acerca de esto para los creyentes del Nuevo Pacto, ¿quién soy yo para hacerlo? 

lunes, 3 de agosto de 2015

El sostenimiento financiero de la iglesia local Parte VIII


b. ¿Cómo fue el sostenimiento financiero del ministerio de Cristo y de la iglesia del primer siglo en el N.T.?

Mientras que el A.T. no contiene ningún argumento convincente que demuestre que el diezmo continúa en el Nuevo Pacto, los defensores del diezmo plantean diversos argumentos y usan versículos fuera de contexto en el N.T.

Debemos reconocer que el N.T. es la autoridad final para la fe y la práctica de los cristianos; por ende, si el N.T. contiene un mandato para los cristianos de dar el diezmo, entonces los cristianos deben diezmar pero si no lo tiene, entonces la conclusión final debe ser que el diezmo ya no aplica para la Iglesia de Cristo y si alguien lo quiere aplicar mediante argumentos humanos (no bíblicos) está malinterpretando las Escrituras.

Así pues, solo podemos tener dos posiciones: o estamos a favor del diezmo en el Nuevo Pacto (sea voluntario u obligatorio) o estamos en contra del diezmo en el Nuevo Pacto.

En este capítulo miraremos si el Señor Jesucristo, los apóstoles o la iglesia del N.T. ratifican el diezmo o si nos muestran algo diferente con respecto al sostenimiento financiero de la Iglesia y de los ministerios que él llama.

Para lograr este objetivo se exponen los siguientes tópicos:

- No hay un solo pasaje del N.T. que confirme si el mismo Señor Jesucristo recibió el diezmo; además, si vamos a la Ley de Moisés y a la genealogía de Cristo, a él no le correspondía porque no era de la tribu de Leví sino de la tribu de Judá.

“Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio” (Heb. 7:14).

Lo mismo podríamos decir de los apóstoles y de todas las iglesias que se mencionan en el N.T.; ninguno de los apóstoles, predicadores, pastores o ministros del N.T. enseñó ni cobró el diezmo porque no eran levitas ni estaban autorizados para ello; por estos motivos, el diezmo no aplica para la Iglesia sino exclusivamente para el pueblo de Israel, según el Antiguo Pacto. 

- Los defensores del diezmo pueden decir: “Jesús nunca fue acusado de no dar el diezmo que se estableció en la Ley de Moisés. Los fariseos resistían comer con un transgresor de la Ley, incluyendo a alguien que no diezmara. Dado que los fariseos comieron con Jesús, esto demuestra que él no transgredía la ley del diezmo. Puesto que Jesús diezmó, así también deben hacer los cristianos”.

Esta es una deducción llena de especulación e imaginación humana pero no tiene ningún respaldo bíblico. Es cierto que Jesús nunca fue acusado de ser un transgresor de la Ley en lo que se refiere a los diezmos; sin embargo, algunos aspectos de la definición del diezmo bajo la ley mosaica se deben recordar: primero, el diezmo completo era del 23% al año, y en segundo lugar, solo se diezmaba de los cultivos en Israel y del ganado. Entonces, si Jesús diezmó, es necesario recordar que pagó cerca del 23% y no el 10%. Si este argumento es válido, entonces los cristianos de hoy también deben pagar el 23% cada año, y no solo el 10%.

Si estudiamos bien la Biblia, Jesús solo estaría obligado a pagar el diezmo de las cosechas y el ganado pero ¿cuál era la profesión de Jesús? Jesús era un carpintero (o constructor), quien trabajó con madera y con otros materiales. La Biblia no dice si él trabajó en la agricultura, con cultivos o ganado pero sí nos muestra su oficio. Por lo tanto, basándonos exclusivamente en lo que dice la Biblia y no es suposiciones ficticias, cualquier ingreso que Jesús recibió de este trabajo no estaría sujeto al diezmo. En la Ley, varias profesiones y varios tipos de personas no tenían que pagar el diezmo de sus ingresos, incluidos los artesanos, los pescadores, los comerciantes, los sacerdotes y los pobres (que no poseían tierras ni animales), porque en la Ley estaban exentos de diezmos.

En síntesis, los fariseos habrían comido con alguien de la profesión de Jesús sin tener que preocuparse acerca de su práctica del diezmo ya que normalmente no habría participado del diezmo por su profesión. En otras palabras, la ausencia de una acusación escrita en el N.T. contra Jesús en cuanto a pagar diezmos es irrelevante e innecesaria para especular acerca del tema.

Por otra parte, la profesión de varios de los discípulos de Jesús también estaba excluida de los diezmos porque algunos eran pescadores y tenían diversas profesiones; si solo se dedicaron a la pesca, al recaudo de impuestos o a otros oficios aparte de la agricultura y la ganadería, entonces tenemos que asegurar por la Biblia que tampoco pagaban diezmos porque la Ley así lo define. Es más, no hay un solo versículo del N.T. que evidencie que al menos uno de los discípulos diezmara.

- La declaración que el diezmo sigue vigente “después de la Ley” no es cierta ni está basada en una interpretación acertada de la Biblia. Parte del error viene por no considerar cuándo terminó el Antiguo Pacto y cuando empezó el Nuevo Pacto. Cuando Cristo se refirió al diezmo, la Ley todavía estaba en efecto. No terminó hasta que él murió en la cruz. Jesús vivió durante la Ley y hablaba al pueblo que estaba bajo la Ley.

En cuanto al diezmo, la Biblia muestra tres versículos en los que Jesús mencionó este tema en el N.T. pero siempre están relacionados con los judíos y con la ley mosaica (nunca están relacionados con sus discípulos o con la Iglesia) y esto será probado ampliamente a continuación.

Miremos primero dos de estas citas bíblicas (aunque realmente son dos relatos del mismo suceso)

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mt. 23:23).

“Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello” (Lc. 11:42). 

Note a quiénes habló Jesús. El habló a JUDÍOS SUJETOS A LA LEY que estaban todavía bajo el ANTIGUO PACTO (porque el Nuevo Pacto no empezó hasta que Jesús murió y resucitó). Entonces lo que Jesús dijo fue correcto para ellos, pero no aplica para la Iglesia de Cristo (ni en el primer siglo ni en ninguna otra época).

Los promotores del diezmo toman la frase: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”  pero ni siquiera este pasaje permite una aplicación a los cristianos del Nuevo Pacto.

En estos dos relatos de la Biblia, Jesús reconoció que los fariseos diezmaban porque debían hacerlo como judíos en el contexto de la Ley. El describió cómo ellos diezmaban hasta la más mínima cantidad de sus hierbas (u hortalizas), pero les reprendió por descuidar lo más importante de la Ley: la justicia y el amor de Dios. El no estaba enseñando la importancia del diezmar para los cristianos; él estaba condenando la corrupción de un corazón que se olvida de las prioridades de Dios y que se justifica con orgullo por sus actos.

La TERCERA mención de Jesús sobre el diezmo está en Lc. 18:9-14, donde habló acerca del fariseo que diezmaba. Nuevamente, él estaba reprendiendo al fariseo por el orgullo que mostraba en sus diezmos pero elogió el arrepentimiento sincero del publicano (recaudador de impuestos). Uno de los pecados del fariseo era vanagloriarse de sus diezmos y uno de los pecados del publicano era usar mal el dinero con el que trabajaba (porque los publicanos tenían fama de ladrones y corruptos). La diferencia es que el publicano estaba arrepentido de corazón y se humilló ante Dios, mientras que el fariseo se creía justo y no se arrepintió. Por eso Cristo alabó el acto del publicano pero rechazó la hipocresía del fariseo.

Ahora bien, este pasaje también ha sido usado de forma equivocada para insistir en la práctica del diezmo. Veamos que el fariseo ora y dice “doy diezmos de todo lo que gano” (Lc. 18:12). A pesar de que ésta es una parábola (v. 9), demuestra que algunos judíos no solo diezmaban de los productos de la tierra, sino a partir de cualquier fuente de ingresos que tenían. Por lo tanto, los que están a favor del diezmo para los cristianos dicen que esto es aplicable a la Iglesia y por eso cada creyente debe dar el diezmo de todos sus ingresos.

El fariseo ciertamente declaró que diezmaba de todo lo que ganaba; sin embargo, en este punto hay que prestar cuidadosa atención al contexto literario e histórico.

En el CONTEXTO LITERARIO, el fariseo también declaró que ayunaba dos veces por semana. El ayuno judío que demandaba la Ley era 1 vez al año en el día de la expiación, según Lv. 16:29-31. No había nada de malo con ayunar más a menudo que esto (si se hacía con buenas intenciones), pero el ayuno con más frecuencia no fue requerido por la Ley sino que fue voluntario. Así que el fariseo estaba vanagloriándose de su supuesta devoción por Dios, haciendo gala de sus continuos ayunos, lo cual es incorrecto y desagradable a los ojos de Cristo, quien siempre enseñó a no hacer alarde de nuestras obras para que nos reconozcan o nos alaben.

Cuando aplicamos este mismo parámetro al diezmo, el paralelo es evidente. Los judíos solo estaban obligados a diezmar a partir del fruto de la tierra y el ganado, pero este fariseo fue más allá de eso, lo cual debería hacerse como ofrenda voluntaria y no como diezmo; el hecho de llamarlo diezmo revela que el fariseo tenía la intención de ser exaltado por su esfuerzo aún más allá del mandamiento de Dios y esto deja mucho que desear.

¿Por qué no llamar este aporte como Dios lo llama, es decir, ofrenda voluntaria, si la Ley de Moisés no había demandado un 10% de todos los ingresos sino solo de los productos de la tierra y del ganado?

Lc. 11:42 también presenta a los fariseos preocupándose por los pequeños detalles ya que diezmaban hasta de las hortalizas (las plantas más pequeñas) pero es obvio que lo hacían para aparentar espiritualidad y mostrarse justos a los ojos de los hombres. El problema es que, mientras ellos estaban demasiado preocupados por las cosas pequeñas, eran indiferentes a las cosas más importantes que la Ley de Dios también enseñaba: el amor al prójimo, el arrepentimiento y la humildad (esto es algo que los fariseos antiguos y los modernos no quieren entender y no se dejan corregir por la Palabra de Dios).

Pero ¿por qué el fariseo daba el diezmo de todo lo que adquirió según Lc. 18? Aquí es donde el CONTEXTO HISTÓRICO se vuelve importante.

Hay una explicación interesante sobre el sentido de la expresión del fariseo “doy diezmos de todo lo que gano”. En la Mishná judío hay un tratado llamado Demai. La Mishná es un cuerpo exegético de leyes judías compiladas, que recoge y consolida la tradición oral judía desarrollada durante siglos desde los tiempos de la Torá o ley escrita, y hasta su codificación a manos del rabino Yehudá Hanasí, hacia finales del siglo II.

El texto judío Demai (que no es inspirado por Dios sino que recoge tradición histórica judía) explica que cuando los judíos no estaban seguros acerca de si algo debía darse o no ó necesitaba ser adquirido para ser diezmado, las leyes de Demai les decían que “diezmaran” un uno por ciento. Por lo tanto, cuando el fariseo dice que él pagaba el diezmo de todo lo que él ganaba, él está declarando su obediencia a las reglas del Demai. Si esta descripción es real, entonces la falta del fariseo consistía en seguir las tradiciones de los hombres por encima de las leyes de Dios. Estas tradiciones reflejan egoísmo, tacañería, mezquindad y falta de generosidad para ofrendar y diezmar en el contexto de la ley mosaica; además, lo que Dios mandó en la Ley no es valorado ni obedecido por los fariseos; ellos prefieren seguir mandamientos de hombres y no la perfecta voluntad de Dios.

Sea lo que fuere, las declaraciones que hizo Jesús sobre el diezmo no se deben tomar como instrucciones a la Iglesia para la vida cristiana del Nuevo Pacto porque estaríamos forzando las Escrituras a decir lo que realmente no dicen.

Muchos argumentan que en estos tres pasajes de los evangelios, las palabras de Jesús están dirigidas a todos los creyentes pero el contexto es claro; cuando Jesús habla a los escribas y fariseos con relación al diezmo, se está refiriendo al pueblo judío que todavía diezmaba según el mandamiento de la ley mosaica. Para Jesús (como judío) el diezmo era parte de las leyes de Dios para la nación de Israel y los escribas y fariseos obedecían a Dios en este sentido (aunque tenían intenciones equivocadas), pero el hecho de que Jesús exprese estas palabras, no da pie para afirmar que él está dando un mandamiento para la Iglesia en el Nuevo Pacto.

¿Qué se puede esperar que Jesús dijera en este momento: "Manténganse diezmando durante un año o dos, pero pronto voy a morir en la cruz y el paradigma para ofrendar a Dios va a cambiar”?

- Otro argumento que se expone a partir de estos tres pasajes es que Jesús literalmente no rechaza el diezmo; según este pensamiento, si Jesús no lo anula, entonces lo confirma; no obstante, esta deducción es falsa porque tampoco lo aplica para los creyentes que están bajo la gracia ni el N.T. evidencia esta idea especulativa.

Por ejemplo, si estudiamos bien las palabras de Jesús en Mt. 23:23, esto no implica que el diezmo sea un mandato para los cristianos, sino que simplemente, mientras el pacto mosaico siguiese en vigor (hasta el momento de la muerte y resurrección de Jesús), todo ello debía ser obedecido por el pueblo judío para el sostenimiento del templo, para los levitas y para los sacerdotes judíos.

Jesús conocía la Ley de Moisés perfectamente y sabía que los judíos no diezmaban de sus ingresos sino de los productos de la tierra y del ganado; en el caso de los fariseos claramente Jesús está confirmando la necesidad de seguir la Ley al diezmar productos de la tierra; sin embargo, él no enseñó el diezmo de ingresos o de dinero ni aprobó la frase del fariseo “doy diezmos de todo lo que gano” (Lc. 18:12) ni dijo que esto era necesario hacer como en el pasaje de Mt. 23:23; por tanto, si tomamos los 3 pasajes mencionados antes para decir que los cristianos deben pagar el diezmo de todos sus ingresos porque Jesús habló del tema, estamos ignorando la Ley de Moisés y qué tipo de diezmo se requería de los judíos, pero obviamente Jesús conocía las Escrituras mucho mejor que nosotros y jamás pidió diezmos ni enseñó a los discípulos a diezmar bajo la gracia y bajo el Nuevo Pacto.

- En el tiempo de Jesús, los judíos pagaban sus diezmos en especies en el templo de Jerusalén para que no faltara la comida allí para levitas y sacerdotes llamados según la Ley de Moisés pero el Señor Jesús sabía perfectamente que ese templo pronto sería destruido.

La Biblia muestra que generalmente el salario de un día de trabajo era de un denario (Mt. 20:2). Si ganaban treinta denarios al mes ¿por qué no pagaban tres denarios por el diezmo mensual en el templo? Sin embargo, hasta en los días del ministerio terrenal del Señor Jesucristo, el diezmo se entregaba en especie y no en dinero.

Jesús reprende a los escribas y a los fariseos (que son israelitas y no cristianos), para reprocharles su hipocresía de preocuparse del diezmo por encima de la justicia y del amor de Dios.

Esto suena muy familiar, ¿verdad? Hoy en día muchos se preocupan más por dar un diezmo que por practicar la justicia y el amor de Dios. Y peor aún, muchos predicadores se preocupan más por el diezmo de la gente que por practicar la justicia y el amor de Dios para instruir a los creyentes en la verdad divina con una vida de buen testimonio y ejemplo.

Con esto en mente, saque sus propias conclusiones. 

domingo, 2 de agosto de 2015

El sostenimiento financiero de la iglesia local Parte VII


- Los botines de guerra tampoco fueron incluidos en el diezmo de la Ley. En Números 31 los hijos de Israel pelearon con los Madianitas, y el Señor dio a Moisés instrucciones especiales acerca del botín que habían tomado. Si el diezmar era un principio universal y eterno en el reino de Dios, entonces no se hubiera necesitado ninguna instrucción especial para este tipo de incrementos financieros. En vez de eso, al pueblo simplemente se le hubiera dicho que trajera el diezmo, pero Dios les dijo que hicieran algo muy diferente. En cuanto al botín de guerra en el libro de Números, había cuatro categorías que debían ser divididas de cierta manera: ovejas, ganado, asnos, y mujeres vírgenes, pero el botín del oro y las joyas no fueron incluidos en las ofrendas ordenadas.

Todo el botín de las primeras cuatro categorías fueron divididos por la mitad. La mitad fue para los hombres que fueron a la batalla, y la otra mitad al resto de la congregación. De la mitad que correspondía a los guerreros, una parte de quinientas (1/500) fue dada a Eleazar el sacerdote para la ofrenda mecida al Señor. De la mitad que correspondía a la congregación, una parte de cincuenta (1/50) fue dada a los levitas. Así que el sumo sacerdote obtuvo un décimo del 1 por ciento del total del botín y los levitas obtuvieron el 1 por ciento del total del botín. Estas fueron instrucciones especiales del Señor y no tienen nada que ver con el 10%.

Los hombres que pelearon en la batalla estuvieron agradecidos de que ningún israelita haya perdido la vida; así que también trajeron una ofrenda voluntaria al Señor de joyas, oro, brazaletes, anillos, aros, y ornamentos. No hubo ningún porcentaje o cantidad. De todo lo requerido y de lo que fue voluntariamente ofrecido del botín de esta batalla, nada fue incluido en la Ley en relación con el diezmo. Este pasaje de la Escritura es una confirmación extra de que el diezmo no es un principio universal y eterno en el reino de Dios, y que antes de la Ley, Abraham no estaba siguiendo algún principio no escrito cuando dio el diezmo del botín a Melquisedec.

- Aparte de los 4 tipos de diezmos establecidos por Dios en la Ley, encontramos las ofrendas instituidas en la Ley.

Recordemos que una ofrenda es señal de reconocimiento y respeto ante Dios; en el A.T. existieron ofrendas de animales (holocaustos, expiaciones y ofrendas de paz), de granos, cereales, frutas y dinero.
  
En la Ley de Moisés encontramos varios tipos de ofrendas según la ocasión:

* Ofrenda a Jehová: la expresión “ofrenda quemada a Jehová” aparece con frecuencia en los libros del A.T. y se refiere a los holocaustos ofrecidos a Dios (Éx. 29:18; Lv. 8:21; Núm. 10:10). La palabra holocausto se refiere a quemar completamente una víctima animal en sacrificio ante Dios y el simbolismo de este acto es la entrega de algo que tenemos a Aquel que es el dueño de todo. En realidad, la lección que Dios nos da es el desprendernos de algo que realmente no nos pertenece porque todo es de Dios. En este caso nadie podía tomar del sacrificio porque era completamente consumido por el fuego.
* Ofrenda de paz (o comunión): era un sacrificio que primero se ofrecía a Dios y que luego se distribuía entre el ofrendante, su familia y los allegados. Como comida del pacto, simbolizaba la unión entre Dios y su pueblo porque era consumido delante de Dios (Núm. 7:17).
* Ofrenda de granos: éste era un sacrificio de harina, pan horneado o simplemente granos como cebada o trigo con aceite, incienso y sal (Lv. 2:1-16), acompañados de vino (Lv. 23:13) pero no se debía usar levadura ni miel (Lv. 2:11). En este sacrificio, se quemaba una porción como ofrenda a Dios y el resto se daba al sacerdote en el templo. Cuando se daba el caso que los ofrendantes fuesen personas muy pobres, este tipo de ofrendas podía reemplazar la ofrenda expiatoria (Lv. 5:11).
* Ofrenda expiatoria: era una ofrenda especial por diversos pecados contra Dios y contra el prójimo (Lv. 5:14-6:7; 17:11). Este acto simbolizaba la muerte que el pecador merecía pero que recaía sobre un animal inocente para que el pecador fuese perdonado aunque no era digno. Este es un anticipo de la muerte de Cristo, el Cordero de Dios, santo, inocente y sin pecado, el cual daría su vida voluntariamente por amor a nosotros para salvarnos del justo castigo de Dios a causa de nuestros pecados, aunque ninguno de nosotros merece el perdón de Dios. En los casos de ofensa al prójimo, se debía ofrecer como reparación un carnero sin defecto, además de una especie de restitución que incluía una quinta parte de lo defraudado o perdido.
* Ofrenda mecida: según el sacrificio, una parte del animal o del cereal que se ofrecía debía mecerse (balancearse) delante de Dios y después de ese acto se ofrecía a Dios en sacrificio (Lv. 7:30; 8:29; Éx. 29:24).
* Ofrenda voluntaria: este tipo de ofrecimiento tendría que ser el de mayor agrado ante los ojos de Dios porque era una ofrenda personal de gratitud, de carácter voluntario y por lo tanto, era diferente de todos los sacrificios hechos en el templo (Lv. 7:16; 22:21-23; Dt. 12:6, 17). Además, estas ofrendas eran comidas por los sacerdotes como parte de la provisión de Dios para su sustento.

Si hacemos una comparación con el tiempo antes de la Ley, algunas de estas ofrendas son muy similares a los sacrificios de animales ofrecidos por los patriarcas según el libro de Génesis.

Es interesante que en el A.T. se acentúe tanto el término VOLUNTARIO; notemos algunos pasajes bíblicos en cuanto a este punto:

“De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová” (Éx. 35:29).

“Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana” (Éx. 36:3).

“Y harás la fiesta solemne de las semanas a Jehová tu Dios; de la abundancia voluntaria de tu mano será lo que dieres, según Jehová tu Dios te hubiere bendecido” (Dt. 16:10).

“Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca” (Dt. 23:23).

“Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre” (1 Crón. 28:9).

“oro, pues, para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de las manos de los artífices. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?” (1 Crón. 29:5).

“además de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, y todas las fiestas solemnes de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria a Jehová” (Esd. 3:5).

“Y les dije: Vosotros estáis consagrados a Jehová, y son santos los utensilios, y la plata y el oro, ofrenda voluntaria a Jehová Dios de nuestros padres” (Esd. 8:28).

Realmente, aquí hay un principio divino y eterno que tendría su mayor énfasis cuando el Hijo de Dios viniera voluntariamente a entregar su vida en la cruz aunque también lo hizo en obediencia al Padre que le envió. De Cristo debemos aprender a entregarlo todo por amor a Dios y al prójimo.

- Durante la Ley había una diferencia entre las ofrendas voluntarias y aquellas que eran requeridas como una ordenanza de parte de Dios. El diezmo, el cual era requerido, no era realmente una dádiva u ofrenda; era un impuesto y una responsabilidad nacional para Israel, mientras que las ofrendas voluntarias eran expresiones personales de amor a Dios que venían del corazón. Por otra parte, están las ofrendas no voluntarias mencionadas anteriormente y relacionadas con el cumplimiento de la Ley de Moisés.

“Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable” (Lv. 22:29).

En Éxodo tenemos el relato de una ofrenda voluntaria que fue recibida con el propósito de construir el tabernáculo y todos sus implementos. Fue completamente voluntaria aunque Dios motivó al pueblo y guío el corazón de cada ofrendador a través de Moisés:

“Dí a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda” (Éx. 25:2).

“Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová” (Éx. 35:4, 5).

El pueblo comenzó a traer sus ofrendas y fue algo sorprendente: “Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras. Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová. Todo hombre que tenía azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, o pieles de tejones, lo traía. Todo el que ofrecía ofrenda de plata o de bronce traía a Jehová la ofrenda; y todo el que tenía madera de acacia la traía para toda la obra del servicio. Además todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul, púrpura, carmesí o lino fino. Y todas las mujeres cuyo corazón las impulsó en sabiduría hilaron pelo de cabra. Los príncipes trajeron piedras de ónice, y las piedras de los engastes para el efod y el pectoral, y las especias aromáticas, y el aceite para el alumbrado, y para el aceite de la unción, y para el incienso aromático. De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová” (Éx. 35:21-29).

Las ofrendas continuaron mientras el pueblo traía más y más cada mañana: “Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana” (Éx. 36:3).

Finalmente, ya hubo demasiado y el pueblo tuvo que ser detenido de dar: “y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba” (Éx. 36:5-7).

Esta es la gracia de Dios operando y es un principio eterno que nunca terminará porque Dios sigue moviendo el corazón de los creyentes para dar con generosidad y con amor de forma voluntaria y no por imposición ni por miedo.

LA GRACIA SIEMPRE SOBREPASA A LA LEY, CADA VEZ Y EN TODA MANERA. Cuando los servidores, los predicadores, los pastores, los evangelistas y la iglesia piden diezmos, esto es contraproducente y muchos inconversos (y creyentes) quedan resentidos, defraudados y afectados por este manejo financiero cuando se dan cuenta de lo que la Biblia enseña. Por ende, NI LAS AMENAZAS NI LAS PROMESAS MALINTERPRETADAS CON PASAJES DE LA BIBLIA QUE SE PRESENTAN CON EL MENSAJE DE DIEZMAR PUEDEN MOTIVAR AL PUEBLO A DAR MÁS QUE LO QUE HARÍA UN CORAZÓN MOVIDO POR DIOS, AGRADECIDO Y GENEROSO.

Gloria a Dios porque él llama y él provee; él elije y él suple lo necesario; él prepara y él respalda el cumplimiento de sus propósitos; como Dios, él nunca ha necesitado de dinero pero él sabe suplir para las necesidades de cada iglesia local y de cada ministerio que se dedica a predicar el evangelio y les da aún más allá de la medida que el diezmo podría ofrecer. Mientras muchos dependen de diezmos, hay otros (muy pocos en realidad) que no necesitan exigir más allá de lo que la Biblia enseña como principio eterno y es la ofrenda voluntaria de un corazón tratado por Dios; por ende, es suficiente con enseñar a los creyentes que ofrenden con alegría y que apoyen financieramente para la expansión del evangelio, el discipulado y la salvación en Cristo a través del trabajo de cada iglesia local y mediante cada ministerio cristiano que se dedica a servir a la gente. Si le creemos a Dios, él motivará el corazón de cada creyente según su gracia infinita que es más que suficiente y que es superior a la medida del diezmo.

Conclusiones:
- La Escritura es clara en cuanto a que el diezmo no es un principio universal; de igual forma, se debe entender para el tiempo de la gracia. El “diezmo” en la Ley era la décima parte de las cosas antes descritas (productos de la tierra y de los animales) y nada más. La amplia variedad de otras actividades comerciales y fuentes de ganancia financiera que eran parte de la economía, como el comercio, los servicios profesionales, los oficios, las artes, las rentas y las herencias, no estaban incluidas. Si Dios hubiese querido incluirlos los hubiera nombrado específicamente en la Biblia; por eso, cuando Dios dice cualquiera, cada, o todo, significa precisamente eso. La Ley permitía la ofrenda voluntaria de otras fuentes pero no eran llamados el “diezmo”.
- ¿En dónde dice el A.T. que se diezmaba de los “ingresos” o “entradas”? No lo dice. Especifica solo los productos relacionados con la tierra y los animales. Esta conexión a la tierra de Israel es muy importante cuando se analiza el tema del diezmo a través de la base de la teología bíblica. La razón primordial de que Dios requiera de una décima parte de ciertos productos de la tierra se debe a que Dios mismo proporcionó la tierra para Israel y él es su dueño absoluto. Si un israelita tenía una entrada o un ingreso de oro, plata o monedas, eso no estaba conectado a la tierra, y no hay nada en el A.T. que diga que los judíos debían diezmar sobre eso o que lo hicieran ni siquiera una vez. Por lo tanto, si un israelita hacía un arado para alguien y se le pagaba 10 monedas de plata, no tenía que diezmar 1 moneda de plata porque ese ingreso no estaba conectado a la tierra. En tercer lugar, mientras que Israel era principalmente una sociedad agrícola, su economía no dependía exclusivamente de este tema. Por otra parte, el libro del Génesis contiene docenas de referencias al dinero y a diversos sistemas de intercambio monetario. En otras palabras, Israel usó el dinero desde Génesis y por tanto, no solo se ocuparon de la agricultura, y luego también de la ganadería, sino que usaron el dinero para su desarrollo social y económico, pero la Biblia nunca habla de diezmar oro, plata, dinero, monedas o algo similar a esto.
- Alguien podría decir que Israel era una sociedad agrícola y que por este motivo solo podía diezmar de esta labor; no obstante, quien plantee este argumento está desconociendo que desde el capítulo 4 del libro de Génesis se habla de diversos artes y oficios diferentes a la agricultura o a la ganadería (Gn. 4:22). Obviamente, en Israel hubo toda clase de actividades laborales que generaban ingresos para los hebreos pero nunca la Biblia señala que el diezmo fuese ordenado por Dios en relación con los ingresos económicos sino exclusivamente en relación con la tierra, la agricultura y la ganadería.
- Existen iglesias y predicadores que enseñan a los creyentes que deben diezmar de la venta de sus propiedades y de las herencias que reciben; esto es un asco. ¿Cómo es posible que se haga de esta manera con el pueblo del Señor o con personas que simpatizan con el evangelio? Realmente es una actitud abominable el hecho de querer sacar provecho de cualquier bendición que el Señor da a las personas. Me avergüenza pensar en los que dicen ser cristianos, predicadores o pastores y que toman la fe como una fuente de ganancia; por eso, la posición de la Iglesia Cristiana Sión es radical y definitiva con respecto a la integridad en las finanzas y aquellos que profesamos ser cristianos (o predicadores) debemos tener como máxima prioridad que la gente vea a Cristo en nosotros en cada aspecto; por ende, jamás queremos aprovecharnos de la nobleza, de la fe o de la confianza de los creyentes sino que queremos enseñar con amor y sencillez la palabra de Dios con limpia conciencia y sin ser un tropiezo en el tema económico para nadie; de lo contrario, es mejor no predicar el evangelio.
- Si alguien todavía piensa que el diezmo de dinero es un principio eterno de Dios, no debe asumirlo como una deducción sino que debe probarlo con argumentos válidos. Sin embargo, la idea de dar el 10% de los ingresos es un concepto totalmente ajeno a la Escritura.
- Diezmar es una de las doctrinas que se enseñan en muchas iglesias cristianas y púlpitos pero este concepto se contradice a sí mismo porque está basado en una mala interpretación de las Escrituras que son tomadas fuera de contexto como se ha demostrado antes.

sábado, 1 de agosto de 2015

El sostenimiento financiero de la iglesia local Parte VI


- El profeta Amós menciona en su libro el diezmo judío en el contexto de la decadencia espiritual de la nación.

“Id a Bet-el, y prevaricad; aumentad en Gilgal la rebelión, y traed de mañana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres días. Y ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado, y proclamad, publicad ofrendas voluntarias, pues que así lo queréis, hijos de Israel, dice Jehová el Señor” (Am. 4:4, 5).

Esta referencia del diezmo aquí en el libro de Amós no tiene nada que ver con los cristianos del N.T. ni mucho menos con las iglesias; tomar esta escritura para pedir los diezmos a los cristianos es torcer el mensaje real del por qué fue escrito este pasaje en el libro de Amós.

Si leemos bien, las palabras de Amós contienen ironía y sarcasmo porque el pueblo practicaba lo malo y a la vez traía sacrificios, diezmos, alabanza y ofrendas voluntarias a Dios, sin importar su condición espiritual corrupta y caída delante de Dios. En esta situación, Dios rechaza la maldad porque no se deja llevar por las apariencias del hipócrita, así se desprenda de muchas cosas materiales como muestra de supuesta piedad.

- El profeta Malaquías también habló del diezmo y la ofrenda y presenta la maldición de Dios para la nación de Israel porque no diezmaba ni ofrendaba como la Ley estipulaba. En este pasaje, Dios habla de traer todos los diezmos al alfolí, pero como se dijo antes, mucha gente ignora que éste era una granero con espacio suficiente para albergar frutos de la tierra (y ganado) que los israelitas traían para el sostenimiento del ministerio levítico. Dios estaba llamando a su pueblo Israel a traer alimento para su casa (el templo).

Esta referencia de Malaquías suele ser la más utilizada por los que pretenden exigir el diezmo a los creyentes, pero se ignoran todas las enseñanzas que el libro completo da con respecto a la responsabilidad del sacerdote para con el pueblo; de hecho, el libro comienza con una amonestación fuerte contra los sacerdotes, pero la mayoría de predicadores que están a favor del diezmo solo enfatizan este punto pero no se habla del pecado de los que estaban al frente del pueblo porque habían descuidado la obediencia estricta a la palabra de Dios, alterando el significado de sus mandamientos y habían descuidado su rebaño, buscando su propio beneficio.

Luego, el profeta Malaquías muestra que el pueblo de Israel se había desviado de la voluntad de Dios al punto que sus corazones ya no eran rectos con respecto a la obediencia que Dios quería; una prueba de ello es que traían animales defectuosos para el sacrificio, animales cojos, enfermos y hasta ciegos; todo ello estaba muy lejos de lo que Dios les ordenó según la Ley que debían cumplir (Lv. 22:19; Dt. 15:21) pero los sacerdotes también aceptaron este pecado. Este tipo de conducta no agradó a Dios y Malaquías se los hizo saber (Mal. 1:8). Era una condición moral y espiritual terrible por la que estaba atravesando el pueblo de Israel a causa de su mala conducta pero ¿cómo fue que el pueblo de Israel se desvió de la Ley? Pues aquí hay algo muy importante para aprender, y es que la responsabilidad de tal desviación recayó primero en los sacerdotes, quienes tenían la función de guiar correctamente al pueblo de Israel, y en lugar de eso, toleraron lo malo.

“Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 2:7, 8).

Las autoridades (pastores y predicadores) de muchas iglesias deberían reflexionar en este pasaje antes de enseñar sobre cualquier tema (incluido el de los diezmos) porque podrían estar en aprietos cuando alguien que no traga entero les exponga con argumentos bíblicos la verdad sobre los diezmos.

En el libro de Malaquías encontramos un mensaje duro de parte de Dios para la nación de Israel a causa de su desobediencia en cuanto a cumplir con los diezmos y las ofrendas: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 3:6-12).

Es terrible el mal uso que muchos predicadores hacen de este pasaje bíblico, aplicando este mensaje para explicar que los cristianos de hoy deben dar sus diezmos, sin considerar el contexto por el cual fue escrito; claro está, muchos cristianos de hoy que no estudian la Biblia con seriedad y disciplina, creen que este pasaje bíblico les está hablando a ellos y se sienten amedrantados y atemorizados porque supuestamente Dios les llama ladrones y los maldice si no diezman ni ofrendan.

Para entender correctamente este pasaje, debemos primero leer todo el libro de Malaquías y evaluar el contexto del mismo; asimismo, debemos tener en mente a quiénes fueron dirigidas estas palabras (destinatarios); para ello revisemos los siguientes versículos del libro:

“Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías” (Mal. 1:1).

“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Mal. 3:9).

En esencia, el mensaje está dirigido a la nación de Israel y no a los creyentes en Cristo.

Quien aplique este mensaje literal para los creyentes de hoy, está malinterpretando las Escrituras porque todo el libro de Malaquías es una reprensión severa al pueblo de Israel y a sus sacerdotes quienes se habían desviado de la “Ley”; esto lo dice claramente Dios en Mal. 3:7 en donde Dios se refería a la “Ley” y no a otra cosa. Los cristianos del Nuevo Pacto estamos excluidos de esa “Ley”; la maldición no era ni es ni será para nosotros. No permitamos que los hombres nos atemoricen con falsas interpretaciones de la Biblia.

La maldición que Dios pronuncia en el libro de Malaquías era solamente para los israelitas que debían cumplir la “Ley” y de esto advirtió el mismo Dios muchos años antes, si ellos se apartaban de la “Ley”; leamos este pasaje bíblico que lo reafirma: “Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir” (Dt. 28:15-19). 

Dios no espera de nosotros que cumplamos la “Ley” antigua, sino que vivamos bajo la gracia en Cristo; de no ser así, ¿qué sentido tendría el que Jesús haya venido? Hubiese sido más fácil para Dios reafirmar sus “leyes” sin necesidad de sacrificar a Jesús, pero los que estudian a profundidad la Biblia saben que sí era necesario un Nuevo Pacto porque la Ley no pudo perfeccionar a nadie (Heb. 7:18, 19) pero en Cristo somos santificados, justificados y perfeccionados por su obra en la cruz; ahora los cristianos debemos ser fieles a Cristo y obedecer sus enseñanzas; sin embargo, Jesús no ratificó el diezmo ni lo enseñó como un principio para practicar y eso lo veremos más adelante con suficientes argumentos bíblicos en el N.T.

Tengamos claro lo siguiente y es que cuando algún predicador quiera usar un pasaje bíblico, deberá asegurarse de que su mensaje esté dentro del contexto correcto; para ello tiene que respetar ciertas reglas y principios de interpretación bíblica, evitando de esta manera cometer un grave error “exegético”.

¿Qué es la exégesis? La palabra exégesis significa ‘extraer el significado de un texto dado’. En general, la exégesis presupone un intento de ver el texto objetivamente. La exégesis tradicional requiere lo siguiente:

* Análisis de palabras significativas en el texto, en el marco de la traducción.
* Examen del contexto general histórico y cultural.
* Confirmación de los límites de un pasaje.
* Examen del contexto dentro del texto.

Si alguien ignora estas reglas esenciales en la interpretación de la Biblia, siempre cometerá muchos errores al tratar de entender y enseñar a otros. Por tanto, debemos tener mucho cuidado en este aspecto.

- No existe referencia bíblica que diga específicamente que los cristianos tengamos que diezmar en este tiempo de la gracia. En Mal. 3:9 dice “toda la nación” que es Israel; no dice las naciones ni la Iglesia de Cristo. Por ende, los diezmos no aplican para la Iglesia de Cristo.

Si nos ceñimos a una buena interpretación bíblica en estos temas, no se debe pedir ni exigir diezmos, sino que el deber de un pastor o predicador es servir a la gente, predicando el evangelio de forma gratuita y sin imponer medidas de dinero a quienes desean escuchar y vivir la Palabra de Dios. La Biblia en general y el N.T. nos estimulan a ofrendar de corazón voluntario y con alegría para apoyar ministerios de buen testimonio que están dedicados a la expansión del reino de Dios. Estos son los verdaderos principios divinos y eternos que siempre han estado en la Biblia, y serán profundizados posteriormente en este estudio.

- Existen movimientos religiosos y predicadores que psicológicamente esclavizan a sus miembros con la “Ley” al decirles que si no dan sus diezmos están robando a Dios e inmediatamente citan la Escritura de Mal. 3:9, aplicando de forma errónea las palabras de este libro.

Si nosotros aceptamos cumplir la ley del diezmo, estaríamos aceptando la esclavitud de la “Ley” y rechazando la libertad en Cristo a través de su “gracia”.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gál. 3:13, 14).

La salvación de Cristo no requiere de dinero porque es gratuita; quien pretende cobrar dinero por la salvación es un ladrón y Dios le juzgará.

La justificación ante Dios no depende de dar dinero; quien intente manipular a otro, ofreciéndole la falsa esperanza de que Dios lo ve justo si diezma y ofrenda, es un embaucador y deja ver su codicia (o sencillamente es un ignorante en el concepto correcto del diezmo en la Biblia).

La bendición de Dios tampoco está condicionada a dar diezmos; quien promete la bendición divina con base en la cantidad de dinero que diezme está engañando a la gente porque la Biblia contiene principios superiores que trascienden la medida del diezmo y nos dan confianza y paz para recibir la bendición material de Dios para nuestra vida.

Mi intención no es entrar en polémicas o discusiones basadas en opiniones o puntos de vista personales; este estudio está 100% basado en la Biblia y estoy abierto a compartir con la persona que quiera para evaluar si los argumentos aquí expuestos contradicen las Escrituras. Si con argumentos bíblicos correctos soy convencido que estoy en un error o tengo interpretaciones equivocadas de la Biblia, entonces mi deber como cristiano es reconocer mi error y cambiar mi posición; de lo contrario, seguiré firme en la palabra del Señor y no aceptaré opiniones de hombres.

Que el Señor nos guíe a toda verdad por medio de la Escritura y por la gracia del Espíritu Santo…

- Muchos pueden tener una buena intención al diezmar o al enseñar sobre los diezmos, pero siempre estarán sinceramente equivocados porque la Biblia no aprueba esta práctica para los creyentes del Nuevo Pacto.

Puede parecer un acto noble el hecho de dar un diezmo en nombre de Dios, pero recordemos que todo lo que hacemos debe estar basado en la verdad bíblica y no en buenas intenciones o conceptos personales. Si hacemos esto, entonces ¿cuál será el ejemplo que daremos a quienes nos oyen o nos ven? ¿con qué autoridad enseñaremos la Biblia si somos movidos por sentimientos y opiniones personales? ¿tendremos la absoluta seguridad que les enseñamos la verdad divina o son conceptos humanos?

Por tanto, el llamado supremo de un predicador es honrar a Cristo y no debe poner cargas sobre los creyentes que Dios no aprueba ni debe esclavizar a la Iglesia con prácticas fuera del contexto del N.T., ignorando la libertad que Cristo nos ofreció con su muerte y resurrección.

Soy consciente que existen personas que después de leer o estudiar este material aún insistirán con la práctica del “diezmo” pero yo cumplo con mi responsabilidad de enseñar lo que la Biblia dice sobre este tema. Si alguien quiere pagar el diezmo o quiere enseñar el diezmo a la Iglesia, después de leer todo lo que la Escritura dice al respecto, cada cual dará cuentas a Dios de sí mismo; simplemente me limito a enseñar la Biblia pero dejo a Dios la parte que a él le corresponde: guiarnos a toda verdad.

- Volviendo al tema de Malaquías, hay una pregunta interesante: si usted interpreta que la maldición de Malaquías es para usted como cristiano si no diezma ni ofrenda, entonces ¿dónde queda la expresión de Pablo en 2 Cor. 9:7 que dice: “Dios ama al dador alegre”?

El “dar” es un acto cristiano también, pero los cristianos no somos llamados a diezmar, sino que somos llamados a ofrendar de forma voluntaria, generosa y con alegría; por eso, Dios toma en cuenta este tipo de ofrendas y sabe recompensar muy bien, pero si alguien aplica la maldición de Malaquías para la Iglesia de Cristo hoy, ¿será que tendremos alegría para dar o estaremos movidos por el miedo a ser llamados ladrones?

Cuando lleguemos al estudio del N.T. y el sostenimiento financiero de la iglesia cristiana, veremos cuáles son los principios que Dios quiere que aprendamos con respecto al dar con alegría.

Con todo esto surgen nuevamente más preguntas:

¿A cuál de los dos pactos nos sometemos los cristianos: al de la Ley o al de la Gracia? ¿al Antiguo Pacto con Moisés o al Nuevo Pacto con Jesucristo?

- Diezmar durante la Ley no tiene nada que ver con la vida del Nuevo Pacto. Todos los mandamientos, instrucciones, exhortaciones, bendiciones, y maldiciones relativas al diezmo durante la Ley fueron para el pueblo que estuvo bajo la Ley. Todo esto no es para la Iglesia. Es incorrecto tomar las Escrituras que fueron dadas a Israel cuando ellos vivieron bajo la Ley de Moisés y usarlas para enseñar diezmo a los cristianos porque esto trae confusión dentro de la Iglesia y da lugar a prácticas de manipulación y amenazas de parte de predicadores y pastores que están en busca de beneficios económicos al predicar el evangelio. Eso es lo que se hace cada vez que alguien lee Malaquías 3:10: “Traed vuestros diezmos al alfolí…” o declara “el diezmo es del Señor” (Lv. 27:30), con el propósito de convencer al pueblo para que diezme. Muchas de estas expresiones fuera de contexto infunden en los creyentes la enseñanza mal aplicada de Malaquías 3:9 con el fin de obtener los diezmos al decirles que “el hombre no debe robarle a Dios”; este lenguaje, en vez de inspirar a la gente a buscar de Dios, puede dar lugar a dudas y sospechas con respecto a las verdaderas motivaciones de los pastores o predicadores y se convierte en un escándalo, siendo ellos mismos quienes terminan robando y engañando al hombre en el nombre de Dios.

- Otro punto importante a tener en cuenta es que los judíos en la actualidad no diezman. Por ejemplo, los rabinos judíos, quienes por obvias razones tienen un conocimiento vasto de la Ley y saben cómo aplicar mejor estas cosas, ellos no piden diezmos porque ellos saben que únicamente los levitas pueden recibir el diezmo y en la actualidad ya no existen levitas reconocidos a quienes dar sus diezmos.

Los judíos no pagan el diezmo, y la explicación que dan es muy lógica y fácil de comprender: el diezmo, que pertenece a la Ley y que ellos se esfuerzan por cumplir, ordena a los de la nación de Israel a diezmar para la manutención del templo de Jerusalén y de los sacerdotes levitas. Hoy no existe el templo ni hay sacerdotes levitas; así que no se debe pedir en las sinagogas el diezmo, donde además no existe un sacerdote de la tribu de Leví, sino que simplemente es un rabino o maestro.

Ya dijimos anteriormente: en el tiempo de Jesús, los judíos pagaban sus diezmos en especies en el templo judío para que no faltara la comida allí pero el Señor sabía perfectamente que ese templo pronto sería destruido. Hoy no existe el templo en Israel y no hay sacerdotes ni levitas. Todos los registros de los archivos genealógicos que se guardaban en el templo fueron destruidos en el año 70 d.C.

Así pues, es obvio que los rabinos de hoy no pidan diezmos porque ellos, conocedores de las Sagradas Escrituras, saben que únicamente los levitas podrían hacerlo, y si estuvieran en el templo de Jerusalén.

Ahora sabemos que la “Ley” era solo para los judíos; también sabemos que el diezmo era para el sostenimiento de los Levitas, y que este diezmo debía ser llevado al templo o al tabernáculo judío.

La Ley fue oficializada por Dios a través de Moisés y estuvo vigente para todo el A.T. hasta los días del ministerio de Jesús, pero la Ley fue cumplida y trascendida con la muerte de Jesús en la cruz, dando paso al nacimiento del Cristianismo y al tiempo de la Gracia.