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domingo, 21 de mayo de 2017

Los Ministerios de Dios Parte IX

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n. El ministerio del profeta

La palabra hebrea usada para profeta es nabi; su significado es incierto pero la Septuaginta emplea un término equivalente que es prophetes (compuesto del verbo femi, "decir", el prefijo pro y la terminación tes, que no se relaciona con predecir el futuro, sino, hablar en lugar de otro). Este sentido se evidencia en la resistencia de Moisés a hablar debido a su poca facilidad de palabra, por lo cual se designa a Aarón, su hermano, quien hablaría en lugar de Moisés (Éx. 4:10-17).

El título de profeta es aplicado a muchos personajes del AT: Enoc (Jud. 1:14, 15), Abraham (Gn. 20:7), Moisés (Dt. 18:15; 34:10), Samuel (1 Sam. 3:20), Gad (1 Sam. 22:5), Natán (2 Sam. 7:2), Ahías (1 Rey. 11:29), Jehú (1 Rey. 16:7), Elías (1 Rey. 18:22), Eliseo (1 Rey. 19:16), Jonás (2 Rey. 14:25), Isaías (2 Rey. 19:2), Semaías (2 Crón. 12:5), Iddo (2 Crón. 13:22), Azarías (2 Crón. 15:8), Hageo (Esd. 6:14), Zacarías (Esd. 6:14), Jeremías (Jer. 1:5), Ezequiel (2:5), Habacuc (Hab. 3:1) y muchos otros. Además, se usa en mujeres que tuvieron este ministerio (Éx. 15:20; Jue. 4:4; 2 Rey. 22:14 Is. 8:3).

Los profetas no siempre tuvieron la misión exclusiva de pronosticar el futuro, pero siempre su prioridad fue proclamar la voluntad de Dios. Al proclamar la voluntad de Dios, hasta cierto punto, tenían que anunciar cosas futuras, porque anunciaban las consecuencias que traería el obedecer o desobedecer esa voluntad. Su mensaje no era el resultado de su pensamiento o estudio, sino que les era revelado directamente por el Espíritu Santo.

Cuando se menciona a un profeta, muchos se imaginan a una persona más grande de lo normal, alguien con una espiritualidad fuera de serie. Sin embargo, éste era el oficio de aquellos que tenían la función de ser voceros de Dios:

- Manifestar pruebas fehacientes del cuidado de Dios sobre los suyos.
- Demostrar de parte de Dios con hechos que sus palabras se cumplirían; de lo contrario, su ministerio sería rechazado.
- Actuar de acuerdo a los estatutos y mandatos divinos.
- Dar a conocer el consejo de Dios con la claridad, la energía y la autoridad que proceden de la conciencia de estar hablando en nombre de Dios, y de haber recibido directamente de él un mensaje que entregar (Dt. 18:18; Ez. 2).
- Promover la verdadera adoración al Dios de Israel y oponerse radicalmente a toda forma de idolatría.
- Confrontar individuos, comunidades, reyes y naciones que desviaban y corrompían a su pueblo.
- Llamar al pueblo al arrepentimiento y a la conversión.
- Fortalecer al justo y señalar el camino de la restauración a los descarriados.
- Interceder ante Dios a favor del pueblo, de la nación o del rey.

Por otra parte, los profetas dejaron por escrito en el AT la voluntad de Dios para su pueblo; algunos de sus anuncios se cumplieron, otros se van a cumplir y especialmente, anunciaron la venida del Mesías (1 Ped. 1:10-12; Hch. 3:18).

Todas estas actividades les acarrearon oprobio, persecuciones, sufrimiento, maltrato físico y hasta la muerte pero el verdadero profeta de Dios nunca profetizó con la finalidad de satisfacer la curiosidad humana, o de promoverse vaticinando augurios de paz y prosperidad. Su profecía estaba regida por la voluntad y el propósito divino para una circunstancia o condición existente; lamentablemente, algunos sucumbieron a la tentación de ser honrados por los hombres y desobedecieron, apostatando y recibiendo el pago de sus pecados (Is. 28:7, Jer. 23).

Siempre se han levantado falsos profetas pero Dios advierte a su pueblo que no les hagan caso, que los rechace y que no les tema porque él ha decretado sobre ellos su juicio (Dt. 18:20-22).

Además, desde la antigüedad han existido personas que practican la adivinación y el ocultismo en diferentes culturas y lugares (1 Sam. 6:2), lo cual Dios abomina y prohíbe a su pueblo (Dt. 18:9-14; Jer. 29:8, 9). De igual forma, sobre ellos viene el juicio de Dios (Miq. 3:7).

Los profetas de Dios manifestaron dones sobrenaturales como el discernimiento de espíritus, la palabra de ciencia y la palabra de sabiduría para conocer cosas que solo Dios podría saber; además, Dios hizo milagros y sanidades a través de algunos de ellos (estos dones sobrenaturales serán explicados con mayor detalle en otro capítulo).

Quienes tuvieron el don de profecía en el NT también se les llamó profetas (Hch. 13:1; 21:9, 10; 1 Cor. 14:37) pero cuando se expliquen los dones espirituales se expondrá también el don de profecía y en qué se diferencia del ministerio del profeta en el contexto del NT.

La culminación de este ministerio lo vemos en Cristo (Heb. 1:1-4), la máxima expresión del profeta y el mayor profeta de todos, un hombre sin extravagancias ni fastuosidades, quien tuvo en su humanidad todos los dones sobrenaturales como evidencia de su carácter y propósito.

El ministerio del profeta en el NT es vital para la iglesia, en su conjunto, con los otros ministerios para perfeccionar a los santos y obviamente es una tarea que demandaba dirección de Dios y valor para proclamar la verdad divina en medio de oposición y persecución. En el NT, el ministerio de profeta giró en torno a dos aspectos:
- La aparición del Mesías: se menciona a la profetisa Ana (Lc. 2:36), quien dio testimonio de Cristo cuando era niño y al profeta Juan el Bautista (Mt. 11:9), quien preparó el camino para que Cristo viniera.
- La inspiración escritural que sentaría las bases para la edificación de la Iglesia de Cristo (Ef. 2:20). En este caso, los escritores del NT cumplieron un ministerio profético.

Así pues, cuando se cerró el canon del NT, el oficio del profeta también terminó.

¿Qué caracteriza a la mayoría de los que pretenden ser profetas hoy?

Hoy en día, muchos se hacen llamar profetas y argumentan que el ministerio del profeta sigue vigente; sin embargo, debemos tener en cuenta que la mayoría de las sectas de error y religiones apóstatas han surgido a partir de alguien que se autodenominó profeta: por ejemplo, Mahoma (Islam), Joseph Smith (Mormones), Charles Russell (Testigos de Jehová), William Branham (quien fundó una iglesia que sigue sus enseñanzas heréticas), entre otros.

La verdad es que los que se autoproclaman profetas…
- Buscan entronizar el ministerio profético en menoscabo de otros ministerios porque se creen superiores y que sin ellos la iglesia y los otros ministerios no funcionan bien.
- Algunos mal llamados profetas dicen que el canon y la revelación especial de Dios sobre los que la iglesia se rige en materia de fe y conducta no están cerrados sino que hay revelaciones nuevas a través de los supuestos profetas de hoy.
- Algunos mal llamados profetas tienen en poco el testimonio profético de la Escritura como la palabra profética más segura a la cual debemos estar atentos (2 Ped. 1:19).

CONCLUSIONES:
- A pesar de que por muchos siglos el titulo de profeta estuvo ausente en la Iglesia de Cristo, hay quienes en las últimas décadas lo han revivido (igual lo hacen con el título de apóstol). Hay quienes se auto-proclaman profetas hoy. Lo peor es que al reclamar hablar la Palabra misma de Dios, consecuentemente sus supuestas “profecías” se toman con el mismo valor que la Biblia misma, pues reclama ser un mensaje de Dios mismo. Si el profeta habla por Dios, ay de aquel que desobedezca la Palabra del Señor. Muchos le llaman a las palabras proféticas de supuestos profetas modernos “Palabras frescas de Dios” (como si las de la Biblia estuvieran muertas o pasadas de moda). Muchos inclusive toman las palabras de estos profetas por encima de la Biblia misma, cuando sus enseñanzas son contrarias a la Escritura.
- Al igual que con los apóstoles, tras la muerte del último apóstol, Juan, la historia de la Iglesia por diecinueve siglos es muda en cuanto a la existencia de profetas como un oficio continuo en la Iglesia de Cristo. A lo largo de dos mil años en la historia de la iglesia sí han existido individuos que se autodenominaron a sí mismos profetas, pero todos éstos han sido falsos profetas, individuos sectarios o herejes, no verdaderos profetas.
- Los profetas del NT fueron portavoces o voceros de Dios en relación con la manifestación del Mesías y mediante la inspiración de las Escrituras; ellos recibieron revelaciones directas del Señor y las transmitieron a los oyentes en el contexto del NT. Lo que ellos dijeron o escribieron de parte del Espíritu Santo quedó registrado como la palabra de Dios.
- En un sentido primario ya no tenemos profetas; su ministerio finalizó cuando quedó puesto el fundamento de la Iglesia y cuando se completó el canon del NT. Ya hemos enfatizado que en Ef. 4:11 Pablo está refiriéndose a profetas del NT. Fueron dados por Cristo después de su ascensión. Considerarlos como profetas del AT sería un error de interpretación bíblica.
- En el caso de los profetas, al ser completado el NT, su oficio dejó de existir como tal. Lo mismo ocurrió con los profetas del AT, quienes desaparecieron con la culminación de ese testamento unos 400 años antes de Cristo.

viernes, 19 de mayo de 2017

Los Ministerios de Dios Parte VIII

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m. El ministerio del apóstol

La palabra apóstolos en el griego clásico era, originalmente, un término usado en la navegación marítima para referirse a la encomienda de una nave. La idea es la de enviar el barco con su carga a un puerto específico donde descargará lo que lleva en la bodega. El término apóstol viene del griego apostello (enviar, despachar).

El significado esencial de la palabra en el NT es: enviado, mensajero, emisario o embajador. Involucra dos ideas básicas: a) una comisión expresa, y b) un destino determinado. El énfasis de la palabra está en la autoridad comunicada por el que envía al que es enviado. Vale decir que su uso denota la autorización del enviado para cumplir una función particular o una tarea que, por lo general, se define con claridad. El mensajero viene a ser el apoderado de aquel que lo comisionó.

Jesucristo es llamado el “apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión” porque fue enviado por el Padre y él mismo envío sus testigos para llevar el evangelio a todo el mundo (Heb. 3:1; Jn. 6:29, 57; 8:42; 17:3,18; 20:21). Él vino a la tierra como el apoderado del Padre para cumplir su gran misión: nuestra redención. Puso fundamento para la iglesia que jamás se cambiará. Por tanto, solo él podría formar y comisionar a los apóstoles que él quiso para orientar a su pueblo y para extender su reino por doquier.

La palabra apóstolos se usa en el NT de dos maneras:
(a) en el sentido general de mensajero. En ocasiones el término tenía un uso literal de “enviado” y aplica a aquellos creyentes que en la iglesia del N.T. servían como misioneros y fundadores de iglesias. Pablo y otros escritores usan este término en ese contexto pero nunca lo asocian con el ministerio del apóstol.

Debido a este uso, algunos que defienden que el ministerio apostólico está vigente, dicen que los apóstoles incluían a más de los doce:

- Bernabé (Hch. 14:4; 14). Recordemos que Bernabé fue enviado desde la iglesia de Antioquia junto a Pablo para cumplir una misión de parte de Dios (Hch. 13:1-3).
- Santiago, el hermano de nuestro Señor (1 Cor. 15:7; Gál. 1:19); aunque Jacobo no era uno de los doce apóstoles, era uno de los líderes más importantes en la iglesia de Jerusalén (Hch. 12:17; 15:13; 21:18).
- Silvano y Timoteo (1 Ts. 1:1; 2:6); estas citas aparecen en la carta donde Pablo escribe junto a Silvano y Timoteo.
- Andrónico y Junias (Rom. 16:7).

(b) para referirse particularmente al ministerio del apóstol (aplicado solo a los doce apóstoles y a Pablo). Estos apóstoles fueron los hombres directamente comisionados por el Señor para predicar la palabra y plantar las primeras iglesias; junto con los profetas del NT, su ministerio tenía primordialmente que ver con la fundación de la Iglesia (Ef. 2:20). Así pues, los apóstoles a que se hace referencia en Ef. 4:11 denotan solo a aquellos que fueron llamados apóstoles por Cristo.

Para ser apóstol (como ministerio) se requerían dos grandes cualificaciones:
- La primera cualificación era haber conocido a Jesús personalmente. Cuando Pablo insiste en sus propios derechos en vista de la oposición que se la hacía en Corinto, afirma: “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?” (1 Cor. 9:1, 2).
- La segunda cualificación era que un apóstol tenía que ser un testigo de la resurrección del Señor. Cuando los once se reunieron para elegir al que había de tomar el puesto que dejó vacante Judas el traidor, se dijo: “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hch. 1:21).
Estos dos requisitos representan la autoridad que Cristo les concedió como “testigos presenciales” cuando todavía no estaba formado el NT, lo cual es de gran importancia.

Aquí hay un principio aplicable a todo creyente: el que haya de presentar a Cristo, debe conocerle personalmente; y el que haya de manifestar el poder de Cristo a otros debe haber experimentado el poder del Cristo resucitado. Sin embargo, los apóstoles tenían que acabarse porque al cabo de cierto tiempo ya se habían muerto todos los que habían conocido a Jesús y habían sido testigos de su resurrección. Definitivamente, el ministerio del apóstol ya no aplica a nuestro tiempo puesto que cumplió su ciclo al cerrarse el canon bíblico del NT. Estos apóstoles fueron únicos e irreemplazables y no tuvieron sucesores ni después de su muerte ni en la actualidad; históricamente, pusieron el fundamento de la iglesia: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Ef. 2:20). Es más, en el futuro eterno, los doce apóstoles tendrán sus nombres sobre los doce cimientos de la ciudad gloriosa llamada la Nueva Jerusalén (Ap. 21:14). 

Los primeros hombres dotados por Dios en la iglesia del NT fueron los apóstoles, entre los cuales Jesucristo mismo tuvo la preeminencia (Heb. 3:1). Posteriormente, Dios incluyó a Matías, quien reemplazó a Judas y fue escogido por dirección de Cristo a los apóstoles (Hch. 1:26), y a Pablo, quien fue apartado de una manera única para ser apóstol a los gentiles (Gál. 1:15-17; 1 Cor. 15:7-9; 2 Cor. 11:5). Pablo fue llamado a ser apóstol por elección divina. Pablo fue una persona especialmente dotada y preparada para extender el evangelio e interpretar el cristianismo en el mundo multicultural del primer siglo. Un hombre intelectual, efectivo, apasionado y genuino. Cualidades totalmente opuestas a Pedro, Jacobo y Juan que no estaban familiarizados con el mundo fuera de Jerusalén, quizás con muy poco conocimiento de la cultura griega o romana, o de literatura e historia como la educación recibida por Saulo de Tarso, una de las ciudades griegas más grandes de aquel entonces, famosa por su erudición, centro de enseñanza para los romanos. Así pues, lo ocurrido a Saulo en el camino a Damasco, la aparición de Jesús la consideraba tan valiosa a su vida como la aparición del Salvador a sus discípulos y sobre esta base apoyaba su apostolado (1 Cor. 15:9: 9:1, 2).

Aparte de este grupo de apóstoles (que la Biblia muestra sus credenciales de forma clarísima) nadie más debe atribuirse este ministerio.

¿Qué argumentos usan quienes defienden que el ministerio apostólico todavía está vigente?

En la actualidad y desde los años 90 aproximadamente (especialmente en Estados Unidos, Centroamérica y otros países a los cuales se extiende), han surgido predicadores e iglesias que quieren generar un movimiento apostólico y profético, argumentando diversas interpretaciones de la Biblia fuera de contexto. Este movimiento a veces es llamado “Reforma Apostólica y Profética” el cual proclama como indispensable un cambio en la estructura de las iglesias en el nuevo milenio (año 2000).
           
Uno de estos supuestos apóstoles dijo: “La más gigantesca Ola Apostólica está llegando a nuestras naciones. Es el Espíritu Santo el causante de esto. El está empeñado en impartir a su pueblo el Espíritu Apostólico de Cristo. Esto llevará a la Iglesia a caminar como Jesús caminó, sometido plenamente a los diseños, propósitos y voluntad del Padre. La Iglesia realizará con precisión la Gran Comisión Apostólica (Mateo 28) y traerá un impacto evangelístico a las naciones. Esa Ola Apostólica proveniente del Santo Espíritu, quien es un Espíritu Apostólico, sigue los diseños del Padre y desatará una Nueva Reforma Apostólica en este Siglo XXI”

¿Por qué ahora en estos últimos 30 años se levantan? ¿Será cierto que es el Espíritu Santo quien está trayendo esta nueva ola? ¿P son solo invenciones de hombres sedientos de reconocimiento y dinero?

Los que tienen esta posición generalmente intentan ser reconocidos como apóstoles y siempre utilizan pasajes del NT fuera de contexto para justificar sus acciones; por ejemplo, miremos cuáles son sus conceptos y qué dice la Biblia al respecto:

CONCEPTOS ERRADOS
RESPUESTA BÍBLICA E HISTÓRICA
- Ef. 2:20 no solo aplica a los fundamentos del cristianismo como revelación escrita en el NT sino que también aplica a la iglesia actual para darle soporte y estructura al cuerpo de Cristo. Por tanto, los apóstoles ponen el fundamento y son peritos constructores del edificio espiritual que es la Iglesia, entendiendo los diferentes detalles que integran el cuadro completo; son capacitados para supervisar la edificación y evaluar el trabajo realizado por todos con ese fin. Han recibido una comisión celestial, una mayordomía, para velar por los intereses del Señor, a fin de que todo se haga como él quiere.
- Algunos mal llamados apóstoles dicen que el canon y la revelación sobre los que la iglesia se rige en materia de fe y conducta no están cerrados sino que hay revelaciones nuevas a través de los supuestos apóstoles y profetas de hoy.
- En cuanto al fundamento apostólico, este término solo aplica a la inspiración del canon del NT, el cual ya fue cerrado desde el año 100 d.C. aproximadamente con la muerte del último apóstol que fue Juan.
- Los proclamadores de la restauración de la iglesia por medio de los apóstoles y profetas modernos acuden a una exégesis completamente errada y herética porque al tratar de apoyar su existencia y poder acuden a una hermenéutica manipulativa que choca frontalmente con la verdad escatológica enseñada por décadas en el cristianismo, y apoyada fielmente por las Escrituras.
- Según la Biblia, todos los ministerios cooperan en la edificación del cuerpo de Cristo (Ef. 4:11-16).
- Hablan de la necesidad de cambios sustantivos en la estructura orgánica del liderazgo en las iglesias cristianas y promueven un nuevo poder de conducción y organización de la iglesia (pero a través del ministerio apostólico y profético que ellos defienden).
- El modelo bíblico para la Iglesia ya está establecido y no depende de nuevas revelaciones o de ministerios que se autoproclamen y busquen la gloria de los hombres; ya con esto muestran que no provienen de Dios. Qué diferencia el ejemplo de Cristo el Maestro (Jn. 5:41-44).
- Los cambios estructurales que una iglesia requiera deben hacerse con base en las Escrituras y no debemos aceptar herejías y conceptos contrarios a la verdad divina. 
- Ellos dicen que los cinco ministerios son el modelo de Dios para estos tiempos y deben ser restablecidos en todas las iglesias. Una iglesia ministerial no está limitada sino solo a cumplir lo establecido por el Señor, rompiendo con las limitaciones estructurales que ahogan y secan a las iglesias. Una iglesia que vive los cinco ministerios está en constante renovación que es el modelo original de Cristo. Los cinco ministerios deben ser usados en toda su plenitud; las deficiencias de las iglesias de hoy se deben a que principalmente están funcionando 1 o 2 ministerios; esto le quita al creyente su potencial de crecimiento espiritual y de madurez en la fe.
- Los principios bíblicos no cambian y ellos son el modelo divino para la administración de cada iglesia local.
- Por definición, el cargo de apóstol terminó al morir sus primeros y únicos representantes. El NT habla de una sucesión de testigos de la tradición apostólica (1 Tim. 6:20; 2 Tim. 1:14), de modo que el evangelio que predicaron (la teología apostólica) ha sido transmitido a los creyentes de todas las generaciones posteriores y el NT es la única referencia literaria de su inspiración (Diccionario Bíblico Conciso Holman, pág. 188).
- Los profetas del NT fueron portavoces o voceros de Dios mediante la inspiración de las Escrituras; ellos recibieron revelaciones directas del Señor y las transmitieron a la Iglesia. Lo que ellos escribieron de parte del Espíritu Santo quedó registrado como la palabra de Dios.
- Para ellos, el profetismo y el apostolado han sido desconocidos e ignorados por la mayoría de las iglesias cristianas. Creen que el ministerio apostólico no solo fue aplicado en el primer siglo sino que siempre estuvo vigente.
- Consideran que, en algunos sectores del cristianismo, el ministerio apostólico se ha equiparado a la fundación de iglesias locales en diversos lugares donde no se había predicado antes el evangelio.
- Este movimiento sostiene la vigencia del ministerio apostólico, expresando que se trata de una revelación ad portas de la segunda Venida de Cristo, algo así como un desvelamiento especial de última hora, cuyo propósito primordial es movilizar a la iglesia para alcanzar a todas las naciones con el mensaje del evangelio antes de la segunda Venida de Cristo.



- En un sentido primario ya no tenemos apóstoles ni profetas; su ministerio finalizó cuando quedó puesto el fundamento de la Iglesia y cuando se completó el canon del NT. Ya hemos enfatizado que en Ef. 4:11 Pablo está refiriéndose a profetas del NT. Fueron dados por Cristo después de su ascensión. Considerarlos como profetas del AT sería un error de interpretación bíblica.
- En el caso de los apóstoles y profetas, al ser completado el NT, su oficio dejó de existir como tal. Lo mismo ocurrió con los profetas del AT, quienes desaparecieron con la culminación de ese testamento unos 400 años antes de Cristo (Comentario MacArthur del Nuevo Testamento Gálatas, Efesios Pag.178, 179, 180).
- La Iglesia de Cristo en todos los tiempos nunca tendrá apóstoles en el sentido de ministerio que se le da al término en el NT porque ellos fueron únicos. Seguramente habrá hombres con llamado, carácter y frutos de parte de Dios, pero nadie debe tener la pretensión de erigirse como apóstol de Cristo puesto que esta osadía es reprendida por la Escritura (2 Cor. 11:5; 12:11; Ap. 2:2). Además, hoy no necesitamos apóstoles porque ya su legado quedó escrito en el NT; es suficiente su ejemplo y su testimonio de vida para ser edificados en la fe y seguir las pisadas del Maestro como ellos lo hicieron.
- El apóstol pastorea ministerios y es el padre de los ministros porque es un ministerio de gobierno. El apóstol adquiere la facultad de tener cobertura, protección y autoridad.
- Son responsables por el nombramiento de los ancianos y del reconocimiento de otros ministerios que surgen en el seno de la iglesia (Tito 1:5; 1 Tim. 4:14; 2 Tim. 1:6).
- Velan por la buena marcha de las comunidades que están bajo su responsabilidad. A veces, intervienen en un caso de disciplina por mala conducta en la iglesia (1 Cor. 5).
- Determinan el contenido doctrinal de la enseñanza en las iglesias (Jud. 1:3; 2 Ped. 1:12-15; 3:1-2). El apóstol establece sana doctrina como fundamento para crecer en el Señor.
- Abren nuevas fronteras para la predicación del evangelio y la extensión del reino de Dios (Rom. 15:17-20; 2 Cor. 10:14-16; Hch. 13 y 14; etc.). En este trabajo suelen involucrar a las iglesias (Rom 15:24; Hch 14:26-28; 16:1-3).
- Forman equipos de hombres con ministerios variados para efectuar mejor su ministerio apostólico (Hch 16:1-3; 20:4; Tito 1:5). Esto tiende a la formación de nuevos apóstoles y de otros ministerios.
- Proveen un sentido de relación y de unidad entre todas las iglesias, por sus contactos con muchos y por su trabajo de coordinación (Hch. 15; 1 Cor. 16:1-12; 2 Cor. 9:1-3).
- La relación entre los apóstoles de mutua sujeción y de consenso es de gran importancia, a fin de que la obra se realice en unidad (Gál. 2:1-10; Hch. 15).
- Ser apóstol para algunos no necesariamente significaba tener el ministerio apostólico para con otros (1 Cor. 4:15; Gál. 2:7, 8; 2 Cor. 10:14-16).
- El ministerio apostólico es una función relativa a comunidades específicas. Las relaciones varían según los diferentes casos. Es concebible que uno tenga un verdadero apostolado en ciertos lugares, pero en otras comunidades sea reconocido simplemente como maestro o como profeta, etc. Fuera del área de su responsabilidad específica no puede alegar una autoridad apostólica.
- Ellos toman algunas citas bíblicas que referencian la actividad de los verdaderos apóstoles en el NT y las aplican a sí mismos; sin embargo, si estudiamos bien el NT las funciones mencionadas no fueron exclusivamente cumplidas por los apóstoles sino que Dios levantó a muchos ministerios para la edificación de la Iglesia, para administrar las diferentes comunidades de creyentes y para extender el evangelio a muchos lugares en el primer siglo y en toda la historia de la Iglesia Cristiana.
- En cuanto a la formación de apóstoles, el único acreditado para llamar, formar y escoger a los 12 apóstoles y a Pablo, es Cristo (Mt. 10:1-4). En ningún pasaje bíblico se habla de formar o promover apóstoles aparte del llamamiento directo de Cristo (con excepción de Matías y Pablo).
- Si analizamos cada cita que pretende ser usada como base para apoyar el supuesto ministerio apostólico en estos tiempos, tenemos que deducir que Pablo y todos los personajes nombrados en estos pasajes bíblicos tuvieron diversas funciones ministeriales pero en ningún momento se hace referencia a una continuidad del ministerio apostólico.
- No podemos negar que fue Dios mismo quien instituyó todos los ministerios en la Biblia pero es muy interesante observar la historia de la Iglesia y ver en ella que después de la muerte de los apóstoles bíblicos ya no se nombró a nadie de esta forma.
- En la época apostólica (primer siglo) hubo falsos apóstoles y fue necesario entonces buscar criterios bíblicos y de testimonio personal para controlar posibles abusos; gracias a Dios la iglesia supo discernir a los verdaderos apóstoles y rechazó a los impostores. Igual debemos hoy rechazar a los que pretenden llamarse apóstoles y torcer las Escrituras a su antojo.


- Mediante el ministerio apostólico y profético, Cristo va a establecer un reino terrenal con un despertar espiritual y un gran avivamiento. Este ministerio restituye la sana doctrina, el poder y la autoridad, el gobierno o juicio de su pueblo y una nueva y fresca revelación de los planes y propósitos de Dios.
- Se predica mucho sobre el Reino de Dios, el gobierno de la iglesia sobre la tierra, la adquisición de propiedades, bienes y puestos en la política, la prosperidad económica y la sanidad como una promesa universal para todos los creyentes; además, se interpreta siempre la pobreza y la enfermedad como una maldición divina sobre aquellos que no creen en la Palabra de Dios.

- La sana doctrina se basa solo en una interpretación correcta de la Biblia; no se requieren nuevas revelaciones de la verdad de Dios aparte de las Escrituras. Los planes de Dios están enmarcados en su palabra y no necesitamos buscarlos fuera de ella. La realidad es que estos supuestos ministerios apostólicos y proféticos muestran un afán de crecimiento numérico, acumulación de riquezas materiales, poder sobre masas, espectáculos que atraigan multitudes, construcción de megaiglesias, una vida de lujos, extravagancias, los mejores hoteles, los mejores carros, las joyas y la ropa más costosa a expensas de sus seguidores; además, se promueve la falsa doctrina de la prosperidad en la cual todos los creyentes deben tener abundancia material para extender el reino de Dios pero para eso tienen que ofrendar de forma abundante. Por otro lado, muchas de estas iglesias promueven un carácter mundano pues no se busca un nuevo nacimiento del Espíritu Santo que cambie la forma de vivir, escasean verdaderas conversiones, se promueve el recasamiento, se toleran toda clase de pecados en el nombre de Dios, etc. Este parece ser el verdadero avivamiento que prometen a sus seguidores: prosperidad, crecimiento numérico abundante, megaiglesias, etc.

Lamentablemente, líderes o dirigentes destacados de iglesias pentecostales, incluso de iglesias históricas, están aceptando la emergencia del ministerio apostólico y su instauración en el marco de sus denominaciones religiosas. Lo peor es que muchos de ellos, quienes tienen una jerarquía superior en esas organizaciones, buscan también que los llamen apóstoles y profetas.

¿Qué caracteriza a la mayoría de los que pretenden ser apóstoles hoy?
- Buscan exaltar el ministerio apostólico por encima de otros ministerios.
- Afirman que todas las iglesias deben tener cobertura espiritual de un ministerio apostólico.
- Catalogan a quienes rechazan el ministerio apostólico como creyentes ignorantes y religiosos porque no tiene conocimiento bíblico y revelación en este tema.

En resumen, consideremos los conceptos anti bíblicos que este movimiento apostólico y profético promueve y juzguemos a la luz de la Biblia para que no seamos engañados:

- En este movimiento se habla de unos términos técnicos y bíblicos (fuera de contexto) para referirse al ministerio apostólico y profético. Ellos dicen que hay una transferencia de poder que procede del Espíritu Santo, pero que se canaliza a través de la imposición de manos de un nuevo presbiterio, el presbiterio apostólico (o los llamados apóstoles modernos) y comparan esto con el manto de Elías sobre Eliseo (1 Rey. 19:19-21; 2 Rey. 2:1-25). La finalidad de este poder es supuestamente avivar a la iglesia para que cumpla con su misión de evangelizar a todas las naciones y para que salga de su estancamiento institucional.
- Por otro lado, se da un énfasis desmedido a las señales, los portentos milagrosos extraordinarios y la liberación de espíritus malignos como signos del poder de Dios sobre quienes aceptan el movimiento apostólico y profético.
- La perspectiva de este movimiento es que una iglesia apostólica funcionando con sus cinco ministerios, es una iglesia que no está limitada; al contrario, si reconoce y desarrolla el ministerio quíntuple avanza a cumplir con lo establecido por el Señor, rompiendo con las limitaciones estructurales que ahogan, secan y estancan una iglesia, renovando el entendimiento para poder ver el modelo y diseño original con que fue instituida.
- Para este movimiento, la iglesia apostólica y profética es la identidad de Dios que le da dirección y la ubica en línea con lo establecido.
- Para este movimiento, los cinco ministerios deben trabajar en toda su plenitud; las deficiencias debilitantes en las iglesias de hoy se deben principalmente a que solo están funcionando uno, dos y a veces tres de los cinco ministerios (el ministerio evangelístico, el ministerio pastoral y en muchos de los casos, el pastor trabaja como maestro y el maestro como pastor). De esta manera se le está quitando al creyente su potencial de crecimiento y madurez, creando iglesias débiles.
- Según esta corriente, las iglesias no se están moviendo como se deben de mover y se han quedado estancadas; además, Dios tampoco está apoyando a las iglesias que no están trabajando de acuerdo al plano establecido en Ef. 4:11. En otras palabras, la solución a los problemas de las iglesias es reconocer y adoptar el ministerio apostólico y profético; sin embargo, esta posición no es congruente con los principios del NT.
- El propósito de trabajar con los 5 ministerios es producir unidad, edificar, perfeccionar, alcanzar el conocimiento y lograr el crecimiento.
- Para estos falsos apóstoles y profetas, quien se resiste a aceptar esta "investidura “divina” es como resistir a la misma autoridad divina delegada por el Espíritu Santo. Todo depende, por supuesto, del respeto que tengan los líderes por lo sagrado y de su grado de apertura a las supuestas manifestaciones del Espíritu, para que acepten o rechacen, conozcan o desconozcan, reciban o expulsen, la unción apostólica y profética.
- Ponen el ministerio apostólico y profético como una honra de parte de Dios que da a quienes lo reciben una autoridad superior a otros ministerios y a todos los creyentes. En este sentido, ellos ofrecen cobertura espiritual y ministerial (obviamente, bajo condiciones económicas en donde el ministerio apostólico y profético recibe jugosos ingresos). Esta mal llamada “cobertura” la da una persona con visión apostólica que ha sido ungida y delegada supuestamente por Dios para poner vestido espiritual sobre otra persona y así protegerla y cubrirla, pero en realidad lo que se busca es poder, dinero y gloria de los hombres.
- Han llegado muchos al extremo de despreciar y difamar las iglesias y los ministerios que no tengan un apóstol que les otorgue cobertura.
- En este movimiento, la cobertura apostólica es el establecimiento activo de una paternidad apostólica sobre un ministerio. Dicha cobertura provee una gracia que desata un ministerio, lo encamina, lo anima, lo exhorta en amor, lo reconoce, elogia y lo promueve. Para quienes creen en el movimiento apostólico, “algo sobrenatural sucede con un ministerio bajo cobertura apostólica”.
- En este movimiento, el apóstol padre no necesariamente está todo el tiempo cercano en términos físicos, pero si espiritualmente. La cobertura se establece bajo una conexión del Espíritu Santo. Un ministro determinado guiado por el Espíritu descubre la gracia de un apóstol padre y es vinculado a él aún sin conocerlo, de espíritu a espíritu. Luego, viene el acercamiento personal, el diálogo y el compañerismo que confirma la determinación de recibir la cobertura apostólica. Una vez establecida la base de la cobertura, esta relación es recíproca y es fortalecida por medio de todas las vías posibles de comunicación. Humanamente, todo esto suena muy bonito pero los principios que se manejan en este movimiento no provienen de la Escritura sino de los hombres; por tanto, no son sanos ni edifican conforme a la voluntad de Dios, sino que esclavizan a la gente a prácticas que la Biblia no promueve.
- Este movimiento maneja un lenguaje sofisticado e intelectual, con apariencia de conocimiento escritural y hermenéutica sana pero refleja en sí la ignorancia de la Palabra de Dios, la tergiversación de versículos bíblicos, la manipulación de las masas, la diplomacia descarada, las ansias de poder y la búsqueda de enriquecimiento constante.
- Este movimiento intenta imitar a los apóstoles del NT y dice que los ministerios apostólicos y proféticos, normalmente están formados por un apóstol, profeta o varios profetas, y citan el caso del ministerio del apóstol Pablo que contaba con un grupo de colaboradores (Hch. 15:32).
- Las supuestas funciones principales de este ministerio apostólico moderno, aparte de establecer nuevas iglesias o supervisar las ya establecidas por ellos, también es la de proveer cobertura espiritual, enseñando, exhortando, animando, aconsejando y ministrando a las iglesias, a sus pastores y líderes. Prácticamente, estos apóstoles modernos pretenden pastorear a los líderes de las congregaciones, profetizar, impartir dones y ordenar nuevos ministros. 
- Este movimiento considera que los 5 ministerios son el modelo de Dios para estos tiempos (lo llaman ministerio quíntuple) y por eso deben ser restablecidos.

Cristo dijo: “Por los frutos se conoce el árbol” (Mt. 7:15-20). El verdadero ministro llamado por Dios no actuará en contravía de los valores y principios de Cristo. Por ende, huyamos de estas herejías y honremos el evangelio puro y sin adulterar que la Biblia nos presenta. No permitamos que los hombres nos desvíen de la senda de santidad y fe que fue trazada en las Escrituras.

lunes, 15 de mayo de 2017

Los Ministerios de Dios Parte VIII

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l. ¿Cómo empezar un ministerio en general?

- Considere sus habilidades naturales, sus talentos desarrollados, su educación y experiencia de vida, y los dones que Dios le ha concedido. Esté atento al Espíritu de Dios en cuanto al primer ministerio que quiere que usted desempeñe. A través de su ministerio usted posiblemente va a servir a Dios y a las personas en muchas maneras. Por eso estudie y profundice los recursos existentes relacionados con su ministerio y ponga en práctica lo aprendido.
- Quisiéramos que todo el mundo respetara nuestro ministerio, pero igual como la gente rechazó el mensaje de Cristo, y aún al Salvador mismo, usted también experimentará el desprecio del mundo (esto es parte del costo de servir a Cristo). Lo más común es que las personas más cercanas (familiares,  hermanos en la fe y amigos) no entiendan lo que quiere hacer y no apoyen sus esfuerzos. En esos momentos, acuérdese que usted fue llamado por Dios a servir y que no lo llamó el hombre. Póngase a trabajar; póngase a ministrar, y no deje que nadie le detenga ni le desanime. Con el tiempo, ellos verán los frutos de su ministerio (vidas tocadas y transformadas, bendiciones espirituales y materiales, crecimiento y desarrollo).
- Acepte la crítica con gracia (de donde venga) y reconozca que necesita que lo corrijan, que lo orienten, le enseñen, le cierren la puerta (todo esto nos ayuda a crecer); en ocasiones, la crítica puede venir de parte de otros ministros que no comparten su visión pero Dios pondrá siempre a su lado personas que compartan sus experiencias en el servicio; por tanto, júntese con personas positivas que sirven a Dios con integridad, buen testimonio, sana doctrina y con gozo.
- Si hemos de ser criticados, que sea por hacer el bien, y no el mal. Si usted es criticado sin justa causa, Dios conoce su sinceridad; es a Dios a quien tenemos que rendir cuentas por nuestro ministerio. Los que nos aman y nos conocen entenderán nuestro deseo de servir a Dios. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo sufriendo por las malas actitudes de otros. Manos a la obra. Tome la crítica como señal de que su ministerio es efectivo, sabiendo que usted marcha en el poder de Dios. Nada le puede detener. Por eso, ame su ministerio porque Dios es poderoso para bendecir a muchas personas a través de él.


lunes, 8 de mayo de 2017

Los Ministerios de Dios Parte VII

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k. La ordenación de un ministerio

Cada ministerio implica un llamado de parte de Dios, un proceso de formación espiritual y humano, un privilegio de servir a Dios y a las personas, y una responsabilidad ante él y ante los hombres. La ordenación que se realice en la iglesia local marca un reconocimiento público del llamado y de la vocación de un ministerio; la ordenación marca solo el principio de un proceso de educación, entrenamiento y discipulado en los temas que requiera el ministerio a fin de prepararse mejor; por ende, deben exigirse requisitos bíblicos y espirituales a quienes son candidatos a participar de un ministerio.

Para ser considerado para la ordenación a cualquier ministerio:

- El candidato tiene que dar un testimonio claro y genuino de su conversión a Cristo. El creyente ha tenido un encuentro con Dios y ha pasado de la condición de estar “perdido en pecado” a una condición de “salvo por gracia” mediante la fe en Jesucristo. Obviamente, su fe debe estar demostrada por un momento de convicción, arrepentimiento y decisión, dando evidencia de una vida nueva en Cristo y bautizándose en las aguas por obediencia a Cristo.
- El candidato debe ser primero un miembro en plena comunión de la iglesia, comprometido con Cristo y con la visión y la doctrina bíblica que la iglesia local posee; de lo contrario, ¿cómo podrá ser representante de Cristo en su servicio si no ha demostrado su fidelidad a él? Y ¿cómo podrá ser representante de la iglesia con la cual dice identificarse si no está de acuerdo con los principios que la iglesia cree, practica, proclama y defiende?
- El candidato tiene que dar un testimonio comprensible y convincente de su llamamiento al ministerio. Debe tener absoluta seguridad de haber recibido dirección del Espíritu Santo, debe tener experiencias de vida que confirmen su llamamiento, debe demostrar un compromiso serio y una conciencia clara de la responsabilidad requerida para cumplir con el ministerio.
- El candidato debe contar con el apoyo del liderazgo de la iglesia local y de hermanos de buen testimonio y madurez en Cristo que conocen su vida y su caminar con Dios.
- El candidato debe enfocar su llamamiento a los servicios que la iglesia local puede apoyar en principio y práctica; por ejemplo, colaborador, ayudante en diferentes áreas, portero, contador, tesorero, educador cristiano de niños, adolescentes, jóvenes o adultos, visitador, evangelista, misionero, consejero cristiano, diácono, músico, cantor, líder, pastor, entre otros. Hay que estar dispuesto a servir en las actividades más sencillas como en las que representen mayor responsabilidad o complejidad. Aquí se prueban las verdaderas motivaciones de los creyentes que quieren servir.
- El candidato tiene que haber recibido una preparación bíblica, espiritual y humana, en conjunto con una experiencia suficiente en el área de su ministerio.
- El candidato debe tener una disposición continua para seguir educándose y perfeccionándose para el ministerio, estudiando la Palabra de Dios y valiosa literatura cristiana que realmente le puede enriquecer en todos los aspectos del ministerio. Si usted habla de Dios y sirve en su reino, es necesario que conozca íntimamente su Palabra. Hay que meditar en ella a diario para conocer al Maestro y poder compartir su mensaje a este mundo. Guarde la palabra en su corazón para no pecar contra Dios.

En todos estos aspectos, es responsabilidad de la iglesia local y del liderazgo, el construir todos los espacios de formación necesarios para cada ministerio; además, debe seleccionar, adquirir, preparar y ofrecer todas las herramientas, libros y materiales didácticos que contribuyan a la excelencia ministerial. Así pues, cada ministerio debe formar una biblioteca de literatura cristiana que incluya comentarios bíblicos y libros de teología.

El propósito de esta serie de libros sobre Principios y doctrinas de la Biblia y las series que hacen parte de la formación espiritual y ministerial en la IGLESIA CRISTIANA SIÓN es aportar todos los recursos posibles para edificación de la Iglesia de Cristo.

PARA REFLEXIONAR
- A través de su ministerio futuro, acuérdese siempre de su deseo de servir a Dios. Ese es el motivo más puro y noble que le puede sostener en los tiempos difíciles y usted debe guardar ese principio como la medida de su ministerio. Ame el ministerio que Dios le ha encomendado. Dios le puede llevar por caminos y experiencias no previstas ni imaginadas. Servimos un día a la vez, muchas veces sin entender los propósitos de Dios, ni entender el impacto que tenemos en las vidas de otros, pero llegará el día en que podremos mirar hacia atrás y ver que sí hemos logrado algo de valor. Sienta satisfacción de sus logros, porque fueron bendecidos por Dios. Ame su ministerio, porque Dios está en ello.
- Dios en su infinita sabiduría sabe por qué le ha llamado al ministerio. Quizá usted no puede entender la razón, pero Dios le escogió antes de que naciera. Quizás su vida ha sido difícil, y usted ha sufrido carencias, desprecios, adversidades, abusos o maltratos. En todo eso Dios nunca se olvidó de usted, y le ha amado, y ahora le ha llamado a ser un instrumento de honra y bendición en su reino.
- Si Dios le ama y le valora tanto, usted mismo debe quererse y cuidarse. Ámese a sí mismo para que cuando usted cumpla el mandato "de amar a tu prójimo como a ti mismo", realmente tenga sentimientos valiosos que dar. No importa si en su pasado hubo derrotas, errores o pecados. Dios le ha perdonado y ahora le ha apartado para su servicio. Ame su ministerio porque es señal de que Dios le ha santificado.
- Las personas que ya hacen parte activa del ministerio deben reconocer, valorar, apoyar y estimular la ordenación de otros compañeros y compañeras en el ministerio; debemos evitar los celos ministeriales y rechazar la rivalidad y la competencia. El equipo ministerial debe procurar siempre la unidad, la cooperación y el respeto mutuo porque todos servimos al mismo Dios y debemos trabajar en su reino con los mismos propósitos: seguir a Cristo de corazón, llevar el evangelio y hacer discípulos a todas las naciones.
- Dios cree en usted y en su ministerio, pero es necesario dar testimonio al mundo y a la sociedad efectivamente. Con ese fin la iglesia local le ha otorgado un Certificado de Ordenación o una licencia ministerial. Son distinciones humanas, pero Dios las puede usar para respaldar su ministerio ante la gente.
- Si en algún momento se establece el uso de un carnet de identificación para eventos o para actividades que así lo requieran, tengamos a mano este documento y hagamos un uso adecuado del mismo, con humildad y respeto hacia los demás. Sin embargo, no se acostumbra presentar credenciales sin que otro lo pida porque esto puede reflejar una actitud prepotente, un deseo de reconocimiento o inmadurez e inexperiencia en el ministerio.

lunes, 1 de mayo de 2017

Los Ministerios de Dios Parte VI



i. ¿Cuál es el perfil bíblico de un ministro de Dios?

- Los ministros que Dios llama son servidores de Dios y de los hombres, y no deben tener intereses personales ni económicos en su llamado porque esto afecta la credibilidad de su ministerio.
- En la época de la iglesia primitiva y cuando fue escrito el NT, el principio espiritual de los creyentes era el servicio como muestra de gratitud a Dios con humildad, entrega, buen testimonio y fidelidad pero lamentablemente, con el paso del tiempo, se ha degenerado el concepto bíblico de servicio y se quiere proyectar una imagen del ministerio como una dignidad que solo representa honra, reconocimiento humano, aplausos, buscar seguidores, tener servidores, explotar a otros económicamente y una larga lista de conductas semejantes, y lo que menos quieren muchos de esos mal llamados “ministros de Dios” es servir a la gente porque les encanta ser servidos, adulados, enaltecidos y puestos en un pedestal.
- Cada ministerio que Dios otorga a la Iglesia es un regalo pero hay muchos que creen estar por encima de los demás o se creen de una categoría superior debido a un ministerio. Obviamente, Dios delega autoridad espiritual en la Iglesia para darle un orden a cada congregación y es necesario que exista una organización y un liderazgo definido que guíe a otros conforme a las Escrituras pero esto no representa que un ministro es superior o que pueda hacer y decir todo lo que quiera en nombre del Señor.
- El hecho de que Dios nos escoja para un ministerio en particular debe ser motivo de alegría y gratitud porque es un privilegio y una honra pero también implica respeto y compromiso porque seremos evaluados por los hombres a quienes servimos y por el Señor que nos llamó a desempeñar tal responsabilidad. Todos somos indignos de servir al Señor, de trabajar en su reino y de cumplir su plan pero él ha tenido confianza en nosotros y nos ha tenido por dignos al ponernos en un ministerio (1 Tim. 1:12), nos ha equipado para un propósito y debemos ser acordes con su designio. Si él nos dio la oportunidad de servir en algún aspecto, entonces hagámoslo con amor y humildad porque de seguro seremos recompensados abundantemente por su gracia, pero si lo hacemos con arrogancia, prepotencia, codicia, malos tratos y demás actitudes anticristianas, de seguro los hombres perderán la credibilidad en nosotros y Dios mismo traerá juicio en su tiempo.
- Dios es quien capacita y equipa a los creyentes y claramente utiliza a otros creyentes que faculta y prepara para este fin, pero jamás debemos pretender ser dueños o señores de la grey de Dios (1 Ped. 5:3).
- La Biblia nos enseña que la naturaleza de la Iglesia de Cristo en el NT se basa en un vínculo de hermandad que tenemos como el cuerpo de Cristo, donde él es la cabeza y todos nosotros somos miembros cada uno en particular; no hay superioridad en ninguno, sin importar el ministerio, las capacidades, los dones y los resultados que Dios le permita desarrollar a un creyente.
- Los requisitos que Pablo estableció bajo la dirección de Dios para ser diacono no difieren mucho de las correspondientes al Obispado (1 Tim. 3:1-13), pues en ambos casos la posición de responsabilidad demanda un perfil adecuado para ser útil al Señor, a una congregación y a todo aquel que se encuentre alrededor (familiares, amigos, conocidos y desconocidos).
 
En general, miremos algunas características de un verdadero ministro de Dios (sin importar qué ministerio tiene o qué reconocimiento alcanza):

- Está dedicado a Dios y hace su voluntad (Sal. 103:21).
- Tiene buena voluntad para servir (2 Co. 9:1).
- Sigue el ejemplo de Cristo (Jn. 12:26).
- Es honrado por Dios (Jn. 12:26).
- Sirve de todo corazón (Jos. 22:5).
- Sirve a Dios en espíritu: de lo profundo y no superficialmente (Fil. 3:3).
- Es sincero, íntegro y santo (2 Cor. 11:15).
- Reconoce a Dios y le sirve con corazón perfecto (1 Crón. 28:9).
- No es infalible pero anda en el camino de la perfección y la integridad (Sal. 101:6).
- Tiene temor reverente, amor y obediencia hacia Dios (Dt. 10:12).
- Es fiel (Col. 4:7).
- Ora, intercede y gime en el altar de Dios (Jl. 1:13).
- Está nutrido con la Palabra de Dios (1 Tim. 4:6).
- Es capacitado y equipado por Dios (Ef. 3:7).
- Es competente en su servicio (2 Co. 3:6).
- Su servicio es una ofrenda para Dios (Rom. 15:31).
- Sirve con amor a los demás (Gál. 5:13).
- Agrada a Dios y es aprobado por los hombres (Rom. 14:18).
- Su servicio es a favor de los hombres pues no persigue intereses egoístas (Heb. 1:14).
- Su grandeza es el servicio, no una posición o un título (Gn. 25:23).
- Se pone por debajo de los demás para servirles (Lc. 22:27).
- Sirve al Señor con toda humildad, afrontando menosprecios y dificultades (Hch. 20:19).
- Sirve a Dios continuamente y sin desmayar (Ap. 7:15).

j. ¿Qué propósitos tiene Dios con cada ministerio?

La Biblia muestra que Dios siempre ha levantado ministerios, tanto en el AT como en el NT, y su prioridad ha sido beneficiar a su pueblo a través de los mismos. Revisemos qué propósitos tiene el Señor en este sentido:

- Edificar o construir el cuerpo de Cristo (Ef. 4:12). Este es el mayor objetivo y se aplica a todas las formas de ministerio en la Iglesia.
- Perfeccionar a los creyentes para la obra del ministerio (diakonia). El objetivo de cada ministerio es que los miembros de la iglesia estén debidamente perfeccionados y equipados. La palabra que usa Pablo para perfeccionar es katartizein. Esta palabra se usaba en cirugía con el sentido de colocar un miembro roto, o poner en la debida posición una articulación. En el gobierno se usaba con el sentido de acercar o unir posiciones opuestas para que éste pudiera proseguir su labor. En el NT se usa para remendar las redes (Mr. 1:19), y para disciplinar a un ofensor para que vuelva a ocupar su puesto en la comunión de la iglesia (Gál. 6:1). La idea básica de la palabra es la de poner algo en las condiciones debidas. Por tanto, la función de cada ministerio en la iglesia es asegurarse de que los miembros sean instruidos, guiados, cuidados, buscados cuando se desvían, para que lleguen a ser como Dios quiere. En otras palabras, su finalidad es comprobar que el cuerpo de Cristo es edificado y no debe promover confusión, caos, desorden o discordia, sino velar por el bienestar espiritual de los creyentes en el reino de Dios.
- Fomentar la madurez de los creyentes (Ef. 4:13). Los miembros de la Iglesia deben alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo, que su carácter sea formado en cada creyente; en otras palabras, se deben formar hombres y mujeres que sean un claro reflejo de Jesucristo mismo en donde quiera que estén (dentro y fuera del contexto de la iglesia).
- Estimular la unidad en la fe y el conocimiento pleno. Cada ministerio debe cuidar la iglesia de divisiones; mediante el ejemplo, la enseñanza, la ayuda mutua y el amor de Dios, debe fomentar una unidad entre los miembros cada vez más sólida.
 - Brindar estabilidad espiritual y doctrinal a la Iglesia de Cristo (Ef. 4:14). Los miembros de la iglesia deben lograr un pleno desarrollo. La iglesia no se debe contentar nunca con una condición mediocre; por eso, cada ministerio debe ser un modelo a seguir en cada área de la vida.
- Proveer una enseñanza fiel de la verdad divina.
- Movilizar la actividad de cada miembro del cuerpo de Cristo. El ministerio cristiano es carismático, pues es un don espiritual y sobrenatural, cuyo ejercicio da testimonio de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Si reina la armonía el crecimiento es seguro, en la actividad propia de cada miembro.

En las epístolas paulinas aparecen diferentes formas que puede adoptar este ministerio, y es notable que cada lista incluya funciones administrativas al lado de otras más evidentemente espirituales. En Rom. 12:6-8 tenemos profecía, servicio (diakonia), enseñanza, exhortación, reparto (limosnas), el presidir (administrar, liderar, coordinar) y la realización de actos de misericordia (visitar los pobres y los enfermos). En 1 Cor. 12:28, 29 Pablo habla de apóstoles, profetas, y maestros junto a los dotados con poder para obrar milagros, curar enfermos, ayudar, administrar o hablar en lenguas. El mismo Pablo menciona en Ef. 4:7-16 apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, todos los cuales trabajan para perfeccionar a los santos en su servicio cristiano, de modo que toda la Iglesia pueda crecer en relación orgánica con su divina Cabeza que es Cristo.

Los diferentes dones que aparecen en los pasajes mencionados son más bien funciones o maneras de servir, antes que cargos regulares y estereotipados; una misma persona podía actuar en diferentes capacidades, pero su posibilidad de cumplir cualquiera de ellas dependía de la guía del Espíritu Santo. En realidad, todos los cristianos han sido llamados a ministrar, en sus diversas capacidades (Rom. 15:27; Flm. 13; 1 Ped. 2:16), y es para dicho ministerio que los preparan los ministros de la palabra (Ef. 4:11-14). Aquí vemos que se pone el acento en el ministerio de la palabra (porque la Biblia es el centro de todo), pero el fruto de tal ministerio es el servicio mutuo en amor.