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Este blog ha sido creado para brindar un espacio donde queremos compartir el mensaje de la Palabra de Dios mediante diversas herramientas: texto, audio, video, entre otras.

La Iglesia Cristiana Sión tiene como misión el predicar el evangelio a toda criatura y en todas las naciones. Además, la tarea es hacer discípulos auténticos que sigan a Cristo y reflejen su carácter.

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lunes, 27 de julio de 2015

El sostenimiento financiero de la iglesia local Parte I


Introducción
La Iglesia de Cristo en la tierra no es una religión ni una denominación sino que es el conjunto de creyentes salvos y nacidos de nuevo por la fe en Cristo y su obra en la cruz, y que por el conocimiento y la vivencia de la palabra de Dios se han convertido de corazón a Cristo, le siguen y buscan hacer la voluntad de Dios. Por otro lado, existen iglesias y comunidades cristianas en donde los creyentes en Cristo comparten su fe, oran juntos, adoran a Dios, estudian la Biblia y se estimulan mutuamente para crecer en la vida espiritual (en casas, en lugares públicos, en locales, en templos construidos, etc.). En este aspecto, Dios llama a hombres y mujeres que son salvos y nacidos de nuevo para ejercer un ministerio (servicio) para predicar el evangelio y hacer discípulos, conformando estas comunidades en diferentes lugares.

Esta labor obviamente tiene costos por la necesidad de invertir tiempo y esfuerzos, elaborar y adquirir material didáctico, comprar implementos de trabajo y equipos adecuados para realizar la gran comisión que Cristo nos encomendó y cumplir con todos los propósitos de la Iglesia en la tierra. Por ende, cada creyente y cada iglesia deben asumir el compromiso integral de llevar el evangelio a todo lugar: “… Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).

Mientras estemos en esta vida necesitaremos del dinero para subsistir, y para la administración de la iglesia también es necesario hablar de lo económico. Lamentablemente, este tema ha sido el centro de muchos malentendidos, abusos y prácticas anti bíblicas que afectan el buen nombre del evangelio y es motivo de escándalos y malos testimonios de personas que dicen predicar la palabra de Dios pero que su interés es convertir el evangelio en un negocio.

Valga decir que una iglesia, un hombre o una mujer que predica el evangelio por dinero y para enriquecerse, ha perdido el verdadero sentido del Cristianismo y no es digno de llamarse hijo de Dios o servidor de Dios porque no se puede servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo.

Jesús dijo: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lc. 16:13).

Jesús no predicó por dinero y su prioridad no era recibir beneficios económicos de sus oyentes aunque recibió el apoyo financiero de muchos de sus seguidores para su sostenimiento y el de sus discípulos; asimismo hicieron todos los apóstoles y ministerios que honraron a Cristo en el N.T. Por consiguiente, si yo digo que sigo a Cristo, debo predicar solo por amor a la gente que necesita recibir su salvación y aprender a vivir en la voluntad de Dios; entonces, el Señor se encargará de poner en el corazón de las personas el deseo de contribuir con un ministerio llamado por el Señor. No obstante, las bendiciones que Dios me de en lo material siempre deben estar en un segundo plano; el día que yo ponga lo material por delante, mi corazón ha convertido al dinero en un ídolo y en un tropiezo para ser integro delante de Dios y delante de la gente.
  
Leamos las palabras del apóstol Pablo con respecto al que predica el evangelio: “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Tim. 6:3-10). 

La codicia es uno de los pecados que Dios reprueba en los 10 mandamientos: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éx. 20:17).

El mismo Pablo dice que el avaro es idólatra y que no tendrá entrada al reino de los cielos: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5:5, 6).

Si Pablo habla esto con respecto al pecado de la codicia, cuánto más vendrá el castigo de Dios si el que codicia lo hace en relación con la predicación del evangelio.

“y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Ped. 2:3).

Alguien dijo: “el que predica el evangelio por dinero, lo único que le espera es el infierno”. Estas palabras son fuertes pero son completamente reales porque Dios está airado con aquellas iglesias, denominaciones, concilios, obispos, sacerdotes, pastores, evangelistas y predicadores que tienen como motivación el dinero y no el amor por la gente, el cuidado diligente del rebaño del Señor, la salvación y la santificación de los creyentes, la sana enseñanza de la Biblia y todo lo que representa la edificación del cuerpo de Cristo que es su Iglesia.

Este estudio tiene como objetivo principal el exponer cuál es el método bíblico correcto en relación con el Nuevo Pacto de Cristo, para el sostenimiento de cada iglesia local que se dedica a difundir el evangelio de forma seria y trasparente ante los ojos de Dios y ante la mirada de la gente que espera confirmar los valores fundamentales del Cristianismo en aquellos que dicen seguir a Jesús.

Una iglesia local centrada en la Biblia está conformada por hombres y mujeres que se identifican con una visión de trabajo en la expansión del reino de los cielos; una iglesia local enfocada en Cristo está ubicada en un sector específico en donde se desarrolla un programa de evangelismo y discipulado de acuerdo a la voluntad de Dios.

Cada iglesia o comunidad necesita establecer normas, reglas y un sistema administrativo coherente con la Biblia para funcionar; algunas iglesias cuentan con un grupo de pastores, otras tienen un pastor principal y otras tienen una junta de creyentes considerados idóneos que presidir la congregación.

Con respecto a la administración financiera, se habla de los diezmos y las ofrendas pero hay diversidad de opiniones acerca de estos dos conceptos en la Biblia, y se discute mucho acerca de cómo debe aplicarse a la Iglesia de Cristo en el N.T.

Quienes enseñan la práctica del diezmo suelen ser reconocidos en sus iglesias como personas preparadas para enseñar la Biblia y los miembros de estas congregaciones confían en su capacidad para interpretar el tema del diezmo. Estos predicadores suelen entender que ya no vivimos bajo la Ley de Moisés pero su enseñanza sobre el diezmo es errónea porque aplican este concepto a la Iglesia de Cristo de forma incorrecta, usando muchos pasajes de la Ley que hablan del diezmo; por eso surge la pregunta: ¿en que se basan estas personas para solicitar el diezmo a su membrecía si ya no vivimos bajo la Ley de Moisés?

Si hacemos un estudio sistemático y objetivo de la Biblia vamos a encontrar referencias del A.T. y del N.T. sobre cómo fue el sostenimiento del culto a Dios antes y durante la Ley de Moisés en el A.T., y cómo fue el sostenimiento del ministerio de nuestro Señor Jesucristo, de los apóstoles y de la iglesia del primer siglo en el N.T. Esta información nos proporcionará argumentos claros y precisos en el momento de elegir un sistema administrativo y de gobierno en la iglesia local que armonice con las Escrituras, que sea de buen testimonio al mundo y que brinde confianza al pueblo de Dios para apoyar con sus finanzas una iglesia local y un ministerio cristiano que sea de sana doctrina, de ejemplo y de frutos genuinos de santidad, justicia, amor y servicio a la gente; sin embargo, este aporte económico debe ser siempre de forma voluntaria y consciente para el extensión del reino de Dios y no debe estar basado en interpretaciones personales y erróneas de la Biblia.

En las próximas publicaciones se ampliará más este tema...

domingo, 26 de julio de 2015

La Iglesia de Cristo Parte XIV


- La Iglesia del Señor no debe promover la constitución de megaiglesias

Cada vez más, el anhelo de muchos llamados pastores es llegar a tener multitudes de miles de personas en su iglesia y dicen que esto es éxito ministerial; sin embargo, hay un fracaso en la labor pastoral que la Biblia enseña y se va perdiendo la visión espiritual de pastorear a la gente; ante esto, muchos se van de la iglesia porque no hay un cuidado pastoral y otros buscan una iglesia diferente en la cual reciban lo que realmente necesitan.

En una megaiglesia, debido a la cantidad de creyentes, se hace muy difícil realizar el trabajo pastoral integral que consiste en: pastorear a cada miembro de la congregación, visitar oportunamente a las personas, ser consejero efectivo de sus problemas individuales y familiares, ser guía en el estudio de la Biblia y la oración, impartir consuelo al afligido, ser sembradores de la Palabra de Dios en nuevos lugares, orar por los enfermos, animar a los débiles, motivar a cristianos fieles a servir a Dios, etc.

Lo que el N.T. evidencia y apoya es la constitución de iglesias en diferentes sitios para alcanzar a mayor número de personas; así pues, el trabajo debe estar enfocado en establecer una iglesia local en cada barrio, sector, pueblo y municipio, donde haya un pastor o un equipo pastoral idóneo para servir a las personas que se convierten a Cristo y para formar siempre nuevos discípulos.

Una megaiglesia podría tener miles de “asistentes” (no necesariamente discípulos de Cristo), y podría recaudar fondos y recursos muy grandes (dando lugar al enriquecimiento de quienes están al frente). Todo esto aumenta el riesgo de corrupción para el corazón de un ministro o de un equipo de ministros que no están fundamentados en seguir el ejemplo de Cristo para servir con sencillez y amor por la gente.

Por otro lado, una iglesia bíblica es una congregación de creyentes que comparten la Biblia, oran juntos, adoran a Dios, tienen compañerismo y se edifican mutuamente en Cristo (pero su fin no es crecer en abundancia ni perseguir la riqueza sino hacer la voluntad perfecta de Dios). Igualmente, una iglesia bíblica es pastoreada por ministros convertidos de verdad al evangelio, nacidos de nuevo, fieles a las Escrituras, que alimentan a los creyentes con la palabra de Dios, que velan por el bienestar de cada uno de ellos y estimulan su crecimiento espiritual. Ellos deben trabajar porque Dios los llamó y no por dinero o por fama.

Una megaiglesia es una congregación de creyentes (y en muchos casos, todo tipo de personas no creyentes) en donde resulta casi imposible crear un sentido de comunión interpersonal con la mayoría de los asistentes; así pues, se crean pequeños grupos afines por el lugar donde se sientan en la reunión, al participar en una actividad común, al viajar en el mismo medio de transporte, o en los grupos pequeños de casas.

La cohesión de cuerpo congregacional no se da en torno a la comunión entre los numerosísimos asistentes o en torno a una actividad en donde todos participan simultáneamente y se necesita tener una fuente de unidad que les dé sentido de grupo; por consiguiente, la atención se traslada a la figura del orador principal y su mensaje de predicación, por lo que este líder se vuelve más visible poco a poco, ocupando un lugar preponderante de dominio, autoridad e influencia; normalmente, a este personaje se le designa con un título especial que lo aleja de los niveles de autoridad común y se denomina como una especie de “ungido especial”; algunos de estos títulos incluyen nombres como: PROFETA, APÓSTOL, OBISPO, REVERENDO, PASTOR DE PASTORES, etc. De allí surgen verdaderos monstruos egocéntricos y prepotentes que son idolatrados y defendidos sin dudarlo por muchos de sus seguidores, y a quienes se tiene en una autoridad superior a las verdades de la Biblia y su mensaje de humildad y servicio. Estos líderes “servidores de sí mismos” se vuelven intocables e incuestionables porque tuercen las Escrituras tomando a su favor pasajes fuera de contexto, y estableciendo que nadie les puede contradecir. Por otra parte, ellos difícilmente están disponibles para sus ovejas y hasta el gesto amable de ser saludado por ellos con un apretón de MANOS se considera un verdadero privilegio. A veces son seres esquivos que entran y salen por una puerta exclusiva, escoltados por sus ayudantes (o guardaespaldas) sin dar oportunidad a un contacto auténtico con la gente. Muchas veces permanecen alejados de sus “ovejas” y solo son vistos a la distancia por ellos impuesta.

En la mayoría de estas megaiglesias no se predica la sana doctrina, sino mas bien, doctrinas de hombres, psicología pastoral, prosperidad y éxito, confesión positiva, un mensaje LIGHT del evangelio, la repetición de historias de la vida personal del orador con un continuo uso de los pronombres personales YO, MI, MÍO; además, es común el uso de numerosos chistes y anécdotas en sustitución de versículos de la Biblia; también se hace repetir a los asistentes frases motivacionales prefabricadas, animando a la gente a dar gritos de júbilo, de victoria, a decretar y proclamar, a aplaudir a cada idea que el orador da como su última revelación personal; asimismo, se usa la música como un elemento atractivo previo a la prédica, y se pone un músico detrás del orador principal para darle un tono agradable a sus palabras.

Pocas veces se da a la congregación un informe del movimiento económico de la megaiglesia. Actividades como fiestas de diezmos y primicias, promesas de fe, ofrendas especiales, bazares, pactos, bingos, maratónicas etc. generan hasta millones de pesos en ingresos libres de impuestos, que por lo general no tienen una causa noble en la cual usarlos y muy pocas veces se destinan al servicio de las necesidades de lo más pobres o enfermos de la iglesia o fuera de ella y mucho menos para la extensión del reino de Dios en programas serios de evangelismo y discipulado; no obstante, es claro que la lujosa residencia del líder, sus nuevos carros, su costosa ropa, sus hobbies, sus supuestos “viajes misioneros”, sus giras ministeriales, los excesos, las excentricidades, los gastos de los hijos y de las hijas del líder, etc. explican el uso indebido del dinero.

Por último, es importante recalcar que estas megaiglesias no tienen como objetivo primordial predicar el evangelio de la salvación en Cristo ni pastorear la vida de sus miembros, sino extender el área de influencia de su denominación y liderazgo, ofreciendo COBERTURA a iglesias, denominaciones y pastores, creando REDES con diferentes nombres; las más comunes hoy llevan el título “apostólico, profético e internacional”. Y por esa “COBERTURA” estas MEGAIGLESIAS LES “COBRAN MEMBRESIA” (o diezmo de diezmos) QUE ES COMO DAR UNA FRANQUICIA DE SU NOMBRE DENOMINACIONAL.

Se hace promoción por todos los medios disponibles de las conferencias, eventos y literatura producida por sus líderes, sin escatimar esfuerzos; sin embargo, se deja de lado la difusión de la Biblia como única verdad confiable.

Todo lo escrito en este estudio tiene fin tocar un tema que pocas veces se trata por temor a incomodar a estos IMPERIOS PSEUDO-CRISTIANOS, y que se está volviendo una verdadera epidemia en la actualidad. Por eso, muchos creyentes están saliendo y seguirán saliendo de estas organizaciones en donde sus líderes son mercaderes y negociantes de la fe, para buscar iglesias que realmente tengan un perfil bíblico y un buen testimonio porque dependen de Dios por la fe y no de un sistema humano que busca dinero a como dé lugar. 

Mi oración es que Dios levante más servidores honestos que reflejen el carácter de Cristo para dar a conocer su nombre, su palabra y su obra en la cruz y no el nombre de una organización o de un líder. Solo en Cristo y en la Biblia la gente podrá encontrar salvación, vida nueva y verdad para hacer lo que Dios desea, pero aquellos que no sirven a Cristo sino a sus intereses, quedarán en evidencia y en vergüenza delante de Dios y delante de los hombres. 

sábado, 25 de julio de 2015

La Iglesia de Cristo Parte XIII


e. ¿Qué propósitos no debe tener la Iglesia del Señor?

Muchas iglesias cristianas modernas tienen tendencias y modas que contradicen los principios esenciales del evangelio en su afán de llegar supuestamente a más personas pero están perdiendo la identidad con Cristo; miremos algunas de ellas:

- La Iglesia del Señor no fue llamada a realizar shows o espectáculos de entretenimiento

Cristo no nos llamó a entretener a la gente o a complacer sus gustos. Nuestra prioridad es predicar la palabra de Dios y fomentar un ambiente de respeto y reverencia en la presencia de Dios, promover oraciones acordes con las Escrituras y estimular el desarrollo de discípulos que reflejen el carácter de Cristo.

Muchas iglesias hacen un sinnúmero de actividades que atraigan la atención de niños, jóvenes y adultos con nombres llamativos y con espectáculos innovadores pero han perdido la esencia de la vida cristiana: Cristo y su palabra. Jamás debemos olvidarnos que en el ámbito espiritual el que atrae es Cristo y no una actividad… es la Biblia y no una estrategia humana… es la presencia de Dios y no un espectáculo agradable al oído y al ojo humano. Con esto no quiero decir que no sea importante la planificación, el orden, la excelencia y la creatividad pero no podemos confiar en nuestras habilidades para mover a las personas; debemos orar, pedir dirección de Dios, estudiar la Biblia, prepararnos espiritualmente y considerar las necesidades prioritarias de la gente para que con base en estos aspectos, cumplamos con todos los propósitos de Cristo, usando todas nuestras habilidades de forma apropiada. Si algo nos distrae o nos desvía de esto, es mejor no hacerlo.

Dejemos el entretenimiento para las actividades por fuera de la iglesia; si los creyentes quieren ir a diferentes eventos, entonces allí se pueden entretener y divertir sanamente; si quieren salir a pasear y compartir con amigos y familiares, entonces ellos buscarán el lugar más adecuado para hacerlo, siempre y cuando sea un ambiente beneficioso para ellos.

Otra opción es que la iglesia programe con los creyentes actividades de sano esparcimiento en otro contexto (un parque, una finca, un espacio apropiado, una casa, etc.) y allí también se puede compartir de forma adecuada un tiempo de recreación, pero el templo o el lugar en donde el pueblo se reúne a orar, a adorar a Dios y a estudiar las Escrituras, no debe ser usado con el fin de entretener a los creyentes. 

- La Iglesia del Señor no fue llamada a servir de tarima para la exhibición de talentos humanos

Aunque Dios da talentos y dones maravillosos a sus hijos, la iglesia no debe usarse como una plataforma para exhibirnos y mostrarnos delante de otros; antes bien, todo lo que somos, todo lo que sabemos y todo lo que hacemos debe usarse para glorificar a Dios y para servir a los demás (1 Cor. 10:31). Gracias a Dios por las capacidades que nos da pero no debemos buscar la gloria y el aplauso de los demás; Cristo nos llama a ser mansos y humildes de corazón como él (Mt. 11:29).

“Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión” (Rom .12:16).

“Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría” (Pr. 11:2). 

Dios da gracia a los humildes pero mira de lejos al altivo (Sal. 138:6) y los que tienen talentos y capacidades deben esperar el tiempo de honra que da Dios (Ecl. 3:1-10) y no buscar la alabanza de los hombres porque esta actitud daña el corazón (Jn. 12:42, 43).

“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Ped. 5:5-7). 

“Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, vé y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lc. 14:8-11). 

- La Iglesia del Señor no fue llamada a convertirse en un club social

La iglesia es un lugar donde los creyentes pueden conocer al Salvador a través de la Biblia y compartir con los hermanos en la fe pero su propósito no es ser un club social donde la gente viene a conseguir amigos, amigas, novios o novias; sin embargo, podemos hacer amistades perdurables y sanas y hasta conocer a quien podría ser nuestro esposo o nuestra esposa pero esa no debe ser nuestra prioridad como creyentes sino que Dios tiene el control de todo y va guiando a sus hijos para tomar las decisiones correctas y escoger las amistades más convenientes para desarrollar una vida espiritual balanceada y fructífera.

- La Iglesia del Señor no fue llamada a ser una plataforma para la política

Cada creyente es ciudadano y miembro de una nación, y su deber es respetar a las autoridades correspondientes; además, debe procurar siempre el bien para su país y apoyar en todos los aspectos en los que considere que tiene la oportunidad y la capacidad de hacerlo; sin embargo, no es conveniente utilizar el espacio de culto de la iglesia local para promover candidatos a diversos cargos públicos o involucrarse con política. Considero conveniente que cada creyente ejerza su derecho al voto y que lo haga de forma personal, ya que en muchos casos se presentan las siguientes situaciones: compra de votos, búsqueda de beneficios a cambio de votos, falsas promesas y demás asuntos que afectan el buen testimonio del cristianismo porque se relacionan con corrupción y prácticas de dudosa reputación.

- La Iglesia del Señor no fue llamada a ser una plaza de mercado

La iglesia no debe usarse para promocionar todo tipo de productos con un fin comercial; obviamente, hay momentos en los cuales se pueden hacer ventas, actividades para comer y otras estrategias para recaudar fondos para la iglesia local y para otros propósitos pero debe hacerse con moderación y respeto a Dios y a la gente.

Recordemos lo que dice la Biblia acerca de la reacción de Cristo al ver en el templo una plaza de mercado: “Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume” (Jn. 2:13-17). 

- La Iglesia del Señor no fue llamada a ser un negocio

La salvación del alma y el evangelio de Cristo son gratuitos y nadie debe cobrar por predicar la palabra de Dios ya que esto sería un irrespeto a la santidad y al amor de Dios. Así pues, la Iglesia de Cristo no es una empresa ni un negocio; mucho menos debe haber una motivación de enriquecerse a través de la fe y la piedad de la gente que busca de Dios. Lo único que Dios nos enseña en la Biblia es el principio de dar con alegría, de corazón, generosamente y voluntariamente; cada creyente debe aprender estas lecciones a través de la Biblia para servir a los demás en momentos de necesidad y para apoyar el cumplimiento de la Gran Comisión de Cristo mediante ministerios que están dedicados a trabajar en este sentido con buen testimonio, con una vida de ejemplo y amor, siguiendo el modelo de Cristo.

viernes, 24 de julio de 2015

La Iglesia de Cristo Parte XII


- La Iglesia de Cristo debe ser un instrumento para restaurar, liberar y sanar a los quebrantados

La iglesia es un lugar de refrigerio para los sedientos (Is. 44:3; 55:1; Mt. 5:6). Cristo es la fuente y es el manantial que sacia el corazón de todo ser humano; por ende, como creyentes debemos presentar al único que satisface y llena el alma de gozo, paz y amor genuino.

De igual forma, en la iglesia de Cristo hay liberación para los atormentados y cautivos porque el Señor es el libertador y el restaurador de toda vida (Jn. 8:32, 36; Hch. 10:38; 1 Jn. 3:8). Todo aquel que se acerca a Cristo y conoce la verdad de su palabra, es verdaderamente libre.

Por otra parte, la iglesia es un lugar donde la gente puede recibir sanidad física, emocional y espiritual (Is. 61:1; Lc. 4:18; Mr. 16:18; Stg. 5:14-16).
  
- ¿Por qué es importante congregarnos en un lugar de forma constante?

La respuesta a esta pregunta está directamente relacionada con los propósitos que Cristo estableció para su Iglesia y si no tenemos el buen hábito de congregarnos con otros hermanos en la fe, entonces será difícil que cumplamos con el plan completo que el Señor trazó para su pueblo. En resumen, un creyente que se congrega de forma regular en una iglesia de sana doctrina, prácticas bíblicas y buen testimonio, podrá tener una mayor oportunidad de crecimiento y experiencia en los siguientes aspectos:

* Participación en la oración y la adoración pública con otros creyentes.
* Comunión con Dios y con su presencia.
* Compañerismo y comunión con otros creyentes.
* Formación en valores y principios bíblicos que pongan en alto el buen testimonio 
del evangelio para ser un ejemplo digno de imitar.
* Participación en un estudio serio de la Biblia.
*  Entrenamiento eficaz en la defensa de la sana doctrina.
* Compromiso en el evangelismo y el discipulado.
* Desarrollo en el ministerio que Dios le encomendó como cristiano.
* Servicio a los demás para ayudar, restaurar, liberar y sanar a los quebrantados

Todo esto favorece un crecimiento integral en la vida del cristiano pero cuando el creyente no se congrega con regularidad pierde estos beneficios que Dios concede a su pueblo al vivir constantemente en compañerismo y unidad.

El consejo de Dios para nosotros es: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Heb 10:23-25).

jueves, 23 de julio de 2015

La Iglesia de Cristo Parte XI



- La Iglesia de Cristo debe favorecer el compañerismo y la comunión de los creyentes

Cada vez que los creyentes se reúnen y comparten en oración, intercesión, alabanzas, estudios bíblicos y momentos de comunión y compañerismo, hay bendición y vida eterna de parte de Dios.

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna” (Salmo 133).

Como Iglesia, nosotros somos llamados hermanos en Cristo e hijos de Dios y por tanto, somos la familia de Dios; así pues, debemos estar en contacto y en comunión de forma continua.

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Ef. 2:19).

La iglesia es un lugar de compañerismo, donde los cristianos pueden conocerse mutuamente, entender y apoyar sus necesidades, convivir fraternalmente, amarse los unos a los otros (Rom. 12:10; 1 Jn. 3:11), instruirse unos a otros (Rom. 15:14), escucharse y estimularse para crecer espiritualmente, siendo benignos y misericordiosos (Ef. 4:32), animándose y edificándose (1 Ts. 5:11; Gál. 6:2).

Asimismo, la iglesia es un lugar donde los creyentes pueden celebrar la Cena del Señor, recordando la muerte de Cristo y su sangre derramada por nosotros (1 Cor. 11:23-26). El concepto de “partir el pan” (Hch. 2:42) también conlleva la idea de comer juntos. Este es otro ejemplo del compañerismo que debe ser promovido en la Iglesia de Cristo.

La iglesia está diseñada también para equipar a los creyentes en Cristo con las herramientas espirituales que ellos necesitan para vencer al pecado y permanecer libres de la contaminación del mundo. Esto se logra por la oración personal y comunitaria, por el estudio y la enseñanza bíblica y por el compañerismo cristiano (Ef. 5:1-20).

La unidad del cuerpo de Cristo no es sinónimo de ecumenismo, el cual consiste en la unidad de diferentes iglesias y religiones sin importar sus creencias o sus prácticas. El término ecumenismo viene del latin oikoumene que significa «lugar o tierra poblada como un todo». Esta palabra fue usada en el Imperio Romano para referirse a la totalidad de las tierras conquistadas y esto es lo que se busca: ejercer un dominio político y religioso sobre los creyentes que han sido regenerados por la gracia de Dios en las Sagradas Escrituras.

Los cristianos que tienen un perfil conservador y que conocen las Escrituras jamás sacrificarán los principios bíblicos y la lealtad a las demandas de Dios para procurar unidad entre personas de cualquier iglesia, denominación o religión (sea cristiana o no, sea de sana doctrina o no, sea bíblica o no). La razón de esto es que no todos los que creen en Dios, los que leen la Biblia o los que profesan espiritualidad tienen la misma posición frente a Cristo y la voluntad de Dios, y no puede existir una verdadera unidad cuando la doctrina, las creencias, las prácticas y los comportamientos son diferentes al modelo que Dios estableció en su palabra.

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Tim. 2:22). 

“Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Rom. 16:18). 

“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Tim. 6:3-10). 

“Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (1 Cor. 5:9-13).

Como creyentes, somos llamados por Dios a unirnos en la fe y en la comunión con aquellos cristianos que invocan al Señor con un corazón limpio, que no tienen la piedad como fuente de ganancia y que no practican el pecado abiertamente.

Ciertamente, debemos tener una relación pacífica y adecuada con todas las personas, pero lo que Pablo está enfatizando es que no debemos tener comunión espiritual con aquellos cristianos que profesan piedad pero que con sus hechos niegan la eficacia de ella. 

Cristo habló de la unidad de los cristianos y dijo: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Jn. 17:6-8).

Notemos que en este capítulo Cristo hace referencia a sus discípulos y sus características están bien definidas: guardan la palabra de Cristo, reciben su enseñanza y creen de verdad en él. Entonces, si alguien profesa ser cristiano (de cualquier denominación o iglesia) pero no obedece la palabra de Cristo ni cree en él de acuerdo a las Escrituras, no debemos unirnos con este tipo de personas. 

En el mismo capítulo 17, Cristo sigue diciendo: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Jn. 17:9-13). 

La unidad que Cristo pide al Padre para los creyentes fieles a su palabra está basada en la unidad de Cristo y el Padre, la cual es perfecta y no refleja desacuerdos en propósito ni en doctrina. Así pues, el fundamento de la unidad del cuerpo de Cristo es la obediencia integral a sus enseñanzas; de lo contrario, es imposible que seamos uno en Cristo y en el Padre.

“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Jn. 17:14-26) 

En estos versículos vemos que los verdaderos cristianos son aborrecidos por el mundo porque rechazan el mal y se santifican en la verdad divina; asimismo, los que creen en la palabra que ellos predican y siguen a Cristo, tienen el mismo perfil. Por ende, todos los que defienden el ecumenismo y la unidad de las religiones, están desconociendo que Cristo es radical para delimitar quiénes son sus verdaderos discípulos y cuáles son sus características.

Lamentablemente, las religiones, las iglesias y los predicadores que buscan el ecumenismo no quieren ser aborrecidos sino aplaudidos por el mundo y esto se demuestra en su forma de vivir y en lo que enseñan; para poder unirse a otros que profesan todo tipo de doctrina y conducta anticristiana (porque está en contra del ejemplo y la enseñanza vertical de Cristo) ellos tienen que callar el mensaje de arrepentimiento y obediencia a la Biblia para limitarse a hacer oraciones bonitas, eventos de música cristiana y actividades relacionadas con la fe en Dios, pero en donde no hay una exposición pública de todas las verdades esenciales de la Biblia.

No quieren ofender a la gente predicando en contra del pecado y en contra de tradiciones religiosas anti bíblicas pero sí quieren ser elogiados por tener el supuesto valor de buscar la unidad del cuerpo de Cristo. Esto es vergonzoso y abominable ante los ojos de Dios.

martes, 21 de julio de 2015

La Iglesia de Cristo Parte X



- La Iglesia de Cristo debe disfrutar de la comunión con Dios y de su presencia

La Iglesia de Cristo tiene comunión constante con él en oración, en contacto permanente con la Biblia, leyendo, confesando, practicando y honrando sus principios. Además, la presencia de Dios es una de las bendiciones que reciben los creyentes salvos y fieles, pero la ausencia de la presencia de Dios es sinónimo de un corazón alejado de él y muerto. Sin embargo, la gracia de Dios es tan grande que deja sentir su presencia aún en aquellos que viven en desobediencia a su palabra según la misericordia de Dios; por ende, no debemos confundirnos ni sorprendernos porque Dios en su soberanía se manifiesta para testimonio en cualquier lugar y esto no significa que Dios apruebe a todas las personas que se beneficien de su gracia. Solo los frutos de un verdadero arrepentimiento, la enseñanza sana de la Biblia y el buen testimonio en una iglesia o en un predicador deben ser la medida para entender quién es de Dios, quién le honra y es fiel, y quién no. Seamos maduros en este sentido porque no todo el que habla de la Biblia o dice seguir a Cristo vive según la voluntad de Dios.

Nuestro deber como Iglesia de Cristo es marcar la diferencia con los que profesan una fe falsa y opuesta a la verdad divina, pero su presencia siempre será un deleite para su pueblo fiel.

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal 27:4). 

La presencia de Dios no debe pasar desapercibida sino que debe ser parte importante en cada reunión celebrada en la iglesia local; de hecho, la promesa del Señor fue estar presente en cada lugar en donde se reúnen en su nombre. 

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20).

Cuando estamos reunidos en el nombre del Señor y en su presencia, suceden cosas maravillosas: los pecadores se arrepienten, los quebrantados son ministrados por Dios, los oprimidos son libres, los confundidos son iluminados por la verdad de la palabra de Dios, los que dudan son afirmados en la fe, los desalentados reciben nuevas fuerzas, los enfermos son sanados, los afligidos son consolados, los endemoniados son liberados por el Espíritu Santo, y mucho más. Todo esto ocurre en un ambiente de fe, obediencia a Dios, buen testimonio y orden, pero debemos rechazar todo lenguaje o práctica que represente lo contrario.

- La Iglesia de Cristo debe estimular el desarrollo del ministerio cristiano

Cada creyente es llamado por Dios para ser útil en la tierra en donde quiera que esté y debe mostrar con sus hechos que hay un amor genuino a favor de los demás (en el trabajo, en el estudio, en el hogar, con su esposo o con su esposa, con sus hijos, en el vecindario, en la iglesia, con sus amigos, con sus familiares y con todas las personas). Sin embargo, en la iglesia se pueden realizar diferentes labores como evangelismo, discipulado, oración, intercesión, aseo, arreglos, reparaciones, música, canto, administración, contabilidad, visitación, consejería, entre otras. Por tanto, cada cristiano dedicado al Señor debe descubrir y pedir orientación sobre cuál es su talento, cuál es el don o la habilidad que Dios le llama a poner al servicio de Cristo y de los demás en el ámbito de la iglesia.

En este aspecto, el pastor, los colaborares y la iglesia local deben estimular el desarrollo de cada creyente para que sea una bendición en el lugar que Dios guía y respalda a cada uno.

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Rom. 12:3-8).

La meta principal de cada iglesia debe ser la formación de discípulos de Cristo y la prioridad es que cada creyente se convierta en un instrumento para formar a otros discípulos, predicando el evangelio, compartiendo su fe y enseñando lo que Dios le permite aprender de su palabra; entonces, la Gran Comisión de Cristo será cumplida si cada uno de nosotros se compromete a crecer y a servir a los demás en el amor de Dios. Este es el ministerio que todos los cristianos debemos desarrollar con mayor pasión.

Somos una iglesia con propósito, y tenemos una misión primordial: Ganar, Consolidar, Discipular, Capacitar y Enviar. Nuestra mentalidad es formar discípulos de Cristo y no miembros de silla.

Hemos sido escogidos por Dios con un propósito y es ganar miles de almas y extendernos plantando nuevas iglesias en nuestra ciudad, departamento, país y hasta lo último de la tierra.

Todos los demás talentos, habilidades y dones deben estar al servicio de esta visión que Cristo diseñó para nosotros; si no los usamos con este objetivo, entonces hemos perdido el norte y no sabemos realmente cuál es nuestro llamado como seguidores de Cristo porque el Maestro siempre tuvo como prioridad alcanzar a los perdidos y hacer discípulos comprometidos en su Reino.

Todo lo que somos, lo que sabemos, lo que hacemos y lo que tenemos debe estar dispuesto para Cristo a fin de que la Iglesia de Cristo sea santificada, nutrida, edificada, instruida, entrenada y equipada para ser luz y sal en medio de una sociedad que vive lejos de Dios y que necesita el evangelio que tenemos en nuestras manos y en nuestras vidas.

Por otra parte, nuestro llamado a servir debe considerar las necesidades de la gente a quien predicamos el evangelio y buscar los recursos, las estrategias y la dirección de Dios para mostrar el amor de Cristo. Sin embargo, hay que analizar cada caso en particular porque hay muchas personas que solo buscan beneficios materiales y realmente no les interesa convertirse a Cristo. El Espíritu Santo nos guiará en cómo trabajar en esta área con sabiduría y cuidado.

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Stg. 1:27).

El amor al prójimo y la santidad son principios que hacen a la Iglesia de Cristo diferente y única en el mundo para ser un ejemplo digno de imitar.

domingo, 19 de julio de 2015

La Iglesia de Cristo Parte IX


- La Iglesia de Cristo debe brindar un espacio de oración y adoración pública para los creyentes

Una iglesia local se debe reunir regularmente para orar, buscar el rostro de Dios, interceder a favor de otros, reconocer al Señor, adorarle, exaltarle y proclamar sus virtudes por medio de cánticos espirituales. Sin embargo, la verdadera adoración se expresa también a través de una vida consagrada a Dios, en obediencia a sus principios y mandamientos, en acciones que demuestran el amor a Dios y al prójimo. Así pues, cuando se canta y se alaba de corazón, debe existir una vida práctica y coherente a los valores que se profesan.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:23, 24)

“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Ap. 5:13).

“Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc. 4:8). 

Solo Dios es digno de nuestra adoración; aún Satanás tiene que adorar a Dios y reconocer su autoridad.

En los salmos hallamos variedad de expresiones de alabanza para el Señor y se invita a su pueblo a reunirse y proclamar juntos en comunidad las virtudes del Señor, poniendo su nombre en alto y usando música e instrumentos para su gloria.

“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses” (Sal 95:1-3). 

“Alabad a Dios en su santuario; alabadle en la magnificencia de su firmamento. Alabadle por sus proezas; alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza; alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya” (Sal 150).

Por otra parte, la iglesia debe ser un lugar que promueve, enseña y practica la oración en un ambiente de adoración, exaltación y gratitud para Dios.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:6, 7).

Si revisamos lo que hacía la iglesia de Hechos en el N.T., encontraremos varios propósitos que ellos tenían cuando se reunían como hermanos en la fe y obviamente, uno de ellos era la oración. Todas las iglesias deberían seguir el modelo descrito en el siguiente versículo.

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).