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miércoles, 2 de agosto de 2017

La administración de la iglesia local Parte IV

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A continuación, veamos los términos empleados en el NT para referirse a los líderes de las iglesias locales; el conjunto de todos ellos nos dan una idea precisa de sus funciones:

1. Anciano
- El término anciano tiene un trasfondo judío y procede del AT. Podemos decir que este término tiene la virtud de combinar en sí el entendimiento espiritual maduro y la experiencia (Hch. 11:30; 20:17).
- Los “ancianos” eran un grupo de líderes entre los israelitas desde el tiempo de los libros de Moisés (el Pentateuco). Los encontramos tomando decisiones políticas (2 Sam. 5:3; 17:4, 15), aconsejando al rey (1 Rey. 20:7) y representando a la gente en lo concerniente a asuntos espirituales (Éx. 7:1, 5, 6; 24:1, 9; Núm. 11:16, 24, 25). La primera traducción griega del AT (LXX) usaba la palabra presbuteros para “anciano” Esta es la misma palabra griega usada en el NT que también es traducida como “anciano”.
- El NT menciona varias veces a ancianos que asumían el papel de liderazgo en la iglesia (Hch. 14:23; 15:2; 20:17; Tito 1:5; Stg. 5:14) y aparentemente cada iglesia tenía más de uno, porque generalmente la palabra se encuentra en plural. Las únicas excepciones es cuando se refieren a casos en los que un anciano es mencionado en singular por alguna razón en particular (1 Tim. 5:1, 5:19). En la iglesia de Jerusalén, ellos formaban parte del liderazgo junto con los apóstoles (Hch. 15:2-16:4).
- El Dr. Zodhiates, en su “Diccionario Completo del Estudio de la Palabra: Nuevo Testamento” (The Complete Word Study Dictionary: New Testament) define a este grupo de ancianos así: “Los ancianos de las iglesias cristianas, presbíteros, a quienes estaba encomendada la dirección y gobierno de las iglesias individuales, igual que episkopos, supervisores, obispos (Hch. 11:30; 1 Tim. 5:17)”. De esta manera, Zodhiates iguala a un “anciano” con un supervisor u obispo (como se traduce episkopos). Él ve el término “anciano” como una referencia a la dignidad del ministerio, mientras que obispo o supervisor indica su autoridad y deberes (1 Ped. 2:25; 5:1, 2, 4). Él nota que en Fil. 1:1, Pablo saluda a los obispos y diáconos, pero no menciona a los ancianos (porque los ancianos son los mismos obispos). De manera similar 1 Tim. 3:2, 8 menciona los requisitos para los obispos y diáconos, pero no para los ancianos por la misma razón. En Tito 1:5, 7 Pablo también parece vincular estos dos términos en uno solo.
- Cuando se habla de presbiterio se refiere a un cuerpo de ancianos que ejercían un liderazgo en iglesias locales. Notemos que en la iglesia primitiva hubo un orden de funciones y escalas de autoridad espiritual (que no implican superioridad sino un orden y dones para presidir y administrar); por ejemplo, en la iglesia de Antioquía hubo varios ministerios y Dios llamó a Bernabé y a Saulo (Pablo) a predicar el evangelio en diferentes lugares (Hch. 13:1-3) y abrieron iglesias y ellos “constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hch. 14:23). Luego Pabló delegó en otros líderes esta facultad de establecer ancianos en diferentes lugares según la necesidad (Tito 1:5).
- Hoy en día, Dios llama hombres y mujeres, y en la medida que van dando frutos y tienen el reconocimiento de la iglesia del Señor, ellos son guiados por Dios a seleccionar a otros hermanos y hermanas en la fe a fin de asignarles tareas y funciones de acuerdo a los dones que perciben en ellos.
- Aquí vemos la importancia del orden en cada congregación porque se establecieron personas idóneas para administrar y presidir; obviamente, es Dios quien llama, confirma, capacita, envía y respalda a quien pone en una iglesia como anciano pero él usa a otros creyentes para dar reconocimiento, apoyo y estímulo.
- En síntesis, el término anciano apunta a personas que tienen una experiencia, una madurez y un testimonio digno para asumir la función de administrar una iglesia local; no deben ser personas inmaduras en la fe y sin una preparación espiritual y doctrinal porque esto traerá descrédito y muchos problemas a la obra. En cuanto a la edad, no se podría decir que tengan que ser personas mayores o ancianas en el sentido literal, pero tampoco deben ser demasiado jóvenes y sin madurez psicológica, física y espiritual. En cuanto a esto, Pablo dice que el obispo (sinónimo de anciano) no debe ser un neófito (1 Tim. 3:6) porque si se envanece (se ciega, se enorgullece y actúa de forma inadecuada), cae en la condenación del diablo (es engañado por el diablo y esto afecta a otros creyentes). La palabra neófito viene del griego neófutos que significa “plantado recientemente” o “nueva planta”; el simbolismo apunta a una persona que no tiene madurez, que es inexperta, que no tiene la fuerza espiritual, emocional y psicológica para asumir las responsabilidades que implica la tarea pastoral. En otras palabras, el obrero debe tener una edad adecuada, una conciencia clara de la vida, una conducta acorde con su llamado y un tiempo de conversión suficiente en el cual tenga una formación espiritual, doctrinal y ministerial integral. Obviamente, Dios puede llamar a obreros jóvenes pero como iglesia tenemos la responsabilidad de darles una preparación suficiente antes de asignarles un ministerio pastoral de parte de Dios.
- Veamos que en la iglesia primitiva hubo un orden ejemplar en cuanto a la unidad y cada ministerio tenía su participación en las decisiones importantes que debían tomarse; entre ellos, los apóstoles, los ancianos y los hermanos en la fe eran tenidos en cuenta (Hch. 15:1-29). Lo hermoso es que el Espíritu Santo eran quien guiaba a todos porque buscaban su dirección y la Escritura era el manual primordial que confirmaba la verdad doctrinal y la voluntad de Dios (Hch. 15:28). Ellos se reunían, dialogaban, analizaban situaciones y buscaban un acuerdo, pero por delante de todo estaba el Espíritu Santo y la Escritura.
- Los ancianos estaban llamados a gobernar (1 Tim. 5:17). Gobernar es sinónimo de presidir, administrar y representar a los creyentes que estaban bajo su cuidado y liderazgo. Es una posición de autoridad espiritual pero no debe convertirse en autoritarismo porque la autoridad espiritual no se impone sino que se ejerce con la gracia de Dios, con el ejemplo, con el amor práctico y con una actitud de respeto y humildad, sin perder la seriedad, el celo por la palabra de Dios y el llamado a corregir, amonestar, aconsejar y servir con alegría a los creyentes.
- Ellos debían ejercer bien su ministerio (1 Tim. 5:17), con excelencia, con integridad, con paciencia, con resultados, con propósitos y con el respaldo de Dios.
- Si ejercían bien el ministerio pastoral (1 Tim. 5:17), merecían el reconocimiento, la estima, el afecto y el respeto de los creyentes. A partir de este texto, se puede deducir que no todos los ancianos predicaban y enseñaban en las iglesias del NT; algunos se encargaban de la visitación o de otras actividades de la iglesia. Aquí es cuando se piensa que había un cuerpo de ancianos o presbiterio que asumía diferentes funciones.
- Pablo dice que deben ser tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar (1 Tim. 5:17). Este texto apunta a dos aspectos: a) el apoyo moral, espiritual y humano que necesitan porque se cansan, se desalientan, se enferman, tienen problemas como cualquier ser humano, se equivocan, etc.; b) el apoyo material y económico que necesitan porque comen, visten, tienen gastos, familia, etc. En este sentido, en el v. 18 Pablo cita varias escrituras inspiradas por Dios, hablando del sostenimiento material del buey (Dt. 25:4) y del obrero (Lc. 10:7) que trabajan y son dignos de un salario. Ahora bien, el obrero cristiano o pastor no debe exigir a los creyentes dinero por su ministerio; de igual forma, ningún ministerio debe presionar a las personas para recibir dinero a cambio de su servicio; además, la Biblia en el NT es clara para no exigir diezmos porque solo aplicaron a la Ley de Moisés para el pueblo de Israel. Lo que sí establece el NT es la ofrenda como un aporte voluntario que sirve para apoyar las necesidades de la iglesia, los programas de educación, la obra social y el sostenimiento del pastor cristiano. La Biblia en sí no define porcentajes para la distribución de los ingresos pero cada iglesia y cada ministerio deben ponerse de acuerdo y estipular cómo administrar los recursos que tienen.
- En cuanto a las faltas que cometan los ancianos, Pablo establece el principio que Dios enseñó en el AT como una regla de conducta justa, en la cual se requieren dos o tres testigos para confirmar una acusación en temas morales y de comportamiento del ministro (Dt. 17:6; 1 Tim. 5:19).
- Pedro se reconoció como un anciano en el sentido espiritual y se puso al nivel de otros ancianos, no por encima de ellos (1 Ped. 5:1-4). Les aconsejó cómo ejercer su función y les habló de la recompensa de su ministerio.

2. Pastor
- En Ef. 4:11 dice: “Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestros”. Muchos asocian los dos términos de “pastores y maestros” como referencia a un solo individuo que tiene ambas características pero no todos los maestros tienen un carácter de pastor ni todos los pastores tienen un carácter de maestro aunque todos los pastores deberían esforzarse a estudiar la Biblia y enseñarla de forma integral a sus oyentes. En el griego, éste es el único pasaje donde se usa la palabra poimen para referirse al pastor.
- El concepto del pastor hace referencia a un líder humano y destaca la idea de provisión de alimento y cuidado, a la vez que enfatiza el carácter y el cuidado amoroso de las personas puestas bajo su responsabilidad (Ef. 4:11; Jn. 21:16; 1 Ped. 5:2). Por tanto, su mayor reto es hablar la palabra de Dios y modelar una vida ejemplar de manera que los creyentes consideren el resultado de su conducta e imiten su fe (Heb. 13:7). Ningún hombre es perfecto ni infalible pero el buen testimonio de un verdadero seguidor de Cristo, la fidelidad a Dios demostrada en el tiempo y la constancia en el servicio son el resultado de una conducta que agrada a Dios. Humanamente, todos los pastores cometen errores pero si tenemos un pastor al frente, debemos mirar en perspectiva si el resultado de su conducta y su fe nos inspiran a imitarlos o de lo contrario, su vida no refleja una vocación digna del evangelio (o Dios no lo llamó o él comenzó bien y con el tiempo se descuidó y dio lugar a motivaciones incorrectas, desviándose de la obediencia a la voluntad de Dios).
- El NT nos presenta al pastor como el encargado de apacentar, capacitar y guiar la grey, donde Dios lo ha puesto como el líder. Por ejemplo, los pastores tenían a cargo congregaciones en diferentes lugares (Heb. 13:24).
- Al leer el NT es posible pensar en una pluralidad de ancianos (o líderes en las iglesias), pero esto no niega que Dios dote a algunos ancianos en particular con el don de la enseñanza, mientras que a otros le dote con el don de la administración (Rom. 12:3-8; Ef. 4:11); de igual forma, Dios los llama al ministerio en el cual ellos utilizarán dichos dones (Hch. 13:1). Por tanto, un anciano puede ejercer como “pastor”; otro puede hacer la mayoría de las visitas a los miembros, porque tiene este don; otro puede “dirigir” en el sentido de manejar los detalles organizacionales, etc. Muchas iglesias que están organizadas con la administración de un pastor y un diácono, realizan las funciones de una pluralidad de ancianos, en cuanto a que ellos comparten la carga del ministerio (con diáconos enseñando en las clases de niños o jóvenes, etc.) y trabajan juntos en la toma de alguna decisión. Asimismo, en la Escritura encontramos que había mucha participación de la congregación en las decisiones. Por eso, un líder “dictador” que toma las decisiones solo y sin contar con nadie (ya sea que se llame anciano, obispo, o pastor), no es bíblico (Hch. 1:23, 26; 6:3, 5; 15:22, 30; 2 Cor. 8:19). Asimismo la congregación no debe asumir una actitud de manipulación hacia los líderes que Dios ha puesto. En todo debe existir una buena comunicación, respeto y amor genuino.
- La Biblia enseña un liderazgo consistente en una pluralidad de ancianos, junto con un grupo de diáconos quienes trabajan como servidores en la iglesia, pero no es contrario a la pluralidad de ancianos, el tener a uno de estos ancianos sirviendo en un ministerio “pastoral”. Dios llama a algunos como pastores y a otros como maestros (así como él llamó a algunos a ser misioneros (o evangelistas) en Hch. 13:1-3 y los otorgó como dones a la Iglesia (Ef. 4:11). Por lo tanto, una iglesia puede tener muchos ancianos, pero no todos los ancianos son llamados a servir en el ministerio pastoral.

3. Obispo
- La palabra obispo viene del término griego episkopos (supervisor, que mira con diligencia). En el mundo antiguo la palabra servía para describir a alguien que cuidaba de que las cosas hechas por otros se realizaran correctamente; por ende, en la iglesia, el obispo debe ser alguien capaz de percibir necesidades, errores y peligros, y conocer, analizar y plantear estrategias y soluciones a los problemas que se presenten (empezando por su propia vida).
- El obispo es llamado por Dios por medio del Espíritu Santo, quien le pone en el ministerio pastoral para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre (Hch. 20:28). Su responsabilidad es cuidarse a sí mismo y cuidar el rebaño del Señor.
- Notemos que Pablo habla de obispos y diáconos en la iglesia de Filipos (Fil. 1:1); los obispos pastoreaban comunidades de creyentes y los diáconos eran servidores en las iglesias, los cuales estaban al lado de los pastores para ayudar y cooperar con amor y perseverancia. 
- El obispado (o el pastorado) es una labor honorable pero requiere compromiso total, fidelidad y un corazón entregado al servicio de los creyentes (1 Tim. 3:1-7).
- El obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios (Tito 1:5-16); como su función de liderazgo es tan marcada, él debe ser un ejemplo en todo.
- Toda distinción o supremacía aplicada al término obispo en tiempos posteriores a la iglesia primitiva está fuera del marco del NT ya que en ninguna parte tiene esta connotación ni se le asocia a la administración de un conjunto de iglesias en una zona.
4. Administrador
Un administrador era el encargado de las posesiones de otro; alguien que tenía oficialmente la responsabilidad sobre los siervos, la propiedad e incluso las finanzas de su señor pero nunca era el dueño de las cosas puestas en sus manos para administrarlas. Así pues, los pastores son administradores de la casa de Dios en una iglesia local pero no son dueños de la gente ni de las propiedades que se adquieran ni de los recursos materiales que se consigan. Pablo dijo a Timoteo: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:14, 15). El término administrador subraya su responsabilidad por cuidar y liderar correctamente la familia de Dios como mayordomo fiel y prudente (Lc. 12:41-48; 1 Cor. 4:1, 2). Ningún otro ministerio tiene un enfoque tan fuerte en la mayordomía de la iglesia local; esta labor le corresponde al pastor.

5. Gobernar o guiar
Si revisamos Heb. 13:7, 17, 24, se usa la palabra pastores pero en el original griego el término es jeguéomai que significa dirigir, comandar, mandar (con autoridad oficial), gobernador, guiador. Esto implica que han recibido autoridad de parte de Dios para servir como guías y administradores en la iglesia del Señor.

6. Dirigir
En 1 Cor. 12:28 Pablo enumera algunos dones entre los que se encuentra el de administrar. El término griego es kubérnesis y se usaba originalmente con referencia al piloto que gobierna un barco (Hch. 27:11), y así metafóricamente a uno que dirige o marca el rumbo a seguir. Notemos que en este texto se habla del patrón; en griego es naúkleros y significa capitán o patrón de una nave. Así pues, Cristo es el capitán (la cabeza) de la iglesia pero ha puesto hombres y mujeres en el ministerio pastoral para pilotar y dirigir pero él es quien guía el barco bajo sus órdenes y el piloto no puede ir a donde quiera ni hacer las cosas a su manera sin contar con la autoridad máxima que es el capitán, el cual tomará medidas si éste procede de forma incorrecta o pondrá a otro piloto que maneje mejor el timón.

7. Presidir
En Rom. 12:8 Pablo hablar del don de presidir que viene del griego proístemi el cual significa literalmente "estar delante", es decir, gobernar, dirigir, tomar una posición de liderazgo. Asimismo, Pablo dice: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros” (1 Ts. 5:12, 13).

En la actualidad, cada iglesia o denominación tiene sus preferencias a la hora de referirse a sus líderes (unos los llaman ancianos, otros los llaman obispos), pero en la IGLESIA CRISTIANA SIÓN se opta por utilizar solo el término PASTOR ya que hace referencia a su labor de manera ilustrativa (en comparación con la labor del pastor y sus ovejas); además, es un término muy común y la gente fácilmente lo asocia a su tarea.

PARA REFLEXIONAR
- Cuando el pastor es llamado por Dios y no es simplemente un asalariado (que solo trabaja por un sueldo), Dios bendice y desarrolla una congregación saludable y por lo tanto, reproductiva.
- Una iglesia saludable no funciona con comités elegidos por la congregación sino que funciona con líderes llamados por el Espíritu Santo. Generalmente, Dios usa al pastor (líder o ministro de la palabra) para descubrirlos y presentarlos a la congregación.
- El pastor local es líder y administrador de la iglesia local. Cuando la iglesia acepta la Biblia como la Palabra inerrante de Dios, respeta este orden bíblico. Si obedecemos su palabra, seremos sumisos y obedientes, en Cristo, al que Dios ha puesto como pastor de la iglesia.
- Alguien podría preguntar; ¿Y cómo sabemos que el pastor que tenemos es llamado por Dios? No es tan difícil… Jesús dijo: “por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:15-20). Aquí el Señor se refiere a las evidencias del creyente verdadero y del creyente falso, del predicador verdadero y del predicador creyente falso; por eso es aplicable a los ministerios que Dios llamó; por ejemplo, el ministerio pastoral no consiste solo en títulos académicos, no es solo la habilidad de predicar, no es solo el carisma que posee, aunque todo esto es bueno y necesario para cumplir todas sus funciones; sin embargo, el pastorado se debe evaluar principalmente por los frutos espirituales, el buen testimonio, la constancia, la entrega, el amor, la gracia de Dios y todo lo que representa servir a Dios de verdad en el pastorado cristiano.
- El verdadero pastor llamado por Dios predica la palabra a tiempo y fuera de tiempo; sus planes, métodos y estrategias tienen resultados de parte de Dios; su vida y testimonio familiar son sanos y dignos de imitar; está dando ejemplo en el área de evangelismo y discipulado. En ello hay evidencias contundentes de su llamado divino. Además, él puede trabajar con la gente y conoce las relaciones humanas.
- El hecho que un pastor tenga estudios teológicos, que sea licenciado y ordenado al ministerio, no garantiza su efectividad pastoral. La evidencia está en las vidas que ha tocado y que está tocando. Cuando lleva un tiempo más largo en el ministerio, también es importante reconocer que en las congregaciones que haya pastoreado dejó unas bases firmes y siguen creciendo. La obra de un pastor es más evidente cuando sale de su puesto y otro liderazgo lo reemplaza en la voluntad de Dios y la iglesia sigue creciendo.
- El hecho que un pastor predique bonito, enseñe bien y que su estilo sea dinámico y apasionado, no garantiza crecimiento. Al final de todo, lo más esencial es el efecto que ha dejado en donde ha servido. Hay autoridad moral, por el ministerio desarrollado, no solo por los dones, talentos o títulos poseídos.
- Una congregación pastoreada por un verdadero ministro llamado por Dios (no solo un teólogo y elocuente orador), seguirá, honrará y obedecerá a tal líder. Y Dios premiará y multiplicará las ovejas. Cuando el ADN del ministro es totalmente cristocéntrico, donde Cristo es encarnado en la vida y en el ministerio del hombre de Dios… cuando Cristo es tangible en todo lo que decimos y hacemos como siervos de él, es cuando solo Cristo recibe la honra y gloria. El es el Buen pastor, el Gran pastor y el Príncipe de los pastores. El nos dice: “aprended de mí” (Mt. 11:29). El nos invita: “venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mt. 4:19); él nos dice: “Yo soy el buen pastor y el buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn. 10:11).

domingo, 30 de julio de 2017

La administración de la iglesia local Parte III

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I. La autoridad máxima es Dios

- La autoridad absoluta e indiscutible en la Iglesia, la familia de Dios, pertenece al Padre quien asimismo ha colocado el ejercicio de esta autoridad en las manos de su Hijo, el Señor Jesucristo y ha recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28:18); de forma específica ha sido nombrado como Cabeza de la Iglesia con plena autoridad sobre ella (Ef. 1:20-23; 5:23; Col 1:16-18). El Señor Jesucristo ejerce su autoridad en la Iglesia Universal y en las iglesias locales de forma directa, como el que anda en medio de los candeleros que son las iglesias de Dios (Ap. 1:10-20; 2:1). Por tanto, él se comunica directamente con ellas para exhortar, reprender, consolar y expresar su voluntad (Ap. 2-3). Esta autoridad se hace visible también en la Iglesia por medio del Espíritu Santo, aquel que le glorifica y transmite su voluntad mediante las Escrituras y por su obra y manifestación en los creyentes (Jn. 14:26; 15:26; 16:13-15); él tiene la función de comunicar la voluntad divina directamente a las iglesias (Ap. 2:7, 11, 17).
- Cristo es el centro y la Biblia es la guía para toda decisión y determinación (Mt. 28:18-20); por eso, es un deber fundamental de cada iglesia asegurar que la Palabra de Dios tenga su lugar preeminente en la congregación y produzca los efectos positivos correspondientes (Col. 3:16).
- Cristo estableció ministerios para la edificación de su Iglesia y otorgó dones para su desarrollo integral; sin embargo, también concedió dones para presidir (Rom. 12:6-8) y administrar (1 Cor. 12:28) programas, planes y propósitos basados en la perfecta voluntad de Dios. Alguien tiene que presidir pero no todos tenemos los mismos dones; por tanto, los frutos de cada creyente, con sus dones y ministerios, mostrarán quiénes tienen la facultad de presidir y Dios mismo levantará las personas idóneas y útiles en este sentido. Así pues, Cristo da autoridad espiritual a sus servidores de acuerdo a dones y funciones que él mismo les concede, pero él es el Señor y volverá a pedir cuentas (Mr. 13:34-36).

II. ¿Quién debe asumir el liderazgo de la iglesia?

Aunque cada miembro tiene una responsabilidad especial en relación con la vida total de la iglesia, sin embargo, el libro de los Hechos y las Epístolas nos enseñan claramente que Dios ha provisto a la iglesia de hermanos y hermanas con madurez espiritual, criterio y conocimientos bíblicos, en quienes se manifiestan dones ministeriales asociados al liderazgo (pastor, colaborador, coordinador, líder, etc.) que han de ser probados primero en el trabajo, en la paciencia, en la constancia, en la fidelidad, en la santidad, en la fe, en la devoción y en los resultados que demanda su llamado, para luego ser nombrados, reconocidos, ordenados y promovidos de acuerdo al orden estipulado en cada iglesia. Ellos serán reconocidos por la congregación en su justo tiempo. Notemos que Pablo dice: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros” (1 Ts. 5:12, 13). En este pasaje hay unos principios espirituales y prácticos que debemos seguir: primero hay que trabajar con integridad, diligencia y amor; luego se obtendrá el liderazgo; después habrá estima y reconocimiento de las personas para el ministerio.

Notemos que el ministerio del maestro, del evangelista, de alabanza y otros, no tienen como función la administración y el gobierno de una comunidad de creyentes porque no implican un liderazgo de una iglesia local; sus funciones pueden cooperar en el trabajo de una iglesia local, en ganar a nuevos creyentes y discipularlos, en posibilitar un ambiente de oración, alabanza y edificación espiritual, en la enseñanza, en la formación ministerial, etc., pero su enfoque no es presidir una congregación. En el caso del ministerio del pastor, como ya lo vimos a la luz de la Escritura, su función primordial es enseñar, cuidar, aconsejar, guiar, liderar y acompañar a los creyentes. Por ende, el llamado a asumir este liderazgo es el pastor (sea un pastor o un equipo de pastores, dependiendo de las necesidades y las características de cada iglesia).

Notemos lo que dice la Biblia al respecto: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” (Heb. 13:17).

La Biblia nunca relaciona otro ministerio con las funciones del pastor de una iglesia local; nunca se dice que el evangelista o el maestro (o cualquier otro ministerio) asumen esta tarea. Ahora bien, un evangelista, un maestro u otro ministro del Señor podrían ser usados para comenzar una iglesia y trabajar pero si no tienen un llamado al pastorado, deben orar al Señor para que otra persona con este perfil asuma esta función. Si todavía no hay una persona idónea que se haga cargo, entonces es posible que deba continuar en esta labor y talvez el Señor le guíe a desarrollar un ministerio pastoral por algún tiempo o el Señor confirme este llamado. Lo importante es orar y ser guiados por el Espíritu Santo, pero no debemos asumir un ministerio que no hemos recibido de parte de Dios; cada cual debe reconocer y usar los dones que el Señor le dio. 

miércoles, 26 de julio de 2017

La administración de la iglesia local Parte II

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La Iglesia del NT está fundada sobre bases administrativas
A través de los siglos han existido conceptos opuestos a todo tipo de gobierno eclesiástico, argumentando que cuando se establecen reglas o sistemas organizacionales se obstaculiza la expresión del Espíritu Santo y no se sigue la voluntad de Dios sino la de los hombres; es más, algunos consideran que las denominaciones son diabólicas o que las iglesias deberían solo existir en las casas y no en locales públicos. La Biblia y la experiencia de ministerios e iglesias en diferentes lugares han demostrado en distintas ocasiones que la única libertad que perdura y fructifica es la que surge de una organización equilibrada, donde los derechos humanos son respetados, reina el orden y la justicia, hay funciones administrativas y una autoridad clara. Es verdad que existen denominaciones que han creado sistemas corruptos para enriquecer a quienes los fundan o los lideran, pero también hay denominaciones que han hecho un trabajo espiritual digno y con un buen testimonio (no se debe generalizar). Así pues, el orden y la excelencia dan sentido y propósito pero la ausencia de orden y la corrupción traen confusión y muchos conflictos.

El NT establece las bases para una administración equitativa. No se puede hallar en la Biblia cada detalle del programa administrativo de las iglesias del primer siglo pero sí se hallan principios y métodos saludables para el establecimiento de iglesias, líderes, ministerios, colaboradores, objetivos, proyectos, normas y sanciones.

La Iglesia es la agrupación de cristianos cuyo desarrollo doctrinal y práctico depende de la Biblia y del Espíritu Santo a través de la participación y la utilización de todos los recursos humanos y materiales.

El maestro de la administración es Cristo y es la cabeza de la Iglesia; él sentó las bases de una organización universal y todavía sigue siendo la cabeza de autoridad que la gobierna. Notemos que, aunque el Señor predicó y llamó a las multitudes, escogió un pequeño grupo de doce para comisionarles la continuidad de la obra que él había iniciado y este liderazgo fue reconocido por los creyentes que oyeron el evangelio y luego fue compartido con aquellos que Dios llamó al ministerio, dando como resultado cientos de iglesias en muchos lugares del mundo antiguo. Este mismo principio de autoridad espiritual y servicio debe ser imitado por aquellos que hemos sido llamados por el Señor en este tiempo.

Como ilustración, veamos que Pablo en la carta a los Corintios enfatiza que el siervo de Dios debe ser un buen administrador (1 Cor. 4:1, 2); en este pasaje se establecen tres hechos:

- Primero: para ser administrador de los misterios de Dios es necesario ser un SERVIDOR.
- Segundo: los misterios de Dios, el evangelio y la iglesia con todos sus factores divinos y humanos, son elementos que deben ser administrables (ADMINISTRACIÓN).
- Tercero: el requisito por excelencia para participar en la administración es la FIDELIDAD.

En síntesis, Dios ha concedido a la iglesia los dones para presidir y administrar (Rom. 12:8), y él mismo dará testimonio de quién debe asumir esta función primordial, siempre y cuando tenga los dones correspondientes y una vida consagrada al Señor; en otras palabras, los que sirven con fidelidad son los llamados a administrar en un espíritu de humildad, ejemplo y amor genuino, pero quienes tengan un espíritu de grandeza humana, prepotencia, egoísmo, codicia y materialismo no deben ser puestos ni aceptados en cargos de liderazgo porque traerán dolores de cabeza y problemas a la obra del Señor. Guárdenos Dios de caer tan bajo y traicionar los principios de su palabra; sería mejor no ejercer ningún ministerio y que otros tomen nuestro lugar para hacer las cosas según el diseño de Dios.

Cada iglesia es una agrupación humana que debe administrarse

Cada iglesia local está integrada por tres componentes:

- Recursos humanos: el elemento humano es la parte vital de la iglesia y constituye el factor primario en la administración. Aunque se dice que tratar con gente es la tarea más difícil, el hecho de tratar con la gente (el pueblo) de Dios, aplicando principios bíblicos como un verdadero líder cristiano, resulta una experiencia especial e inspiradora (a pesar de las adversidades y de la ingratitud de muchos). Además, se descubren talentos, se preparan personas y se les ocupa en la obra del Señor.
- Recursos materiales: para el desarrollo de sus múltiples actividades, cada iglesia adquiere propiedades, inmuebles, edificios, sillas, equipos y materiales. El pueblo de Dios ha poseído siempre este tipo de herramientas para cumplir su misión y se puede comprobar en la Biblia, con el pueblo de Israel, con la iglesia primitiva y a lo largo de la historia del Cristianismo.
- Sistemas de gobierno: la iglesia debe instituir manuales, reglamentos, estatutos legales, etc., pero la base de su gobierno y disciplina es la Biblia. Estos sistemas son normas de conducta que le permiten tener una orientación clara de su visión, su misión y los valores que promueve en su funcionamiento y en la sociedad (a fin de ser la luz del mundo que Cristo hace brillar con un testimonio de amor, santidad, fe y verdad).

domingo, 23 de julio de 2017

La administración de la iglesia local Parte I

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Los escritores del AT usaban las palabras hebreas edhad y qahal para referirse a la reunión del pueblo de Israel y se nota con más frecuencia en los libros históricos para referirse al pueblo o asamblea de los hijos de Israel. De hecho, después del exilio, los judíos de habla griega traducían la palabra qahal por ekklesía y designaban con ella, tanto la congregación de Israel, como una asamblea de la congregación.

En cuanto al NT, hay dos palabras usadas para referirse a una congregación: sunagogué y ekklesía. El término sunagogué (reunir a una asamblea) se empleaba también para designar el lugar donde se congregaban los judíos: la sinagoga. Por otro lado, la palabra ekklesía da la idea de un grupo sacado o llamado. En Mt. 16:18, Cristo dice: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”. La Roca es la verdad espiritual más importante de la Biblia: que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del Mundo. Los creyentes que reciben esta verdad y reconocen a Jesús como su Salvador personal vienen a ser parte de la Iglesia de Cristo. El adjetivo posesivo “mi” al lado del nombre “iglesia” muestra que Cristo es el fundador y el dueño de su Iglesia.

Quizás una de las mejores definiciones podría ser que la Iglesia de Cristo, en su más amplio significado, es la compañía total de creyentes regenerados y transformados de todos los tiempos y edades en el cielo y en la tierra (que conocen en la práctica esta verdad sobre Cristo porque son salvos por su gracia).

Koinonía es el término griego que describe la unidad espiritual y física de la Iglesia. En este sentido, una de las características de la iglesia primitiva era su perseverancia en la doctrina de los apóstoles, la comunión unos con otros, el partimiento del pan y las oraciones (Hch. 2:42); así pues, el cristiano participa de esa comunión desde su conversión. Se trata de una comunión social y espiritual porque los creyentes se constituyen en una comunidad de santos y un cuerpo donde Cristo es la cabeza y el cuerpo es la Iglesia; sin embargo, la Iglesia de Cristo (como unidad espiritual) se compone de todos los creyentes fieles al Señor que hacen parte de diversas iglesias locales (como congregaciones) y es necesario que haya una administración de cada iglesia establecida en cada territorio y esto requiere de orden, normas, requisitos y procesos de formación, etc.

Sistema de gobierno
En estudios anteriores ya se han expuesto, a la luz de la Biblia, los diversos ministerios y dones que funcionan en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia; no obstante, los creyentes se deben agrupar en iglesias locales en diferentes lugares del mundo y necesitan una estructura que les permita funcionar de manera bíblica, organizada y efectiva.

Aquí es cuando aparece el término SISTEMA DE GOBIERNO, es decir, la forma en que una iglesia local funciona, existe, es administrada y gobernada; este sistema influye mucho en cada aspecto de su vida interior y en su desarrollo hacia el exterior.

Ahora bien, los principios que usemos en el gobierno de la iglesia se deben ajustar a lo que Dios ha establecido en su palabra, pero ¿hay realmente una base bíblica para definir una forma de gobierno de la iglesia o del pueblo de Dios en el AT y NT? Veamos algunos aspectos al respecto:

- La Biblia, como fuente inagotable de sabiduría divina, abunda en información y ejemplos sobre la organización y el orden en materia administrativa; por ejemplo, en la creación, Dios demuestra su habilidad administrativa planeando, ejecutando, organizando y evaluando cada etapa creativa realizada y nada escapa a su control divino porque no le falta ni le sobra nada. Es el resultado de una buena administración que tiene todo previsto y dispuesto a la hora indicada.
- En el éxodo de Israel también se aprecia el valor de una sabia administración; tal es el caso de Moisés tratando de atender él solo las actividades y problemas de todo el pueblo pero su suegro Jetro le recomienda seleccionar hombres de virtud para delegarles y compartir con ellos las responsabilidades en medio de una congregación numerosa de personas pero él seguía siendo el líder principal (Éx. 18).
- Otra referencia bíblica es la organización del campamento y del tabernáculo. Cada tribu se ubicaba en el lugar que le correspondía; tanto al reposar como al movilizarse, se observa en el campamento un orden. El tabernáculo fue diseñado de acuerdo con el plan ordenado por Dios. El servicio sacerdotal se realizaba por turnos y de acuerdo a la Ley que Dios dio a Moisés. En la adoración, en la marcha, o en la guerra, el pueblo se movía como un solo hombre.
- Israel fue una Teocracia y Dios ungió a hombres por medio de los cuales él gobernaría. Estos hombres eran los profetas, los reyes y los sacerdotes (Moisés, Josué, Samuel, David, etc.).
- Algunos piensan que la iglesia de la era apostólica carecía de organización y por lo tanto, no podemos encontrar en la Biblia información referente a este punto. Sin embargo, aquí se presentará evidencia razonable para derribar dicho argumento.

lunes, 17 de julio de 2017

Los Dones de Dios Parte VI



c. ¿Cómo conocer y desarrollar los dones espirituales?

La persona que se interesa en conocer, entender, experimentar y disfrutar los dones espirituales:

- Debe ser un fiel seguidor de Cristo, que ora, lee la Biblia, obedece al Señor, se congrega en una iglesia de sana doctrina, es discipulado de forma sistemática en la iglesia local, se preocupa por su vida espiritual, lucha contra el pecado y vence la tentación con la gracia de Dios.
- Debe creer, conocer, experimentar y buscar el poder de Dios y sus manifestaciones a la luz de la Escritura.
- Debe estar dispuesto a servir en un área de la iglesia local y debe enfocarse en los talentos, las capacidades y las cosas que le apasionan de verdad en la obra del Señor.
- Debe estar abierto a aprender y desarrollar nuevas habilidades en el servicio.
- Debe estar activo y constante para usar los dones que va descubriendo en la medida que va sirviendo al Señor y a otras personas con humildad, sencillez y buen testimonio.
- Debe estudiar la Biblia en relación con los dones y los ejemplos que haya de cómo se manifiestan.
- Debe saber cuál es la posición oficial de la iglesia local donde se congrega en cuanto a los dones y compararla con las Escrituras.
- Debe leer todo lo que pueda sobre los dones espirituales y conversar con personas que los entiendan por la Biblia, los hayan evidenciado en la iglesia, los estén usando y desarrollando, con el fin de estimularse mutuamente. Obviamente, no todos los creyentes tienen los mismos dones pero pueden compartir conocimientos bíblicos y experiencias en el Señor.
- Debe testificar a otros de cómo está usando sus dones, con el fin de estimular a otros a descubrirlos y usarlos también.
- Debe vivir en oración, meditación y comunión íntima con Dios para usar los que tiene en la actualidad y pedir a Dios por los que no posee.
- Debe examinar siempre sus sentimientos, motivaciones e intenciones para tener y usar los dones a fin de purificarse en la presencia de Dios y con la Escritura de todo motivo egoísta y pecaminoso que haya en su corazón.
- Debe vencer todo temor que surja en el proceso y sentirse pleno y en paz al usarlos con la gracia de Dios.
- Debe autoevaluarse y juzgar si el uso que da a los dones es bíblico, espiritual, genuino y honesto.
- Debe ver resultados en el uso de los dones, confirmación de personas que son beneficiadas, señales y frutos de carácter sobrenatural. Cuando los verdaderos dones están operando, Dios muestra resultados.
- Debe tener el respaldo de los hermanos en la fe, la aprobación del liderazgo que Dios puso en la iglesia y un testimonio limpio que evidencie la integridad del creyente que posee los dones. Seguramente, Dios permitirá que, siendo fiel el creyente y genuino el don, encuentre oposición y desaprobación (de parte de creyentes y no creyentes, aún de líderes y ministros del evangelio), pero Dios mismo le dará la victoria. Como los dones son otorgados para ser usados en el contexto del cuerpo de Cristo, es necesario que otros miembros del cuerpo confirmen los dones. En ese proceso, el creyente debe ser probado y hallado fiel.
- Debe aceptar el don o los dones que Dios otorga con humildad y agradecimiento para  usarlos al máximo de sus posibilidades.
- Debe ejercer el control sobre los dones que posee y hacerse responsable de su uso (1 Cor. 14:32, 33). Así pues, debe promoverse el orden, la dirección de Dios y la paz, y rechazarse el desorden y la confusión.

Ahora revisemos algunas conclusiones generales…

- La Biblia nos muestra que Dios otorga los dones como quiere; por tanto, nadie puede dictar o decidir cuándo será utilizado el don de parte de Dios; el Espíritu es el encargado de que los dones espirituales trabajen a través de vasos dispuestos en sus manos (1 Cor. 12:11).  
- Los dones espirituales que Dios da son para provecho de la Iglesia de Cristo, de la humanidad en general y para crecimiento espiritual de quien los posee, los usa y los desarrolla de forma adecuada (1 Cor. 12:7). Además, contribuyen a confirmar en la fe de los que siguen a Cristo (Rom. 1:11).
- Pablo recomienda a los creyentes que los conozcan (1 Cor. 12:1), que los procuren en abundancia (1 Cor. 14:12) y que los anhelen (1 Cor. 14:12).
- Ninguno de estos dones sobrenaturales nos hace superiores ni más espirituales; los dones no tienen relación con la salvación ni dan méritos para entrar al cielo (Mt. 7:21-23); sencillamente, somos útiles en la medida de la gracia de Dios para bendición de otras personas. Recordemos que existen dones de gracia, dones ministeriales y dones espirituales o sobrenaturales; pidamos a Dios que nos conceda sus dones según su soberana voluntad y entonces seremos un instrumento en sus manos para servir mejor al Señor y al prójimo.
- Los dones que Dios ha puesto en nosotros y los que hemos de recibir, tienen como fin ser utilizados en beneficio de los demás y para la gloria del Señor. Dios nos los da por gracia; nosotros no los merecemos; sin embargo, Dios nos los da por amor a su pueblo y por amor de nosotros; es más, ellos mismos son herramientas que Dios usa para moldear nuestra personalidad. 
- Pablo siempre puso como prioridad la salvación en Cristo y la comunión estrecha que deben tener los creyentes con él y la obediencia a su palabra, por encima de dones y ministerios (1 Cor. 1:4-9).
- Resulta evidente que a la luz de las Escrituras, no se le da primacía a ningún ministerio o don porque la diversidad de dones no destruye la unidad del cuerpo de Cristo pero sí se ve afectada cuando un ministerio o un don se trata de imponer sobre los demás. No se puede deducir de los listados de Pablo que exista tampoco una especie de jerarquía de ministerios o dones porque todos somos iguales ante Dios.
- Hay dones espirituales que son más útiles según el propósito de Dios para la iglesia y Pablo hace énfasis en el don de profecía debido a su utilidad (1 Cor. 14); por ejemplo, Pablo compara el don de lenguas con el don de interpretación de lenguas y con el de profecía, dando mayor valor práctico a profetizar ya que edifica a los oyentes, mientras que el don de lenguas en sí mismo puede edificar al que lo tiene pero no siempre es entendible para todos (a no ser que haya quien interprete o que el oyente conozca el idioma porque ya está establecido en el mundo).
- Debido a que Dios nos ha creado con libre albedrío, podemos escoger usar los dones apropiadamente o ser negligentes con ellos y abusar de ellos. Para poder escoger utilizar estos dones de acuerdo a la voluntad de Dios, es importante tener un entendimiento claro de lo que son y de cómo funcionan.
- Es realmente lamentable que en la mayoría del pueblo de Dios (creyentes, predicadores y ministros del evangelio) exista tanto desconocimiento o desinformación acerca de las enseñanzas y de la operación de los dones del Espíritu Santo. Puesto que la labor de la Iglesia en el mundo es fundamentalmente una labor espiritual y sobrenatural, se requiere poseer facultades espirituales y sobrenaturales para la adecuada realización de esa labor (Ef. 6:12; 2 Cor. 10:4). Por tanto, los dones del Espíritu Santo son esas capacidades y facultades espirituales y sobrenaturales. Sin los dones del Espíritu Santo, la Iglesia carece del equipo necesario para su cabal ministerio, su defensa, su conflicto y triunfo contra los poderes del mal en el mundo.
- Es la voluntad de Dios que todos estos dones estén en plena operación en la Iglesia aunque no todos los creyentes tienen los mismos dones. Ahora bien, para recibir y manifestar los dones debemos orar (1 Cor. 14:13), ejercitar la fe (Rom. 12:6) y tener motivos puros (Hch. 8:20).
- Al mismo tiempo que los dones están en continua operación en la Iglesia, no debemos olvidar el amor y todos los demás frutos del Espíritu Santo. Dones sin amor es címbalo que retiñe; amor sin dones es parálisis que mata porque necesitamos la diversa manifestación del Espíritu Santo. Seamos completos, balanceados y lleguemos a la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo (Ef. 4:13). En Cristo hubo amor, toda virtud y buen ejemplo, pero también hubo poder, señales, prodigios y toda manifestación del Espíritu Santo.
- La ignorancia no es ninguna bendición. ¿Quién necesita saber acerca de los dones espirituales? Usted necesita saber: Si es cristiano, si cree que Jesús es su Salvador y quiere amarle y servirle de la mejor manera y si quiere que su iglesia sea sana, atractiva, poderosa y que muestre el amor, el poder y la realidad de Dios a la gente.
- La iglesia de Corinto, a la que Pablo escribía sobre los dones espirituales, estaba en verdadera necesidad de instrucción sobre este tema. En esta iglesia estaban sucediendo cosas sorprendentes por medio del Espíritu Santo pero en ocasiones hubo confusión, engaño, entusiasmo humano, por lo cual Dios inspiró a Pablo para instruir correctamente a los creyentes y por eso, él dedica una buena parte para hablar sobre las verdaderas manifestaciones del Espíritu Santo.
- Tenemos que aprender una gran lección: no son los dones y ministerios de Dios en sí mismos los que pueden salvar, transformar, equipar y edificar a las personas; es la gracia, el amor, el poder y el respaldo de Cristo que están presentes en todos sus dones pero que no dependen de ellos, sino de su soberana voluntad que nos abre puertas, nos capacita y nos usa como instrumentos de honra para glorificar únicamente su nombre. Dependamos 100% de Dios y veremos cómo sus dones se multiplican y traen fruto abundante en su reino.  

viernes, 14 de julio de 2017

Los Dones de Dios Parte V

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VII. Fe

- La palabra fe viene del griego pístis que significa persuasión, credibilidad, convicción de verdad (de la veracidad de Dios o de otro ser humano); específicamente confianza y  constancia en tal profesión.
- Todas las personas tienen alguna medida de fe, sean creyentes que siguen a Cristo o personas que no le conocen. Sin embargo, existen varios tipos de fe en la Biblia: a) la fe humana que nos lleva a creer en lo que no vemos (sea correcta o incorrecta); b) la fe salvadora que nos lleva a creer en Cristo como Salvador (Hch. 17:31; 20:21; 26:18); c) la fe como fruto del Espíritu Santo que él produce en todos los que siguen a Cristo (Gál. 5:22; Rom. 14:1); d) la fe sobrenatural como don del Espíritu Santo (1 Cor. 12:9, 11).

Conceptos errados
Respuesta bíblica
- Confundir el don de la fe sobrenatural del Espíritu Santo con otro tipo de fe.
- La Biblia muestra que el don de fe tiene un carácter sobrenatural y es otorgado por el Espíritu Santo a quien él quiere, por lo cual no todo creyente lo posee ni lo desarrolla (1 Cor. 12:9, 11), mientras que la fe humana, la fe salvadora y la fe como fruto del Espíritu Santo están al alcance de toda persona que disponga su voluntad, tenga esperanza y confianza en relación con Dios y con otros aspectos de la vida.

DEFINICIÓN BÍBLICA: El don de fe es la facultad sobrenatural que Dios otorga a quien lo recibe para tener una fuerte e inquebrantable confianza en Dios, su palabra, sus promesas y el poder de la oración (Heb. 11). Este don está completamente ligado al don de sanidades y al don de milagros (que serán explicados a continuación) porque sería imposible desarrollar tales dones de prodigios y cosas extraordinarias si no se posee primero el don de fe (Mt. 8:26).

- En Hch. 6:8 dice “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo”. En el original griego el término usado para gracia es fe (pistis); por ende, dice “lleno de fe”. Esto demuestra que el don de fe primero estuvo presente en Esteban para luego mostrar prodigios y señales (los otros dos dones de poder que estudiaremos luego).
- Definitivamente, el don de fe lleva al que lo posee a tener la facultad especial de confiar en Dios y moverse como si el hecho que esperamos de Dios hubiese ocurrido ya, aún en circunstancias cuando todo parece estar en contra (1 Rey. 18:20-46).
- El don de fe es una confianza sobrenatural en Dios para todos aquellos problemas y necesidades que requieran una solución sobrenatural (Hch. 28:1-6). Obviamente, la dirección de Dios será la prioridad de todo creyente y su voluntad será hecha por encima de nuestros buenos deseos.

VIII. Sanidades

Conceptos errados
Respuesta bíblica
- Algunos creen que las sanidades fueron señales exclusivas para los tiempos bíblicos a fin de confirmar el mensaje de Dios. Si algunos creyentes de hoy tuvieran el don de sanidades, los hospitales y las morgues estarían llenos de estas personas “dotadas” desocupando camas y féretros por todas partes.
- Dios siempre ha sanado enfermedades, en el pasado, en el presente y lo hará en el futuro porque su poder no mengua, no cambia ni tampoco cesa. A veces, él sana de forma directa y sin un instrumento (2 Rey. 20:5), él dice una palabra de sanidad (Lc. 7:6-10), él es tocado por el enfermo (Mr. 3:10), él tocó los enfermos (Lc. 4:40), él sana a través de medios materiales (2 Rey. 5:3; Is. 38:21; Jn. 9:1-12) pero también sana a través de su poder manifestado en otro ser humano que ora, que cree y que tiene contacto con el enfermo (Mr. 16:17, 18; Hch. 4:30).
- Cristo llevó (cargó, sufrió) nuestras enfermedades físicas al morir en la cruz (Is. 53:4) y por eso, debemos creer que él tiene el poder para sanar toda enfermedad en nosotros y a través de nosotros, en otras personas (Mt. 8:14-17).
- Confundir el hecho de que Dios haga sanidades de forma directa, por medio de la fe de los creyentes y por medio del don de sanidades.
- Dios mismo puede hacer sanidades sin la oración o la intervención o de los hombres, pero Cristo prometió que las sanidades serían parte de las señales del creyente (Mr. 16:17, 18; Stg. 5:14, 15); así pues, todo creyente puede orar y Dios respaldar su fe, pero no todo creyente tiene el don sobrenatural de sanidades porque el Espíritu Santo lo da a quien quiere (1 Cor. 12:11), el cual se manifiesta de diversas formas y Dios lo confirmará en el creyente que lo ha recibido, haciendo sanidades de forma constante. Este don lo vemos claramente en Cristo (Mt. 4:23, 24; Lc. 5:17; Hch. 10:38), en los apóstoles (Hch. 2:43; 5:12-16), en Pablo (Hch. 19:11, 12; 28:8-10) y en Felipe (Hch. 8:5-13), por poner algunos ejemplos.
- Debemos entender que Satanás y los demonios tienen poder para hacer sanidades y también otorgan ese poder a personas que les sirven para hacer sanidades y Dios lo permite como castigo a los que le rechazan para que sean engañados.
- Muchos creen que si no hay sanidades, entonces el evangelio no tiene poder para convencer a los hombres.
- Hay gente que no cree si no ve sanidades (Jn. 6:2), pero Dios usa muchos métodos para tratar a los hombres y el más importante es el mensaje de su palabra.
- Debemos creer a Dios y pedir sanidades pero no siempre él se moverá con sanidades. Si estudiamos toda la Escritura, no todos los mensajeros de Dios tuvieron un respaldo con sanidades (al menos según lo registrado en la Biblia) pero ciertamente Dios los llamó y los aprobó, cumpliendo su propósito en ellos.

DEFINICIÓN BÍBLICA: El don de sanidades es la facultad sobrenatural que Dios otorga a quien lo recibe para sanar toda clase de enfermedad y restaurar la salud, aparte del uso de medios naturales o de técnicas humanas. El don de sanidades precisamente hace referencia a sanar todo tipo de enfermedades y con los métodos divinos más diversos y creativos (Hch. 8:7; Lc. 7:20-23).

- Dios puede sanar al instante (Jn. 5:9) pero no siempre lo hace ni siempre responde a la oración de sanidad de forma positiva; él es soberano y tiene el derecho y la facultad para hacer todo lo que quiera, según su sabio propósito. El no depende de la fe ni de la oración de nadie para sanar.
- La persona que recibe el don de sanidades no puede manipular a Dios y no tiene el poder en sí mismo para producir sanidades; cuando la Biblia dice, por ejemplo, que un personaje sanó a un enfermo (Hch. 28:8; 1 Cor. 12:28) realmente la intención es describir el instrumento que Dios usó para sanar pero nunca la sanidad depende del instrumento o es producida por un ser humano; siempre es el poder de Dios.
- Un creyente que recibe este don puede ser usado por Dios en la sanidad de ciertas enfermedades pero no siempre en todas (2 Tim. 4:20); aún en su propia vida (2 Cor. 12:7-9). Es más, él mismo podría morir de una enfermedad según la voluntad soberana de Dios (2 Rey. 13:14).
- A veces, la enfermedad es parte del plan de Dios (Jn. 9:3; 11:4; Gál. 4:13-15), puede ser enviada o controlada por Dios mismo (Éx. 15:26) y él la permite para enseñar lecciones, para tratar el corazón, para tratar con una familia o con un grupo de personas (Dt. 7:15) y para tratar o castigar a creyentes desobedientes (Dt. 28:59, 61; 29:22; 2 Crón. 21:12-19). En otras ocasiones, la enfermedad proviene de los demonios y Dios así lo permite con un propósito (Lc. 13:10-17) o es producto de un descuido, una mala alimentación o un desgaste natural del cuerpo por la actividad física o por la edad. Así pues, no siempre es la voluntad de Dios el sanar a un enfermo ni siempre es la voluntad de Dios que estemos enfermos; debemos analizar cada situación en oración y a través de las Escrituras.
- En otros casos, la falta de fe y devoción hacia Dios de parte del enfermo o de quien ora por sanidad (Mt. 17:14-21), o por un pecado (Jn. 5:14), no permiten recibir sanidad, pero este factor no es una regla que siempre se cumpla porque Dios puede sanar aún en medio de la incredulidad, del pecado y de toda circunstancia. Las sanidades no cambian a nadie pero Dios es bueno y da testimonio a los hombres de su poder y de su amor a pesar de sus iniquidades.
- El consejo para el creyente es que primero ponga su mirada en Dios para que le sane (2 Cron. 16:12, 13); sin embargo, esto no descarta el uso y la ayuda de elementos naturales, recetas caseras adecuadas, medicamentos y personas idóneas para el tratamiento de enfermedades (1 Tim. 5:23).
- El don de sanidades tiene que ir acompañado del don de fe (Hch. 3:1-10). Notemos la fe sobrenatural que tenía Pedro para expresar las palabras que dijo y para levantar al paralítico de la mano. Lo mismo ocurrió con Pablo (Hch. 14:8, 9).
- Las sanidades que Dios produce son genuinas y comprobables para testimonio a los creyentes y a los no creyentes (Hch. 4:14); lamentablemente, muchos predicadores sin vergüenza mueven emociones, sugestionan con palabras de humana sabiduría, hacen un espectáculo, empujan personas al piso, los golpean con el saco o la corbata, y llegan al colmo de comprar a personas para que simulen una sanidad y cuenten un testimonio falso  que atraiga a multitudes (indiscutiblemente, la motivación es ser reconocidos y exaltados por los hombres y aprovecharse de la ingenuidad de otros para sacar un provecho económico). Cuando Dios produce sanidades no necesitamos hacer propaganda ni montar un show para mostrar las obras de Dios; dejemos que la gente misma sea impactada por el poder de Dios, que ellos mismos vengan a contar su testimonio de sanidad, sin exaltar a los hombres, sin falsas promesas de sanidades a todos los que vengan a una reunión; dejemos que Dios sea glorificado y que nosotros mengüemos (Jn. 3:30).

IX. Milagros

Este don es muy similar al don de sanidades debido a su carácter extraordinario, creativo y variado para diferentes prodigios y señales.

Conceptos errados
Respuesta bíblica
- Algunos creen que los milagros (al igual que las sanidades) fueron señales exclusivas para los tiempos bíblicos a fin de confirmar el mensaje de Dios.
- Dios siempre ha hecho milagros, en el pasado, en el presente y los hará en el futuro porque su poder no mengua, no cambia ni tampoco cesa (Job 5:9; Éx. 15:11; Sal. 72:18; 86:10; 111:4). A veces, él hace milagros de forma directa y sin un instrumento (Dt. 4:34; 6:22; Dn. 4:2, 3; 6:27), él hace milagros a través de medios materiales (Éx. 4:17; 7:9) pero también hace milagros a través de su poder manifestado en otro ser humano que ora, que cree o que tiene contacto con otras personas (Éx. 11:10; Hch. 4:30; 5:12).
- Confundir el hecho de que Dios haga milagros de forma directa, por medio de la fe de los creyentes y por medio del don de milagros.
- Dios mismo puede hacer milagros sin la oración o la intervención o de los hombres, pero Cristo prometió que los milagros serían parte de las señales del creyente (Mr. 16:17-20); así pues, todo creyente puede orar y Dios respaldar su fe, pero no todo creyente tiene el don sobrenatural de milagros porque el Espíritu Santo lo da a quien quiere (1 Cor. 12:11), el cual se manifiesta de diversas formas y Dios lo confirmará en el creyente que lo ha recibido, haciendo milagros de forma constante. Este don lo vemos claramente en Moisés (Dt. 34:10-12), en algunos profetas del AT (1 Rey. 17; 2 Rey. 8:4), en Cristo (Jn. 2:11, 23; 3:2; 7:31; 11:47; 12:37; 20:30; Mt. 13:54; 21:15; Lc. 19:37; Hch. 2:22), en los apóstoles (Hch. 2:43; 2 Cor. 12:12; Heb. 2:4), en Pablo y Bernabé (Hch. 14:3; 15:12), en Pablo (Hch. 19:11; Rom. 15:18, 19), en medio de las iglesias del NT (Gál. 3:5), en Esteban (Hch. 6:8) y en Felipe (Hch. 8:5-13), por poner algunos ejemplos.
- Debemos entender que Satanás y los demonios tienen poder para hacer milagros y también otorgan ese poder a personas que les sirven para hacer milagros y Dios lo permite como castigo a los que le rechazan para que sean engañados (Is. 44:25; Mt. 24:24; 2 Ts. 2:9; Ap. 13:13, 14; 16:14; 19:20).
- Muchos creen que si no hay milagros, entonces el evangelio no tiene poder para convencer a los hombres.
- Hay gente que no cree si no ve milagros (Jn. 4:48; 1 Cor. 1:22), pero Dios usa muchos métodos para tratar a los hombres y el más importante es el mensaje de su palabra. No obstante, busquemos en oración y fe la gracia de Dios para que los milagros estén activos en la iglesia.
- Debemos creer a Dios y pedir milagros pero no siempre él se moverá con milagros. Si estudiamos toda la Escritura, no todos los mensajeros de Dios tuvieron un respaldo con milagros registrado en la Biblia, pero ciertamente Dios los llamó y los aprobó, cumpliendo su propósito en ellos e hizo diversos milagros en sus vidas y en su ministerio, así no estén registrados de forma literal.
- Dios no necesita hacer milagros hoy en día; el milagro más importante es el nuevo nacimiento obrado por el Espíritu Santo en la vida del creyente en Cristo.
- Es verdad que el milagro más hermoso y más asombroso que Dios hace es el nuevo nacimiento pero en la Biblia hemos visto que nuestro Dios es hacedor de prodigios y maravillas y él no ha cambiado (Éx. 15:11; Sal. 86:10).

DEFINICIÓN BÍBLICA: El don de milagros es la facultad sobrenatural que Dios otorga a quien lo recibe para realizar eventos sobrenaturales que son atribuidos al poder de Dios porque las leyes naturales son controladas, alteradas o suspendidas (Jos. 10:12-14; 2 Rey. 6:1-7; Mt. 14:25; Jn. 2:9; Hch. 8:39, 40; 9:40, 41).

- Debemos creer que él tiene el poder para hacer cualquier milagro en nosotros y a través de nosotros, en otras personas.
- Dios puede hacer un milagro al instante pero no siempre lo hace ni siempre responde a la oración de forma positiva; él es soberano y tiene el derecho y la facultad para hacer todo lo que quiera, según su sabio propósito. El no depende de la fe ni de la oración de nadie para operar milagros.
- La persona que recibe el don de milagros no puede manipular a Dios y no tiene el poder en sí mismo para producir milagros; cuando la Biblia dice, por ejemplo, que un personaje hizo un milagro (Mt. 7:22; 1 Cor. 12:28) realmente la intención es describir el instrumento que Dios usó para obrar de forma extraordinaria pero nunca el milagro depende del instrumento o es producido por un ser humano; siempre es el poder de Dios.
- Un creyente que recibe este don puede ser usado por Dios en la realización de ciertos milagros pero no siempre en todos los casos (aún en su propia vida).
- A veces, Dios no hace un milagro porque tiene un plan mejor (Éx. 11:9), él puede controlar las circunstancias y permite muchas cosas en contra para enseñar lecciones, para tratar el corazón, para tratar con una familia o con un grupo de personas (Éx. 3:20; 34:10; Dt. 29:3) y para tratar o castigar a creyentes desobedientes (como Jonás). En otras ocasiones, la adversidad proviene de los demonios y Dios así lo permite con un propósito o es producto de un descuido, una conducta irresponsable o un desgaste natural en el plano físico. Así pues, no siempre es la voluntad de Dios el hacer un milagro ni siempre es la voluntad de Dios que estemos en adversidad; oremos a Dios, leamos la Biblia y pidamos dirección.
- En otros casos, la falta de fe y devoción hacia Dios (Mr. 6:1-6), o un pecado, no permiten recibir un milagro, pero este factor no es una regla que siempre se cumpla porque Dios puede obrar aún en medio de la incredulidad, del pecado y de toda situación (Núm. 14:11; Mt. 11:20-24; Sal. 78:32). Los milagros no cambian a nadie pero Dios es bueno y da testimonio a los hombres de su poder y de su amor a pesar de sus iniquidades.
- El consejo para el creyente es que primero ponga su mirada en Dios para que obre a su favor en momentos donde requiere de un milagro divino; sin embargo, esto no descarta nuestro esfuerzo personal, nuestra creatividad para enfrentar problemas y situaciones, el uso y la ayuda de elementos naturales, medios humanos y personas idóneas.